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Mesa Boogie Dual Rectifier Roadster ¿el amplificador definitivo?

mesa-boogie-dual-rectifier-ISPMusicaArrancamos la temporada con buen pie. Seguramente os saciasteis el pasado mes con la Epiphone y el X3 Live, ¿no? Pero, para que una guitarra suene, es necesario un amplificador. ¿A que sí? Pues para no abandonar las buenas costumbres en lo que nos atañe, qué mejor que empezar la nueva temporada en bancos de pruebas con la crème de la crème valvular: Mesa Boogie®.

Y ante nosotros tenemos un modelo tope de gama: Dual Rectifier Roadster, en su versión de combo con dos altavoces de 12”. Un Dual, pero, ¿lo mismo de siempre, o viene rebosante de novedades que nos hagan babear con respecto a lo que estamos acostumbrados? Esta belleza merece que se le dé un repaso y salgamos de dudas, con ahínco, énfasis y un absoluto optimismo. ¡Vamos allá!

Desembalando
Al estar considerando una empresa de amplificadores de boutique, lo primero que salta a la vista son los detalles que se observan fuera del ámbito técnico-funcional del amplificador. En este caso, viene bien cargado: una funda de material sintético e impermeable, tanto para el combo como para la pedalera de control que incluye; ruedas para montar en el ampli, gran cantidad de documentación (una carpeta con la garantía, el manual de usuario, el catálogo actual de la empresa y un adhesivo con el logo de la misma). La inclusión de ruedas desmontables completa el equipo adjunto a nuestro invitado, algo que es de agradecer, considerando sus dimensiones. Por otra parte, el aspecto del amplificador promete como nunca lo había hecho antes otro: tanto en la zona anterior como la posterior veo infinidad de potenciómetros y de conmutadores. Resistente, bien acabado, y un detalle con respecto a los excelentes altavoces V30 Celestion: el recinto es cerrado.

Poniéndolo a punto: Características
Al contemplar el frontal, vemos que contamos con nada menos que cuatro canales, con tres modos posibles para cada uno, seleccionables mediante conmutadores de tres posiciones. Ello nos da un total de… ¡12 sonidos básicos!

A extremos del ecualizador de cuatro bandas (agudos, medios, graves y presencia) están localizados, respectivamente, los controles de volumen de cada canal, así como la ganancia de señal. Más allá de los mencionados controles hallamos un control de salida global de todo el amplificador, así como un potenciómetro identificado como “solo”. Dicho “pote” controla el volumen del solo, activado mediante el pedal adjunto al ampli. Es una característica que he alabado, pues una simple activación del pedal y automáticamente cambiamos el volumen para ejecutar solos.

Por otra parte, se visualizan leds, que se iluminan de acuerdo con el canal elegido, la activación del bucle de efectos y la selección de la opción “mute”, que reduce a cero el volumen con un solo pisotón al pedal correspondiente.

Hablando de leds, cabe destacar el rojo grande que se ilumina cuando activamos el equipo. Y para realizar esto último, procederemos de la forma habitual, como con cualquier otro valvular: encender, esperar a que se calienten las válvulas, y luego conmutar el switch de standby. ¿Diferencia con otros amplis? Resulta que el conmutador de encendido, al ser de tres posiciones, permite dos modos: Spongy y Bold. ¿Qué conseguimos al seleccionar uno u otro? El Spongy supone un menor uso de energía y, por tanto, de una tensión eléctrica menor. Tal modo prolonga la vida de las válvulas (especialmente de las de potencia), y proporciona sonidos que favorecen especialmente los tonos limpios y con distorsión suave. El modo Bold corresponde exactamente al caso contrario: se emplea una tensión máxima que da lugar a una duración de las válvulas más próxima a la estándar (dos años para previo, un año y medio para potencia). Este modo es el que de verdad nos da la caña que necesitamos al subir el volumen para directos, y que nos permitirá distinguirnos de verdad en el escenario, envolviéndolo con nuestro sonido.

