Peavey Cirrus BXP. ¡Feliz modelo al 40º aniversario!

En 1965 Peavey irrumpió con fuerza en las tiendas de instrumentos musicales al lograr ofrecer unos poderosos amplificadores a válvulas que fueron muy estimados primero por los guitarristas y pronto por los que asimismo usaban bajos eléctricos. Unos años más tarde, lanzaron su sofisticado modelo de 120 Vatios RMS. Con él, el músico se sentía poderoso sobre el escenario. Usado, por ejemplo, con la guitarra eléctrica, nacía una aterciopelada "distorsión controlada" con "mucho mando" y personalidad.

Ese tipo de sonido se convirtió en exigencia para muchos músicos pues les inspiraba nuevos estilos creativos, especialmente ejecutando renovadas habilidades cercanas al rock y la improvisación más puntera. Otras marcas intentaron imitarlo pero sólo pocas lo consiguieron tal y como lo hacía Peavey, que desde entonces alcanzó una estimable fama por todo el mundo.

Hoy fabrican muchos más productos y desde muchos otros lugares del planeta. Además de sensacionales amplificadores con geniales acabados, disponen de muchos modelos de guitarras eléctricas, contrabajos, elementos de percusión y de teclados y, por supuesto, un colosal muestrario de efectos varios para rematar y "colorear" con más precisión los sonidos del músico electrónico. Mezcladores, micrófonos, altavoces y muchos más componentes, lucen también con orgullo el anagrama de Peavey.

Divide sus modelos de bajo en diferentes series
Sería muy largo este texto si tuviera que referirme a todos los productos buenos que ofrece esta compañía y por eso aquí vamos a ceñirnos al modelo de Peavey que hoy ha caído en mis manos, esta vez fabricado en Indonesia pero bajo idéntica supervisión y con las mismas cualidades que tendría un instrumento similar nacido en una factoría de Norteamérica. Ya entendemos que, al haber sido manufacturado en otro país, podemos permitirnos conseguirlo a costes más accesibles.
Los productos Peavey, con diferentes modelos para distintos gustos, están clasificados en series. Junto a la "Cirrus" ofrecen otras como la "Grind Bass" (con modelos de cuatro, cinco y seis cuerdas) o la serie "Milestone", que se parece más a los modelos que empezó a fabricar Fender y que acabaron convirtiendose en "un clásico", aunque ahora Peavey les ha dado su toque personal. Destaca, asimismo, la serie "Millenium" y sus variantes, bien en cuatro o en cinco cuerdas.

Cirrus BXP de cinco cuerdas
Disponible también con las típicas cuatro cuerdas, el modelo que hoy tengo la suerte de admirar entre mis manos tiene cinco. En primer lugar, sabemos que la afinación de un contrabajo de cuatro cuerdas, empezando desde la "prima" o primera cuerda, será: sol-re-la-mi. Pues bien, esta nueva cuerda, situada debajo de la cuarta y que de este modo se convierte en el bordón de esta guitarra-bajo, da como nota extrema el "si", lo que viene a ser muy útil para muchos estilos musicales de cierto "peso instrumental", por ejemplo, para el funk o en la jazz-fusión, incluso para obtener más fuerza en el rock u otros estilos musicales similares. Por ello, al poseer una cuerda más, lógicamente el mástil deberá ser un poco más ancho que en los de cuatro. Sin embargo, en este modelo, Peavey ha puesto extremo cuidado en que no notemos tanto la diferencia de anchura quienes estamos más acostumbrados a usar los modelos de cuatro cuerdas. La decisión de usar uno u otro tipo de instrumento es realmente muy personal y cosa de hábito. Es muy fácil moverse con este modelo cuyo diseño además se adapta muy cómodamente al cuerpo y facilita el deslizamiento de nuestra palma por detrás del mástil (su diseño es el normalizado al largo en escala de 35") con un muy cómodo acceso a sus veinticuatro trastes.

