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Audio-Technica. De buena familia (I).

Cuando recibí el encargo de hacer unos bancos de pruebas sobre unos micrófonos de la firma Audio-Technica no imaginaba que iba a disponer, nada más ni nada menos, que de 8 unidades distintas. Después de unos momentos de duda sobre cuál debería ser el enfoque a seguir, decidí que lo más oportuno era tratarlos a todos ellos, no sólo como unidades aisladas con objetivos diferenciados, sino también interrelacionarlos para así ver cómo un fabricante, con la reputación del que nos ocupa, los diseña pensando en su uso y escalonando sus prestaciones (y lógicamente precios) con la idea de cubrir el mayor espectro posible de las necesidades que todo usuario potencial de microfonía pueda tener.

Audio-Technica, como ya se ha escrito en estás páginas en alguna ocasión, es un fabricante nipón, que se estableció a principios de los años 60 del siglo pasado, y que empezó a consolidar su reputación como desarrollador y fabricante de tecnología, con productos relacionados con los fonógrafos. Sea como fuera, su línea de expansión industrial le llevó a profundizar en el mundo de los micrófonos, hasta convertirse hoy en día, en uno de los líderes en la fabricación y venta de estos productos, con un catálogo sorprendentemente extenso que cubre cualquier aplicación imaginable, incluyendo el directo, el estudio, las instalaciones fijas, el broadcasting… Pero vayamos ya al grano, que es lo que los lectores estarán deseando.

De “directo”
Antes de empezar quisiera justificar el porqué de las comillas en la palabra “directo”. En general, y especialmente para situaciones de estudio, el acierto en la elección del micrófono viene dada más por la idoneidad de la situación, que por la orientación que el fabricante le haya querido dar. Si con un micro obtienes exactamente el resultado que pretendías… ¿qué más da si lo usas para estudio cuando se había diseñado para directo o al revés? Evidentemente, en el segundo caso, hay razones de costes, resistencia, disponibilidad, feedback, que no siempre hacen posible cualquier elección. Las circunstancias mandan. Sin embargo, sirva a modo de ejemplo lo siguiente: el afamado ingeniero Crhis Fogel (Alanis Morissette, Aerosmith, Sheryl Crow, U2, Nine Inch Nails…) grabó al vocalista de la formación “Aerosmith”, Steven Tyler, con un simple SM57 con un resultado excelente. Invito a los lectores a escuchar el tema “Pink” y a valorar por ellos mismos.

Entre los micrófonos de directo se encuentran dos de la línea AE (Artist Elite), el AE2500 y el AE3000. El primero de los dos, el AE2500, es una curiosidad de la que desconozco si hay algún homólogo entre los competidores. Se trata de un micrófono que incorpora en una sola cubierta dos elementos transductores de patrón polar cardioide, uno dinámico y otro de condensador. Ambas cápsulas se hayan ubicadas de forma que garantizan una relación de fase perfecta. Su aplicación ideal es la sonorización de un bombo. Se pretende captar la agresividad del transitorio con el elemento dinámico y sumarle el sonido más amplio y abierto que capta el elemento de condensador. Esta aproximación al problema de sonorizar un bombo no es más que la plasmación de un recurso que en estudio se usa frecuentemente, sólo que con un único micro y con los problemas de fase resueltos de antemano. El elemento condensador soporta, sin atenuar, hasta 148 dB de nivel de presión sonora y su respuesta en frecuencia va desde los 20 Hz hasta los 17.000 Hz en el condensador y de los 30 Hz hasta los 10.000 Hz en dinámico. Presenta dos interruptores con los que podemos, con uno atenuar la ganancia del elemento de condensador en 10 dB y con el otro aplicar un paso-alto a partir de los 80 Hz (con atenuación de 12 dB/octava) para minimizar el efecto proximidad característico de los micros con patrón cardioide y los ruidos de baja frecuencia (vibraciones, aires acondicionados). Se suministra con una pinza de sujeción aislante y con un cable con un conector XLR de 5 pines para la unión con el micro y, por el otro extremo, dos conectores XLR estándar de 3 pines para la salida. Están perfectamente marcados con una etiqueta y cabe recordar que el elemento de condensador requiere de alimentación fantasma, en este caso de entre 11 V a 52 V.

El segundo de la serie es el AE3000, un micro de condensador de patrón cardioide, de membrana grande y diseñado para soportar elevados niveles de presión sonora (SPL). La particularidad de este diseño es que prácticamente no posee cubierta, lo que le confiere una arquitectura especialmente abierta, libre de resonancias internas y, sobretodo, un tamaño reducido permite que pueda ser usado en instrumentos donde una colocación óptima puede convertirse en una odisea. Estoy refiriéndome especialmente a los elementos de una batería (toms y caja). Aparte de estas aplicaciones, por su diseño está también indicado en la sonorización de otras fuentes sonoras de gran SPL, como metales, amplificadores de guitarra, percusiones… Al igual que el compañero anteriormente citado, presenta dos interruptores que controlan el atenuador de 10 dB (con el que soporta la nada desdeñable cifra de 158 dB de SPL) y el roll-off de graves también a partir de 80 Hz (y también de 2º orden). Se suministra con una pinza aislante y necesita alimentación fantasma (entre 11 V y 52 V). El rango de frecuencias que cubre va desde los 20 Hz a los 20.000 Hz y, según el fabricante, con una respuesta en frecuencias particularmente plana.