¿Suficiente? De ningún modo. La sorpresa de verdad nos la llevamos al dirigir nuestra atención a la parte trasera del Roadster. Tenemos salidas para recintos, a impedancias de 4, 8 y 16 Ohmios; control manual de selección de canal, salidas para pedales de control, independiente de las prestaciones mencionadas (los canales, bucle, efecto reverb, solo, y mute para activar el afinador) –todas ellas emplean true bypass-, entrada/salida para bucle de efectos (true bypass), control del BIAS y, lo que más me ha gustado: la independencia de las prestaciones por canal. Por cada canal podemos elegir la potencia de salida (50 ó 100 W), la activación/desactivación del bucle de efectos, el nivel de efecto reverb y, como no, elegir el tipo de rectificador. Este último caso es obvio, ya que tenemos ante nosotros un Dual Rectifier, en el que podemos elegir diodos o válvulas (en caso de elegir válvulas, se activarán ambas si tenemos el canal configurado a 100 W, y una si se trata de 50 W).

Me ha gustado la manera en que están dispuestas las válvulas. Se hallan protegidas por una red metálica desmontable, con lo cual obtenemos dos ventajas: por una parte, protege adecuadamente el circuito frente a posibles golpes; y por otra, aprovechamos el hecho físico de que el metal absorbe bien el calor desprendido por las válvulas para conocer su temperatura al tacto (nota: jamás debéis tocar una válvula caliente con vuestros dedos).

El circuito consta de seis válvulas de previo modelo 12AX7, cuatro válvulas de potencia 6L6 y dos válvulas 5U4 de rectificador (además del rectificador de estado sólido mencionado, constituido por diodos). Una elección bastante acertada, a mi entender; pero para gustos los colores, y es que es posible que seáis partidarios de un sonido más británico y que, por tanto, tengáis preferencia por unas EL34 como válvulas de la etapa de potencia. Sin problema; un nuevo ajuste del BIAS, conmutando el switch de 6L6 a EL34, y listo.

¿Alguna pega? El peso de este monstruito es mastodóntico, pero es algo de esperar, teniendo en cuenta todo lo que integra. Aparte, los chicos de Mesa han pensado en este dilema y tenemos tres asas preinstaladas en el ampli: una en la cubierta superior y dos laterales para llevar cómodamente el aparato entre dos personas.

No hemos hablado con detalle del pedal, y desde luego, tiene casi todo lo que podría esperarse de un controlador de amplificador en formato pedalera. Nada menos que ocho pedales conmutables: canal 1, canal 2, canal 3, canal 4, bucle de efectos, mute, solo y reverb. Cada canal constará de un registro que almacenará la información sobre las mencionadas prestaciones. He aquí otra muestra que sostiene viva esa filosofía de independencia de configuraciones por cada canal mantenida para este modelo. Por supuesto, dichas configuraciones contemplan un circuito de bypass auténtico al 100%. Lo único que añadiría, para hacer de éste un pedal perfecto a nivel funcional, sería un conmutador de modos por canal.
En lo que respecta a su construcción, se ha empleado aluminio de calidad, y aguanta las condiciones más duras de los directos más salvajes, así como las botas más insistentes.

Sonido
Al fin llegamos a esta sección. Cogemos una Stratocaster para empezar y enchufamos (hay etiquetas por todo el cable recordando las medidas de seguridad que hay que tener en cuenta para un correcto uso del amplificador).

Lo hacemos directamente a la entrada del amplificador, activamos el primer canal en modo “clean”, ecualizamos y, al tocar el primer acorde, percibimos un sonido muy redondo, cálido, definido y, sobre todo, una respuesta sonora totalmente natural. Con esto quiero decir que podemos hacer que nuestra guitarra suene exactamente de acuerdo a la actitud que mantengamos con los dedos. Tal es la definición, que podemos ejecutar armónicos naturales incluso en el cuarto traste.

He aprovechado para probar la reverb. Muy lograda, suave y con buen final, de esas que se notan desde el principio que son 100% naturales. Buena reverberación, sin que se “coma” nuestras notas.

Cambiamos al modo “fat” y los graves se incrementan sustancialmente, dando lugar a un sonido más jazzy, pero no llega a saturar, sino que se mantiene ese equilibrio constante que evita ese zumbido molesto por exceso de graves. Perfecto para blues clásico o jazz.

Ahora viene mi favorito para las guitarras Fender y derivadas de la misma: el modo “tweed”, que provoca ese “twang” tan característico de estas guitarras. Presenta una salida superior, y con variar los parámetros de ecualización y subir la reverb podemos lograr casi todos los sonidos tan brillantes y acampanados que hicieron famosa a esta marca en los 60.