Estéticamente, el Cirrus BXP de cinco cuerdas es impecable. Tiene un acabado en un elegante color "madera tabaco", peso moderado y muy bien equilibrado. Sobre su cuerpo aparecen los cinco mandos giratorios, el puente, las dos pastillas y las llaves afinadoras (en la pala afinadora al otro extremo del mástil) en sugestivo color negro satinado también con un aspecto sobrio. Sin duda, a primera vista es muy atractivo y apetecible de usar.

Impecable construcción
La serie Cirrus data de 1998, por lo que puede considerarse bastante nueva, teniendo en cuenta todos los modelos de ésta y otras marcas que ya la precedieron.

Desde luego, este instrumento sí parece aportar elementos nuevos en su excelente diseño. Está fabricado a mano con maderas exóticas, de notable suavidad y transmite la sensación, cuando lo acariciamos, de que nos está invitando a tratarlo con mimo.

De los cinco potenciómetros o mandos giratorios situados sobre su cuerpo, con tres controlaremos por separado su ecualizador a tres bandas de graves-medios-agudos, cosa que, por ejemplo, en modelos anteriores a éste no era habitual de encontrar tan diferenciado en su ajuste o con tanta precisión. Otro de los potenciómetros atiende al volumen general entregado por el instrumento (que normalmente lo usaremos en su posición de "máximo") y finalmente el quinto define desde cuáles de las dos pastillas (o en qué proporción entre ambas) queremos obtener la señal hacia el exterior, pues sabemos que la pastilla más cercana al mástil genera un sonido con más graves y las más extrema con una "mayor definición" o "atacada".

Cada uno de esos cinco potenciómetros tiene su correspondiente punto de fijación en su posición central, que es extremadamente sensible al tacto, lo que es práctico y hace innecesario escribir sobre su carcasa numeritos o gráficos que, a la hora de la verdad, casi nadie puede ver mientras esté tocando la guitarra.
Si damos la vuelta a la guitarra, por detrás del cuerpo vemos dos placas atornilladas que generalmente no abriremos casi nunca. Bajo la más pequeña, se esconden dos pilas de petaca o de 9 voltios que proporcionan al instrumento una salida de baja impedancia (18 voltios), otra novedad respecto a la mayoría de las guitarras con circuito activo, que no suelen llevar más que una de este tipo de pilas. Si desatornillamos la segunda placa, de mayor tamaño, contemplamos la parte trasera de los cinco potenciómetros con todos sus cables entrelazados y perfectamente soldados (fáciles de reponer cuando fuera necesario) y unidos a su ecualizador electrónico especial de tres bandas, así como a otro mini-circuito electrónico de especial diseño Peavey que prepara la señal para entregarla hacia la línea de salida en sus mejores condiciones.

Echo en falta un dispositivo para anular, si se deseara, la acción de su circuito activo; claro que tampoco sé que ganaríamos si lo anuláramos porque quizá entonces sí que perderíamos otras cosas... Pero también echo de menos que no exista un indicador de agotamiento de las pilas que, aunque durarán muchísimas horas y hasta muchísimos días, no sabremos exactamente cuándo renovarlas (seguro que ambas a la vez). Imagino que con el tiempo notaríamos que el instrumento "pierde fuerza" y eso nos daría una pista para pensar en la posible sustitución de sus baterías.

Lo someto al analizador de frecuencias
Como es habitual en mis prácticas, para este tipo de bancos de pruebas he realizado un análisis particular de la señal electrónica que entrega este instrumento una vez que he situado sus tres potenciómetros de ecualización más el de volumen general a su máxima ganancia y el potenciómetro que regula la acción de ambas pastillas fonocaptoras en su posición intermedia, es decir, recogiendo la señal desde las cuerdas por su inducción sobre esas dos pastillas, en una proporción media o similar. No se trata de una ganancia entregada en el "volumen de la señal" sino en su forma y con respecto a la amplitud de las frecuencias de cada una de las cuerdas separadamente así como con relación al conjunto de las cinco, e igualmente visionando los puntos del espectro donde más destacan. Es como cuando tiramos a una diana, no se trata de dar siempre en el centro, sino que probando "el arma" suele ser más eficaz aquélla con la que conseguimos tener mayormente reunidos los disparos sobre una misma zona. En todo caso, ésta es una prueba "de media global", que aún podríamos realizar de forma más minuciosa, obtenida al introducir la señal desde la guitarra-bajo hacia el analizador de frecuencias y al tiempo pulsando "al aire" cada una de sus cinco cuerdas.