Nuestros tercer y cuarto invitados son dos micrófonos análogos en cuanto a concepción y uso, pero que representan dos niveles de calidad distintos y, consecuentemente, tienen orientaciones comerciales diferentes. Se trata de dos micrófonos de condensador de membrana pequeña, patrón polar cardioide y captación frontal, en forma de “lápiz”. Uno pertenece a la Series 30, el AT3031, y el otro a la Series 40, el AT4051a. El AT3031 es un micro más “todo-terreno”, preparado para soportar SPL más altos, con un atenuador de -10 dB y un filtro paso-alto 80 Hz (12 dB/octava). La respuesta en frecuencias va desde los 30 Hz a los 20.000 hz y necesita de alimentación fantasma de entre 11 V y 52 V. Se suministra con una pinza convencional y una funda, como el resto de micrófonos analizados.

En cuanto al AT4051a, la característica fundamental que presenta es que es un sistema con cápsulas intercambiables. En realidad el conjunto lo forman un cuerpo (AT4900a-48) y una cápsula de patrón cardioide (AT4051a-EL), estando disponibles también las capsulas omnidireccional e hipercardioide (AT4049a-EL y AT4053a-EL, respectivamente). Disponer de un sistema así de versátil es siempre interesante, tanto para condiciones de estudio como de directo. Una cápsula omnidireccional es prácticamente imprescindible para captar la “sala” en una grabación acústica, tarea para la que sería muy recomendado, y una cápsula hipercardioide, combinada con la monitorización adecuada, sería una buena opción para la captación, por ejemplo, de una guitarra española en directo. Ciñéndonos a la cápsula cardioide, que es la que hemos testado, la respuesta en frecuencia se extiende por debajo hasta los 20 Hz, según datos del fabricante, presentando un realce en la respuesta en la zona alta del espectro, entre los 7.000 Hz y los 15.000 Hz. Va equipado con el filtro paso-alto marca de la casa, aunque en este caso el micro no presenta atenuación posible. Requiere, como todos, de alimentación fantasma para su funcionamiento (11-52 V).

Finalmente, el último micro de “directo” al que nos referiremos es el ATM35, de la serie Artist Series, un viejo conocido de casi todos los que nos dedicamos al mundo del sonido. Se trata de un micrófono de condensador cardioide de pinza para instrumentos. Es pequeño, de fijación fácil a instrumentos de metal, cuerda o percusión, a través de una pinza y de un delgado brazo maleable que sujeta la cápsula en el otro extremo, protegida por una montura de espuma. Se presenta con la unidad de alimentación a la que se conecta la cápsula y el soporte de pinza. El rango de frecuencias va desde los 30 Hz hasta los 20.000 Hz. Soporta un SPL máximo de 145 dB y presenta un filtro paso-alto de 2º orden a 150 Hz. Dispone también, en opción, de elementos intercambiables para los patrones polares omnidireccional e hipercardioide. En el website del fabricante se puede ver que han creado una evolución de este micrófono, el ATM350, con algunas diferencias (el SPL de 149 dB, el paso-alto a 80 Hz) y especialmente con una respuesta más plana, entre los 200 Hz y los 10.000 Hz, con caídas ligeras de ahí hacia los extremos. Se presenta también con un soporte específico para ser usado en violines.

A prueba
La verdad es que las constelaciones se alinearon para que todos los micrófonos se pudieran probar al menos con el instrumento para el que más se adecuaba su uso. David Garriga, un baterista amigo, se presto a ser nuestro instrumentista para probar el kit de batería que tenemos de backline en el estudio. Usamos el AE2500 para el bombo, el AE3000 para la caja, un par de ATM35 en timbal y goliat, y pusimos como overheads el AT3031 y el AT4051a de modo coincidente para usar en cada escucha tan solo uno de ellos.