Ahora, en cuanto al segundo canal, los dos primeros modos coinciden con los del canal 1, mientras que el tercer modo, de nombre “brit”, proporciona un sonido que me ha hecho sonreír nada más percibirlo, pues corresponde al clásico rock británico de los 70 (véanse Deep Purple o Pink Floyd, por ejemplo). Eso sí, hay que subir la ganancia de forma considerable para poder notar un poco más de salida, pero basta con que toquemos de forma más contundente.

Estos dos primeros canales, a 100 W y combinados con el modo de rectificación por válvula (rect-o-tracking), y el modo de tensión Spongy, han constituido mi cocktail preferido.

Ahora pasamos a los canales de guerra. Para empezar, el primer modo del tercero (“raw”) muestra ese sonido rockero americano, tan típico de los estados sureños (véase ZZ Top), y que me ha recordado al clásico Plexi. Un sonido rico, brillante, y crujiente. Se distingue bien del siguiente modo (“vintage”), que alude al sonido metalero de la vieja escuela de los 80 (véase Randy Rhoads). Más medios y graves equilibrados, con un punto brillante, que hacen de este modo mi favorito a la hora de ejecutar solos. Aquí empieza a notarse más la influencia de los clásicos Dual Rectifier de Mesa.

Y ahora, el modo más cañero: “modern”. Con un contenido en graves, presencia, densidad y sustain mayores, alberga el espíritu verdadero del New Metal. No he podido evitar subir la ganancia (eso sí, no se debe subir al máximo, ya que puede deteriorar las válvulas con más celeridad), reducir los medios, subir los agudos, graves y presencia, y desde luego, conmutar a rectificación por diodo, que resulta en un sonido más duro. La quintaesencia del metal moderno, sin lugar a dudas.

En lo que respecta al cuarto canal, decir que es una copia del tercero, sólo que alberga algo más de presencia y ganancia, ya que se trata del canal más orientado al metal y estilos extremos derivados del mismo. Lo cierto es que aquí me he sentido especialmente atraído por el modo “modern”. No obstante, la versatilidad se hace hueco aquí también, pues jugando con la ecualización, reduciendo la ganancia y conmutando a modo rect-o-tracking, se pueden conseguir sonidos tremendamente atractivos y orientados a más estilos, incluso en este canal, lo que me ha llevado al delirio de la versatilidad, y a experimentar, hasta tal punto que aún me falta tiempo para exprimirlo del todo.

En estos dos canales, en cuanto al enfoque (rock, metal), he considerado más atractivas las configuraciones a 50 W –a fin de poder incrementar el volumen, ya que se trata de distorsión-, con diodo como elemento rectificador, y la reverb baja en el caso del modo “modern”, y a mitad en el caso vintage, ya que los solos ganan más con algo de reverb.

Por último, comentar que, aunque la repetición de modos lleve a pensar que se podrían haber incluido otros, lo cierto es que resulta útil, ya que es posible que queramos emplear en dos canales dos modos que, en principio, están asociados al mismo canal, lo cual mediante esta pedalera sólo es posible así.

Ejecución en directo
He podido permitirme emplearlo en directo, y el resultado ha sido, sencillamente, sensacional. Aquí es donde realmente se saca la esencia de este amplificador. Sonido puro, sin distorsiones indeseadas, con una potencia y volúmenes que en bolos de tamaño mediano hacen cuestionable si realmente es necesario microfonearlo. Es potente hasta tal punto que no he podido subir la salida general del amplificador más allá del 4 sobre 10, porque de lo contrario hubiera solapado al resto de los músicos. Un verdadero cañonazo, apoyado sobre unos altavoces inmejorables en este tipo de amplis tan “tralleros”.

¿Qué tiene Mesa Boogie? ¿Cómo lo hace?
Seguramente pensaréis que esta sección debería estar localizada al principio del artículo. Sin embargo, he dejado que, tras las maravillas leídas, os hayáis hecho preguntas del tipo “¿cómo es posible?”. Pues bien, he aquí respuestas para todo.

a) MATERIALES Y CONSTRUCCIÓN
Uno de los elementos más importantes en la construcción de los amplificadores de válvulas son los transformadores de entrada y salida. En parte, la razón del elevado precio de un buen valvular se debe a esto, ya que un error en la fabricación y calibración de transformadores resultará, a la larga, en fallos y deterioro del sonido.

Por otra parte, el chasis está fabricado con aluminio aeronáutico, un material excelente que mantendrá el ampli blindado frente a las duras condiciones de los directos.

