Apenas empecé a leer y escribir mi madre me puso a estudiar guitarra. Como todo al principio la odié pero poco a poco empecé a tomarle cariño y cuando aprendí algunas canciones de moda, me dí cuenta que era una gran aliada, dada mi gran timidez (que aún conservo), ella hablaba y se comunicaba por mi y empecé a amarla cuando las chicas del colegio me decían ey Cuqui hoy nos vamos a reunir en casa de fulana, porqué no vienes y traes la guitarra. Es así, sin la guitarra era poca cosa, no me hubieran hecho esas invitaciones que tanto disfruté.
El tiempo pasó, tocaba en bandas, recorríamos el país con un grupo que estuvo muy de moda, conocí muchísima gente y muchos músicos y gracias a mi guitarra me animé con la chica de mis sueños, pero eso ya es otra historia.
Me acompañó en largas noches, en momentos de tristeza y en momentos de alegría. Me permitió expresarme. Un día ví un documental donde un barco ballenero hacía matanzas de ballenas y el documental mostraba a un delfín que había caído en la redada. Mientras mostraban al delfín, agonizando, también mostraban en el mar al pequeño crío que sin entender nada, buscaba a su madre. Fue tal la profunda tristeza que tomé mi guitarra y escribí una canción “Historia de un delfín”. Esta canción me permitió viajar a México (Cancún) donde ganamos el Festival, digo ganamos porque la interpretó un excelente cantante compatriota (algún día la colgaré por si quieren escucharla). No quiero aburrirlos, pero las anécdotas serían interminables. Hace poco, sufrí un golpe duro de la vida y quien creen que me sacó a flote, ella, si, mi guitarra. Y para no hacerla tan larga una de las cosas importantes que me permitió, que es estar hoy aquí y poder comunicarme con ustedes. Me encantaría escuchar sus historias con la guitarra, de seguro cada uno tiene la suya.