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Mastering. Capítulo I. De la creación a la grabación

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El mastering es uno de los procesos imprescindibles que se ha de realizar a cualquier producto de audio que vaya a ser editado, de forma profesional, en el mercado de audio o audio para imagen (vídeo, cine o dvd). En esta serie de artículos profundizaremos en las diferentes pautas para conocer el mundo de la masterización de audio.

Decimos producto: muchas veces, las personas envueltas en la producción de sonido, ya sean músicos o técnicos de sonido, no tienen conciencia de estar creando un producto para ser comercializado en el mercado, sino de estar simplemente tratando con artistas, realizando una labor meramente creativa sin visos posteriores de ser comercializada.

Si nos vamos a cualquier supermercado veremos, por ejemplo, la sección de lácteos, de productos de limpieza, de conservas… Todo lo que allí nos encontramos cumple unas normas de diferente índole, imprescindibles para que pueda ser vendido. Cojamos un yogur. Aspectos como su peso, conservado, envasado, etiquetado, etc. resultan obvios, pero el fabricante, además, ha tenido en cuenta su consistencia, textura, color, grasa, acidez, pH, bacterias acido-lácticas presentes, edulcorantes, conservantes, normas sanitarias a cumplir y un sinfín de aspectos más para que ese producto sea comercializable y, por cierto, se venda más que el de la competencia. Este último aspecto parece no interesarle lo más mínimo al “sector creativo” de la música, aunque éste es un tema que podremos tratar en un futuro.

De la misma forma, un producto de audio tiene que cumplir ciertas normas para que sea comercializable. En este caso, las características de volumen, ecualización, compresión, rango audible pueden ser las más obvias, pero no menos importantes serán su niveles de loudness, niveles de pico, normalización, jitter, DC offset, códigos ISRC/EAN, etc. Y todo ello, a su vez, también conforma un ámbito creativo propio, el del mastering, de la misma forma que el envase o empaquetado del producto es parte imprescindible de él, más allá del contenido.

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De un tiempo a esta parte, el proceso de mastering ha cobrado un interés inusitado por parte de músicos y técnicos. Con la absoluta presencia de los ordenadores en todo el proceso de grabación, cualquiera en su casa, con un pc/mac, puede tener un completo estudio donde poder crear el producto de principio a fin. Sin embargo, cuando parece que llega el fin, lo comparan con quienes pretenden competir (su grupo favorito) y resulta que, ni de lejos, se parece. ¡Es como si nuestra abuelita, con los pasteles tan ricos que hace, quisiera competir con Bimbo por un espacio del supermercado! Entonces, el músico/técnico fija su interés en el mastering como si fuera un proceso mágico, más allá del pc/mac de que dispone, y que va a salvar su grabación sacándola del ámbito de maqueta para convertirla en producto. Sin embargo, esto no será posible si los pasos dados previamente en la toma de sonido y/o mezcla no han sido los adecuados.

De la creación a la grabación
Si tenemos posibilidad de ser parte de la fase creativa, tengamos en cuenta los siguientes elementos: el concepto del tema, la melodía, el ritmo, las letras, los arreglos, la instrumentación, la estructura del tema y la ejecución. Por otra parte, el público al que va dirigido, sus posibles y ciertos competidores y su forma de distribución. Si esto lo tenemos controlado, vamos por buen camino.

De la toma de sonido hasta el master (from Langley Park to Memphis que decían Prefab Sprout). Pasos previos al mastering.
Debemos dar la importancia que se merece a cada una de las fases de producción de una grabación. La organización de la grabación, la toma de sonido, la grabación, la edición, la premezcla, la mezcla, el mastering son procesos diferentes y todos ellos encadenados. Errores cometidos en algunos de ellos tendrán que ser minimizados en fases posteriores. Si, por el contrario, cada fase está bien realizada, el último paso, el mastering, servirá para realzar el producto final. ¿Cómo llegamos al master?, ¿cómo acabamos la mezcla?, ¿cómo fue hecha la grabación?, ¿fueron las fuentes de sonido las más adecuadas?, ¿dónde empiezan y acaban unas y otras? Nos podemos remontar “río arriba” pensando en las diferentes fases de producción de nuestro proyecto para identificar posibles anomalías. Sin embargo, siempre nos asalta la duda de por qué entonces existen profesionales dedicados al mastering de forma exclusiva.

Fases de una producción
Cada una de las fases que se dan en una producción tiene sus propias características y, a la vez, sus limitaciones. De forma muy simplificada son:

a. Elección de la fuente. Si es músico, elegir el más adecuado o la ejecución más adecuada. La edición posterior no lo arregla todo. Un buen músico y una gran ejecución, sí.
b. Elección del instrumento: guitarras, bajos, baterías, voces, teclados, muestras, loops… siempre el mejor para lo que vamos buscando. ¡Cuidado, porque todavía existen personas que no saben que las baterías se afinan!
c. Elección de microfonía o línea(s) más adecuada(s): todo un mundo en sí mismo, ya sea por microfonía o línea, la señal debe fluir adecuadamente.
d. Previos o mesas de mezclas. No todos son iguales. Siempre la calidad marca la diferencia. Ruteado de la señal.
e. Sistemas operativos. Conversión A/D
f. Edición: adecuado tratamiento del material previo a ser mezclado, a nivel rítmico o de afinación. Selección de tomas y montaje.
g. Mezcla: compresión, eq, efectos, todo ello en software o hardware o una mezcla de los dos en cada una de las pistas. Mezcla en estéreo.
h. Mastering. Y ahora, ¿qué?