En cuanto a la construcción, están montados manualmente por profesionales muy cualificados, de modo que cada Mesa, durante su manufactura, tiene que pasar por las manos de varios especialistas de cada área (chasis, cableado, montaje de válvulas, etc). De todo ello dan fe dichos técnicos, en la documentación adjunta.

b) VÁLVULAS
Mesa Boogie es uno de los pocos fabricantes de amplis valvulares que también inspeccionan válvulas y las etiquetan como “Mesa Engineering”. Ellos, como cualquier otra empresa inspectora (Sovtek, Svetlana…), compran las válvulas a un proveedor de material aeroespacial y las someten a un riguroso proceso de comprobación; la criba hace que se desechen más del 50% de las válvulas. Son analizadas con los ordenadores y, posteriormente, se someten a una prueba “de carretera”, es decir, a extremas condiciones propias de la vida en carretera. Con ello, pretenden asegurarse de que, además de funcionar plenamente, las válvulas se mantengan intactas en el amplificador mientras son transportadas (resistencia a baches en carretera, cambios de temperatura, etc).

c) TESTS
Tras colocar el último tornillo en el ampli, cada Mesa es sometido a pruebas, como verificar que es capaz de rendir a volúmenes muy elevados, sin distorsionar, test de resistencia en altavoces, comprobación de la temperatura de calentamiento valvular, etc. Un error aquí, y vuelta a empezar. Ello significa que, para evitar que suceda tal problema, los técnicos deben ser extremadamente cuidadosos y deben aplicar procesos lentos de fabricación y pruebas. Ello justifica, pues, el elevado precio de los equipos.

Conclusión
Pocos amplificadores a válvulas me han dado la seguridad que ha logrado este pequeño. Un todoterreno que sobresale en todos los aspectos (sin tener en cuenta el precio; elevado, pero justificado). Eso sí, aunque es sólido como un tanque, no deja de ser un valvular, lo que conlleva a que sea obligatorio un uso cuidadoso de él.

Un consejo: lo más sabio nada más adquirir un valvular es haceros con un SAI. Doy por hecho que sabéis qué es, pero por si acaso, allá va: se trata de un dispositivo que proporciona corriente a uno o más dispositivos a partir de una batería interna. El tiempo que dure el suministro de corriente depende de la potencia que proporcione, del número de dispositivos conectados a él y de la potencia consumida por éstos. Conozco a más de uno que ha visto sus válvulas de potencia fuera de combate por culpa de un apagón a mitad de concierto, lo que desemboca en una desactivación inadecuada para el equipo; tanto es que, como mínimo, las válvulas de potencia explotan y, en un extremo, se pueden deteriorar piezas clave de vuestro ampli. Considerando lo que suelen costar, incluso en el mejor caso (50 € por válvula de potencia, instalación aparte), lo cierto es que el tema de la seguridad es para tomárselo en serio.

¿Y qué más puede decirse del Roadster? Uno de los amplificadores valvulares más versátiles que pueden encontrarse hoy día, con limpios clarísimos y redondos, con distorsiones naturales, independencia de trabajo absoluta por canal (potencia, loop de efectos, reverb y selector de rectificador), gran potencia y recinto cerrado cargado con dos V30. Creo que está pensado especialmente para músicos dedicados al rock y derivados especialmente, pero su versatilidad lo hace extensible a más estilos.

Lo cierto es que algo sí que me molesta en cuanto a la política comercial, y es que los precios que Mesa/Boogie establece para Europa son un tanto superiores a los estipulados para el mercado local.

En este caso hablamos de 2.820 €. Está claro que no se trata de un precio en el que intentar escatimar; es una gama hacia la cual vamos con las cosas claras, y pagamos una suma elevada a cambio de que nos den todo lo que pedimos y más. Esta es de las ocasiones en las que el más mínimo error es imperdonable, pero desde luego, Mesa Boogie se ha encargado de hacer que cada céntimo invertido en este amplificador valga la pena. Para que os hagáis una idea, grandes como John Petrucci emplean el Mesa Boogie Road King, que viene a ser el Roadster con opciones añadidas en la circuitería de la etapa, a fin de combinar distintos modelos de válvulas de potencia. Eso sí, el previo es idéntico en ambos modelos. Obviamente, músicos de ese nivel no elegirían un previo corriente, así que… haceros a la idea de que éste es un equipo para toda la vida, a prueba de carreteras eternas.

¿El amplificador definitivo? Creo que la única forma de que obtengáis la respuesta se basa en lo que voy a hacer ahora mismo yo: enchufarlo y tocar.

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