Como ya expuse en un artículo reciente, microfonar una batería esta más cerca del esoterismo que de la ciencia. El sonido que se obtiene depende de infinidad de factores, además de la propia elección de la microfonía. A pesar de eso nos costo relativamente poco obtener resultados. El triunfador, sin lugar a dudas, fue el AE3000 en la caja. Una colocación algo espaciada (a unos tres dedos del parche y con una inclinación de unos 45º), conexión al previo (un ISA430 de Focusrite) con la EQ en bypass y con una pizca de compresión… y ¡zas! Apareció un sonido de caja soberbio, exactamente el que uno hubiera querido obtener si lo que pretende es dar fe de lo que está sonando en la “pecera”. Naturalidad, es la palabra con la que definiría el sonido. Claro, abierto, lleno de armónicos (todos los de la caja), captando a la perfección lo que de la bordonera nos llega desde una audición cenital. No eché de menos en absoluto un micro en el parche inferior (en general nunca los echo de menos, pero esta vez menos aún, valga la redundancia). No puedo ser más sincero… he comprado una unidad para tenerla en el estudio. Es cierto que con un micrófono dinámico y tirando bastante de procesado se consiguen sonidos contundentes que se adaptan perfectamente a las producciones más cañeras, y también es cierto que por un micro de condensador se “cuelan” bastantes sonidos que no vienen del instrumento a microfonar. Pero si de lo que se trata es de grabar sonidos que hagan justicia al instrumento que están captando (sonidos más acústicos, no tan procesados) es la elección ideal. Además nadie a dicho que microfonar fuera fácil, ¿no?

El AE2500 en el bombo representó un reto algo más difícil. Acostumbrado a micrófonos dinámicos grandes, y a echar mano de EQ y dinámica, el uso de este micrófono supuso un cambio de filosofía. Olvidándonos de los problemas de fase (doy fe de que no existen) nos centramos en sonorizar el elemento de condensador, para obtener un sonido natural, gordo, con una cola de graves que desaparecían con suavidad. Se captaba a la perfección el sonido de la madera, no sólo el del parche golpeado. La pegada que faltaba la añadía lo que captaba el elemento dinámico del micro, con la ayuda de un poco de procesado, y teniendo en cuenta el atenuar la parte más grave del espectro para no sumar en la zona donde ya había una buena representación. Lo cierto es que este micrófono despertó división de opiniones, ya que los que gustan de bombos naturales, de sonido muy acústico, lo encontraron perfecto; mientras que los que prefieren el sonido de un bombo agresivo, punzante, más rockero, echaron de menos algo de pegada. Yo debo decir que aunque la idea es buena, así como el resultado, eso es obvio, el diseño parte, a mi entender, de un “error”. Yo colocaría casi siempre un micro dinámico y uno de condensador para sonorizar un bombo en condiciones de estudio. Lo que probablemente nunca haría es colocarlos en el mismo plano focal (si se me permite el símil fotográfico). El sonido que buscaría con el dinámico lo haría en una ubicación y con el de condensador en otra.

Los ATM35 funcionaron como nos tienen acostumbrados, muy bien. Hay que ser conscientes de que son micros que bajan relativamente poco y que necesitan un poco de ayuda de EQ para reproducir con fidelidad lo que captan. Hay que buscar las frecuencias de resonancia de los toms, para cortarlas y no permitir que “emborrachen” el sonido, y enfatizar aquellas que son las más significativas en la mezcla. Con la ayuda de unos buenos “aéreos” bien colocados, son una magnífica elección para el directo. Hay que tener en cuenta que todo juega en esas condiciones, y el espacio especialmente. Con ellos no hay pies, ni se ocupa un espacio que igual debería ocupar un plato, ni existe tanto riesgo, como con un micro más voluminoso, de recibir un baquetazo mientras se interpreta. Y tengámoslo claro, lo más importante de todo es captar la interpretación del músico en las mejores condiciones posibles… para él y para nosotros. Es nuestro leit motiv.

Finalmente, en cuanto a los micrófonos de diafragma pequeño, los AT3031 y AT4051a, comentar que los dos se comportaron muy bien como micrófonos aéreos para baterías; situaciones en las que por norma general se tiende a recortar los graves para balancear el volumen percibido de la parte aérea de la batería (platos) con el percibido de las partes con parches. Imagino que como micrófono de hi-hat, el comportamiento sería igual de óptimo. Donde el AT4051a sacó los colores al su hermano menor fue en la sonorización de una guitarra española y una acústica. Con este micrófono obtuve un sonido redondo, con mucho cuerpo pero equilibrado. Apenas tuve que utilizar la EQ para acabar de redondear el sonido, aunque fue necesaria la utilización del roll-off de graves para evitar que el efecto proximidad emborronase todo el sonido. Con el AT3031 el sonido fue correcto, pero adolecía de unos graves definidos (a pesar de que el efecto proximidad era notable y el uso del paso-alto necesario), y por arriba presentaba un brillo en exceso, lo que hacía necesaria una corrección de ecualización. El sonido es transparente, pero quizás poco cálido. Hay, sin embargo, que tener en cuenta que por el precio de un AT4051a se pueden comprar dos AT3031, lo que hace que este micrófono sea una gran alternativa para condiciones de trabajo en los que los costes y la exposición a agresiones externas (el uso en directos) sean importantes. En cuanto al AT4051a recordar lo útil que puede ser disponer de un cuerpo de micrófono con cápsulas intercambiables.

Dejo para una próxima entrega el análisis de otra rama de la familia Audio-Technica, la de los micrófonos de condensador de diafragma grande y captación lateral. También, como veremos, son buena gente.

 

 

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