En definitiva, con esta prueba observo un excelente comportamiento para la totalidad de las cinco cuerdas ya que, tanto para la prima como para el bordón, se equilibran muchísimo "sus extremos", es decir, que las cinco tienen un buen comportamiento tanto en graves como en agudos, cuando normalmente la cuerda más fina suele estar más recortada de graves y la más gruesa de agudos (como "es natural..."). Es aquí donde se comprueba la efectividad real del ecualizador que las compensa de tal situación. Asimismo, todas las cuerdas crecen de una manera bastante similar en torno a los 400 Hz, lo que se identifica con mas precisión como el resultado del sonido que sale de un instrumento musical cuyas partituras están escritas en clave de FA: el contrabajo. Me parece un comportamiento excelente en este desahogado espectro en el que naturalmente también influirá mucho el tipo de cuerdas que tengamos instaladas y que en este caso son las que vienen de fábrica (que me parecen brillantes y agradables en su tacto).
En mi prueba, sólo se nota una ligera caída entorno a los 400 Hz para la cuarta cuerda, sin la más mínima importancia para el global de mi análisis. Incluso la amplitud en graves de la cuerda primera o "prima" es impresionante, y lo mejor de todo es el comportamiento individual, que resulta bastante similar para todo el conjunto de las cinco cuerdas.

Mi impresión en general
Tiene un aspecto sobrio y sólido, excelente al tacto, peso muy equilibrado y un magnífico acomodo al cuerpo del músico. Parece un instrumento serio y sin excesos, incluso sin serigrafías adicionales ni cartelitos sobre el cuerpo, que en la práctica no son necesarios fuera de las vitrinas de los escaparates ya que cuando estés tocando con él, lo que realmente necesitas es controlarlo a través del tacto y el oído y eso aquí se logra plenamente (notable al tacto el punto de fijación central en la posición de todos sus potenciómetros).

Sus dos pastillas son totalmente cerradas, ajustadas de fábrica e inamovibles. Muchas veces, al reajustar pastillas que sí pueden ser manipuladas, se suele "meter la pata" con suma facilidad, dejando "cojas" las señales que provienen de alguna de sus cuerdas. Aquí nos olvidamos para siempre de ese problema.

No se aprecia un zumbido en la señal entregada por la guitarra en su salida de línea; creo que es acertado enviarlo a 18 voltios, con lo que se logra una mejor holgura electrónica.

En su estética y eficacia como instrumento, se nota que prescinde de lo superfluo en favor de lo más deseable, tras una larga experiencia práctica entre músicos. De algo le ha valido a este modelo el ser rediseñado mucho después de tantos otros y de las marcas tan diferentes que le han precedido.

Las llaves de afinación tienen una torsión y un tacto muy cómodos. Reponer una cuerda en este instrumento es un juego de niños pues entre otras cosas, me parece "por fin más que razonable" que en el extremo del entorchado "se empiece a enhebrar la cuerda" desde la parte trasera del cuerpo y sin tener que ir "buscando" el final del puente, lo que podría ser "un rollo", por ejemplo, sobre un escenario.

El diseño del puente es eficaz y ajustable pero, si se desean hacer cambios (no sé si es necesario), se precisa de un espacio minucioso sobre una mesa, sin posibilidad de improvisar como pueda ocurrir en otros modelos.

Su mástil, que alberga cinco cuerdas, no resulta en absoluto incómodo para el bajista acostumbrado al de cuatro cuerdas porque lo han "adelgazado" por detrás y se abarca con facilidad, adquiriendo con esa cuerda extra cinco semitonos más por debajo del "MI" (que es el bordón en los de cinco cuerdas).

Es un instrumento que tiene ampliamente todo lo que realmente se necesita en un bajo a la que naturalmente se le pueden adherir multitud de "chorradas" (efectos, lucecitas...), pero en cualquier caso si se deseara todo eso... mejor por fuera.