Con motivo del lanzamiento del último disco recopilatorio de los temas más legendarios del, sin duda, personal guitarrista Mark Knopfler, decidimos realizar un banco de pruebas a una de las guitarras predilectas del mismo. Mark se acercó a Fender® y les pidió que crearan un instrumento que recreara los sonidos de sus Stratocasters® tradicionales favoritas. Tras este paso, la compañía decidió editar este modelo en su serie Artist Series con el nombre Mark Knopler Stratocaster®, objeto de nuestro banco de pruebas de hoy.
Cuando Leo Fender diseñó sus primeros modelos consiguió crear la guitarra del futuro, tras varias décadas y de forma sorprendente. Hoy en día, esas creaciones siguen siendo la punta del iceberg en cuanto a guitarras se refiere y se posicionan como unas de las mejores guitarras eléctricas del mundo.

Parece que el nombre Fender® impone. Los que empiezan tienen en la cabeza que esta marca es el boom total en guitarras sin saber exactamente por qué. Existe una fiebre por marca que hace en muchos casos que los guitarristas sueñen con su primera Fender® aún sin haber tocado nunca con ellas. Pues bien, he de confesar que esa fama es merecida en casi muchso casos. Cuando tocas con gama media alta en instrumentos de la compañía sientes un poder de expresión, equilibrio, cuerpo y ataque absolutamente extraordinario. Además de procurar un sonido realmente legendario, el instrumento te brinda más herramientas de expresión pues es capaz de emitir muchos matices realzando nuestros medios para comunicar a la hora de hacer un pase.
Cuando oyes a Mark con estas guitarras, reconoces a la perfección el característico sonido Fender® y lo cierto es que, bajo mi punto de vista, le saca un excepcional partido. Sus solos limpios o mínimamente saturados recorren una enorme variedad de recursos que esta guitarra nos brinda, tanto en agudos, forzamientos, "tirones" de cuerdas y ataque, poder equilibrado de los graves con extrema definición, etc.
Construcción y acabado
En cuanto al diseño, en este caso no tenemos que comernos la cabeza pues se trata del archiconocido aspecto de las Strato de toda la vida. El cuerpo está fabricado en fresno (de la 57 Strat), mástil del 62 con tinte en arce y diapasón de 21 trastes medium jumbo de palo rosa. ¿Qué decir ante los materiales de construcción? Que nos parecen perfectos.
La guitarra llegó a mis manos en un estuche rectangular color marrón claro y con herrajes dorados. Ya daba ese aspecto de "pedazo guitarra lleva ése ahí dentro". Tras haber estado tocando con otros instrumentos detecté un aumento de peso al tomar esta Stratocaster®, lo cual no me disgustó en absoluto. Desde ese momento, me dio la impresión de guitarra robusta. Confieso que han pasado por mis manos una buena cantidad de instrumentos ligeros, pero con aspecto (no siempre) endeble y delicado. Por tanto, al apreciar esta solidez lo que sentí fue agrado. Enchufé el instrumento al ampli y realicé los primeros pases. El recorrido por el mástil proporciona seguridad y confianza, tanto por la afinación / octavación como por la buena disposición de las cuerdas sobre el diapasón.
Los acabados son los tradicionales y originales de la compañía, rematados en un aspecto legendario y firme. Poco más tengo que añadir a este apartado, salvando que me sentí perfectamente cómodo tocando esta guitarra.
Puente y clavijero
Con respecto al puente, me resultó especialmente apropiada la incorporación de un sistema trémolo, concretamente el Trémolo Sincronizado de American Vintage. Hace para mí que la guitarra sea completa y versátil pues podemos realizar sobre ella muy diferentes técnicas y, por tanto, aprovechar su excelente sonido en muy diferentes contextos. El sistema es flexible, sensible y con un buen retorno a la posición original, pasa con nota cualquier prueba a la que la sometas.
En referencia al clavijero, nos encontramos llaves de afinación tradicionales Fender/Gotoh (Vintage Style Tuning Machines), pequeñas, discretas y muy efectivas. Sumando ahora los comentarios del sistema de sujeción de cuerdas (puente y clavijero) a los realizados en construcción, concluimos en un perfecto equilibrio y estabilidad de afinación.
Dispones del control de volumen y dos potenciómetros de tono, el primero que actúa sobre la pastilla del mástil y el segundo que actúa sobre la pastilla central. Con el selector al estilo Fender® de cinco posiciones, recorres las siguientes configuraciones:
Posición 1. Pastilla del puente.
Posición 2. Pastilla del puente y central.
Posición 3. Pastilla central
Posición 4. Pastilla central y pastilla mástil
Posición 5. Pastilla mástil
Uno de mis sonidos preferidos es el conseguido en la posición 5, con la intervención de la pastilla del mástil. Aunque lógicamente, depende del fin y la intención.
Vayamos ahora con las pastillas y el sonido
Es indudable que el sonido espeso y gordo de las Humbucker dispuestas en algunas guitarras de la competencia (ya sabéis a qué marca me refiero), tienen un inconfundible cuerpo entre los pesos pesados pero, aunque esto va en gustos y estilos, esta definición y estridencia de las single coil en Fender® y que se ven además arropadas por un cuerpo contundente, brinda un elenco de posibilidades completamente diferentes y para algunos, entre los que me incluyo, más ricas.
El modelo Mark Knopfler viene configurado con tres pastillas Strat Texas Special, las cuales regalan un inconfundible tono y sabor en el sonido del instrumento. Personalmente me encanta este sonido por lo que os he ido describiendo anteriormente. Cuando recorres la zona de graves escuchas contundencia pero en un sonido perfectamente definido. Me encanta el punto que consigues, por ejemplo, cuando estás haciendo un solo en agudos y vas volviéndote loco, añadiendo energía y llegas al bordón. La adrenalina grave va en crescendo y sientes el latir de tu pulso más acelerado; sonidos contundentes y sólidos.
Con respecto a los agudos, está claro que la gama de colores es afilada. Estaba pensando en cómo trasmitiros con palabras ese sonido tan peculiar. Si realizas una frase en las tres primeras cuerdas (Mi, Si, Sol) conjugas la estridencia del agudo pero no pierdes cuerpo. Sonidos muy definidos y que fácilmente puedes hacer pasar del susurro al ataque. También me resulta poderoso el sonido que consigues cuando pasas tu púa (mejor dedo) por debajo de la cuerda y la pellizcas ligeramente. Como resultado obtienes los sonidos de cualquier guitarra, más una suma de pequeños (o no tan pequeños) matices que agrandan tus posibilidades expresivas, como ya he comentado anteriormente.
Conclusiones
Podría resumir las conclusiones en "vaya pedazo de guitarra". Salvando el precio, que duele, no encuentro absolutamente ningún pero a este instrumento. Me parece monstruoso, rotundo, perfecto. Lo cierto es que muchos de los guitarristas que tenemos predilección por alguna guitarra Fender® (aunque la tengamos también por alguna otra), vamos pasando a lo largo de nuestra trayectoria por diferentes modelos, generalmente de lo económico a lo aplastante en la medida de lo posible. Al hilo de esto, os confieso que existe una notable diferencia entre los modelos coreanos más sencillos y los pesos pesados. No comento esto para desanimar al personal, ni para menospreciar las estrategias comerciales de la compañía, puesto que para muchos una guitarra de 2.204 € es un objetivo difícil y parece necesario que existan alternativas más económicas. Ahora bien, si estas tocando con una coreana económica y pillas ésta alucinarás en colores.