La formación del músico profesional contempla el desarrollo de diversas habilidades y conocimientos musicales. Hace ya tiempo que en distintos países se han ido añadiendo a los contenidos habituales de las escuelas de música moderna otras materias que podríamos denominar extramusicales, como el trabajo corporal específico para músicos, la educación de hábitos saludables para prevenir dolores y lesiones, la expresión corporal, el arte dramático, etc.
La actividad musical es una tarea realmente exigente, ya que nos demanda afrontar situaciones con problemas e inconvenientes (grabaciones, conciertos, clinics, audiciones, etc.) que nos exigen una grandísima fuerza interior y un gran conocimiento de nosotros mismos, sin el cual sería muy difícil alcanzar la propia identidad y la plena realización musical.
Aunque disfrutemos mucho con lo que hacemos, necesitamos el reconocimiento profesional de los demás para afianzar nuestros valores, por eso siempre buscamos la aprobación por parte del colectivo de músicos. Ese reconocimiento es muy difícil de conseguir. Tenemos que tener muy clara la diferencia entre lo que en realidad somos y lo que creemos que somos o queremos ser. De este desdoblamiento, del que todos somos más o menos conscientes, nace la autoestima, que podemos definir como la percepción valorativa que tenemos de nosotros mismos, de nuestra manera de ser, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran la propia personalidad. Es la valoración que cada persona hace de sí misma, y ésta puede ser tanto positiva como negativa.
Me atrevería a decir que el nivel de autoestima es el responsable de muchos éxitos y fracasos, no sólo en el ámbito musical, sino en todos los ámbitos de nuestra vida. Una elevada autoestima, vinculada a un concepto positivo de sí mismo, potenciará la capacidad de la persona para desarrollar al máximo sus habilidades y, además, aumentará el nivel de seguridad personal. Por el contrario, un nivel bajo de autoestima enfocará a la persona hacia la derrota y el fracaso. La autoestima es importante porque es nuestra manera de percibirnos y de valorarnos: moldea nuestras vidas. Cuanto más positiva sea nuestra autoestima, más preparados estaremos para afrontar las adversidades, más posibilidades tendremos de ser creativos en nuestro trabajo, más oportunidades encontraremos de entablar relaciones enriquecedoras, más inclinados a tratar con respeto a los demás. Lo realmente importante es conseguir el equilibrio entre nuestra realidad y nuestra idealidad, es decir, entre lo que soy y lo que me gustaría ser. El sueño de nuestra vida, nuestro proyecto de crecimiento humano y profesional es un recorrido que debemos hacer por etapas. Y es muy importante que seamos realistas, que sepamos discernir bien cuáles son los objetivos para cada una de ellas, proponiéndonos justo lo que podemos alcanzar en cada momento y no más. El ideal al que aspiramos no se puede alcanzar en una sola decisión, por muy trascendental que ésta sea. Nadie puede dejar de pensar en sí mismo y dejar de evaluarse constantemente. Todos desarrollamos una autoestima positiva o negativa, alta o baja. Pero es conveniente desarrollarla de la manera más realista posible, de modo que nos permita descubrir lo que realmente podemos ser y hacer en cada momento. Infravalorarnos o, por el contrario, sobrevalorarnos hará que seamos presa fácil de la inseguridad o de la autosuficiencia, por lo que estaremos imposibilitados para emprender nuevos y arriesgados proyectos.
La autoestima deficiente
Actitudes o posturas habituales que indican autoestima deficiente:
- Autocrítica rigorista y desmesurada que nos mantiene en un estado de insatisfacción constante.
- Hipersensibilidad a la crítica. A veces nos sentimos exageradamente atacados, heridos por los comentarios de nuestros compañeros. Echamos la culpa de los fracasos a los demás o a la situación. Cultivamos resentimientos pertinaces contra nuestros críticos.
- Indecisión crónica, no por falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarnos.
- Deseo innecesario de complacer, por el que no somos capaces de decir NO, por miedo a desagradar, a perder la buena opinión de los demás.
- Perfeccionismo, autoexigencia esclavista que nos conduce a un desmoronamiento interior cuando las cosas no nos salen con la perfección exigida.
- Culpabilidad neurótica. Exageramos la magnitud de los errores, sin llegar a perdonarnos nunca por completo.
- Hostilidad flotante propia del supercrítico a quien todo le sienta mal, todo le disgusta, todo le decepciona, nada le satisface.
Formas de mejorar la autoestima
La autoestima puede ser cambiada y mejorada. Podemos hacer varias cosas para mejorarla:
- Convertir lo negativo en positivo. Nunca podemos perder las ganas de pensar en positivo. Debemos dar la vuelta a todo lo que parece mal o que no tiene solución.
- No generalizar a partir de experiencias negativas que podamos haber tenido. Debemos aceptar que podemos haber tenido fallos, pero esto no quiere decir que en general, y en todos los aspectos de nuestra vida, seamos desastrosos.
- Centrarnos en lo positivo. Todos tenemos algo bueno de lo cual podemos sentirnos orgullosos; debemos apreciarlo y tenerlo en cuenta cuando nos evaluemos a nosotros mismos.
- Hacernos conscientes de los logros o éxitos. Todos debemos reconocer en nosotros la capacidad de hacer cosas bien en determinados ámbitos de nuestra vida y que debemos esforzarnos por lograr los éxitos que deseamos para el futuro.
- No compararse. Todas las personas somos diferentes, todas tenemos cualidades positivas y negativas. Aunque nos veamos peores que otros en algunas cuestiones, seguramente seamos mejores en otras; por tanto, no tiene sentido que nos comparemos ni que nos sintamos inferiores a otras personas.
- Confiar en nosotros mismos. Actuar siempre de acuerdo a lo que pensamos y sentimos, sin preocuparse excesivamente por la aprobación de los demás.
- Aceptarnos a nosotros mismos, con nuestras cualidades y defectos. Somos personas importantes y valiosas.
- Esforzarnos para mejorar. Una buena forma de mejorar la autoestima es tratar de superarnos en aquellos aspectos de nosotros mismos con los que no estemos satisfechos. Para ello, es útil que identifiquemos qué es lo que nos gustaría cambiar de nosotros mismos o qué nos gustaría lograr. Luego debemos establecer metas a conseguir y esforzarnos por llevar a cabo esos cambios.
Elaborar proyectos de superación personal
Una parte importante de nuestra autoestima viene determinada por el balance entre nuestros éxitos y fracasos. Lograr lo que deseamos y ver satisfechas nuestras necesidades proporcionan emociones positivas e incrementan la autoestima.
Antes hemos apuntado como una forma de mejorar la autoestima el esforzarnos para cambiar las cosas que no nos gustan de nosotros mismos. El método que vamos a utilizar consta de cuatro pasos fundamentales:
1.- Plantearse una meta clara y concreta.
Una meta puede ser cualquier cosa que se desee hacer o conseguir. Plantearse una meta de forma clara y concreta ayuda a tener éxito porque nos ayuda a identificar lo que queremos conseguir. La meta que nos propongamos ha de reunir una serie de requisitos. Debe ser una meta:
- Sincera, algo que realmente queramos hacer o deseemos alcanzar.
- Personal, que no venga impuesto por alguien desde fuera.
- Realista, que se pueda conseguir en un plazo relativamente corto de tiempo.
- Divisible, que se puedan determinar los pasos o cosas que hemos de hacer para conseguirla.
- Medible, que podamos comprobar lo que hemos logrado y lo que nos falta para alcanzar.
Ejemplos: obtener una buena nota en una audición, realizar una buena grabación, ser más popular, más reconocido, ganar más dinero.
2.- Establecer las tareas que se deben realizar para lograrla.
Una vez que hayamos concretado la meta que deseamos alcanzar, debemos reflexionar sobre qué hacer para conseguirla. No todo se consigue en un día; para mejorar, la clave es el trabajo constante y diario.
3.- Organizar las tareas en el orden a realizar.
Si se intentan llevar a cabo todas las tareas al mismo tiempo, es muy probable que no se consiga nada. Para lograr una meta es muy interesante que se ordenen las tareas que se deben realizar y se establezca un plan de trabajo. El orden de las tareas se puede establecer de forma lógica, según la secuencia temporal en las que se tengan que realizar. En el caso de que las tareas no necesiten una secuencia temporal, se puede empezar por las tareas más sencillas y que requieren menos esfuerzo, dejando para el final las más difíciles o costosas.
4.- Ponerlas en marcha y evaluar los logros que se vayan consiguiendo.
Una vez elaborado el proyecto personal, habría que comprometerse con él y ponerlo en práctica.
Ejemplo de proyecto personal
1.- Meta: Superar la ansiedad en la actuación.
2.- Tareas para conseguirlo:
- Detectar los síntomas de ansiedad, observarlos y permitirlos.
- Acostumbrarse a tocar con nervios y aprender a contrarrestarlos.
- Pasar de los nervios y entrar en la música.
- No evitar las actuaciones, al contrario, buscarlas.
3.- Organizar las tareas (empezar por lo fácil y avanzar hacia lo más difícil):
- Descubrir qué nos provoca ansiedad.
- Como somos conscientes de que vamos a tocar con nervios, debemos aprender a controlarlos.
- Ignorar los nervios y disfrutar de la música.
- Fomentar la necesidad de actuar en directo.
Gracias a Marcela Paredes, Ángel Antonio Marcuello y Orlando Fernández Guerra por sus conocimientos en los que me he basado para redactar este artículo.