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Una vez que a) y b) hayan sido correctamente realizadas, nos situamos en los puntos c) y d). Unas ganancias no adecuadas van a comprometer este paso. Ganancias bajas van a mantener la señal flotando en el ruido de fondo. Ganancias altas, claramente en la zona amarilla de nuestros leds de forma constante, van a hacer que tengamos que utilizar la compresión como limitadores casi exclusivamente. Debemos ser conservadores en este punto, dejando margen dinámico para que puedan actuar los pasos f) y g) adecuadamente.

Punto e): no entraremos en detalle en este punto. Sin embargo, seamos conscientes de que existen equipos con una gran diferencia de calidad y precio que, por lo tanto, aportarán características vitales al sonido. En un artículo de Rogers Nichols sobre la conversión A/D del DAT Panasonic SV3700, este grandísimo técnico hacía referencia a cómo la diferencia en el comportamiento de un byte (¡!!) hacía que el sonido cambiase y fuera distintivo de dicho equipo…. ¿Somos nosotros capaces de identificar semejantes microscópicas diferencias?

Punto f): una edición no adecuada, como no cortar el material en zero-crossing o no utilizar crossfades, hará que se produzcan errores digitales que quedarán impresos en las diferentes pistas.

Punto g). Recordemos que:
● Una compresión fuerte hará que nuestro sonido quede sin dinámica y, por lo tanto, sin vida. Compresiones débiles pueden generar picos digitales.
La eq cambia el volumen de la pista y nuestra percepción de ella; por lo tanto, modificará también la actuación del compresor. Cómo debemos ecualizar, qué debemos realzar o recortar es vital en cada track.
Los faders tienen, también en software, un carácter logarítmico y, por lo tanto, la apreciación de los cambios de volumen en las diferentes frecuencias puede variar sustancialmente nuestra apreciación de la mezcla. Esto puede ser todavía más crítico en el tratamiento de subgrupos.
● La elección de plugins también es decisiva. Los plugins están para ser adecuadamente utilizados, no para ser coleccionados. Menos plugins significa menor procesado de la señal. Utilicemos plugins de calidad.
Mezcla estéreo. En casi todos los DAW, se produce un cuello de botella en esta fase. ¿Bounce o reproducción y grabación en otra pista y/o soporte? ¿Suena igual? Podemos echarle la culpa al procesador, al sistema operativo, al software que utilizamos o al reproductor de la mezcla estéreo, pero suele ser habitual que exista una diferencia. Una buena mezcla, después de un bounce a estéreo, queda reducida a la mínima expresión la mayoría de las veces.

Y, a partir de aquí, deseamos que quien nos lo masterice realice el milagro del pan y los peces. Es difícil, con las variables mencionadas anteriormente, y eso que han sido mínimas. Por todo ello, debemos dar la importancia que se merece a cada uno de los pasos indicados para que podamos llegar de la mejor manera posible al mastering.

Vumetros

Medir, medir, medir
La medición es un elemento vital en el mastering. Podemos medir con varios formatos. Los más usados son:
Medición L-R Peak: mide los picos de la señal, ataques rápidos que pueden hacer que nuestra mezcla genere errores por saturación, aunque la medida RMS no lo haga.
Medición RMS o VU: medición media de la señal.
Medición PPM o Peak Program Meter. Esta medición suele estar presente en mesas de mezclas de gama alta como las SSL. Básicamente, un vúmetro especializado en picos. ¿A cuál hacerle caso? Como norma general, es preferible tener siempre a mano la medida RMS, muchas veces representada en un vúmetro clásico. Éste tiene alrededor de 300 ms de tiempo de respuesta, algo muy cercano a cómo nuestro oído responde. La medición Peak tan sólo es un chivato de haber sobrepasado el 0 digital. Debemos calibrar nuestros equipos, independientemente de en qué fase estemos trabajando. Tengamos en cuenta que -14dBFS (medida Full Scale con respecto a medición digital) corresponden en un VU analógico a 0 dB. Si el material que estamos tratando no conlleva fuertes compresiones (folk, jazz), podemos calibrar como -20dBFS = 0 dB VU.
Disponiendo de una medición PPM (con un tiempo típico de 12 ms de respuesta), nos puede ayudar a eliminar, por medio de la compresión, los picos más rápidos. Tengamos en cuenta que picos de duración entre 10 y 12 ms son, por norma general, no audibles y por lo tanto eliminables.
Medición del panorámico: cómo se distribuye en modo Peak o Rms la señal sobre el plano horizontal. Nos dará idea del equilibrio L-R de nuestro master en estéreo.

Oír, oír, oír
¿Cuál es el menor valor que podemos apreciar en cambios con respecto al volumen, la compresión, la aplicación de un efecto o la relación entre varios instrumentos? En las diferentes fases antes mencionadas, podemos hacer cambios apreciables pero, a medida que avanzamos, serán cada vez menores. ¿Somos capaces de apreciarlos? Aunque tiene que ver con la calidad de nuestros equipos, nuestro poder de escucha se ha de entrenar para percibir rangos tan pequeños como 0,2db de diferencia en las diferentes modificaciones que realicemos.

Como parte del proceso de apreciación de diferentes estilos y épocas, podemos ayudarnos de diferente software para visualizar mezclas ya hechas. Son muy interesantes los programas BIAS Peak o Wavelab de Steinberg. Prueba a abrir con ellos músicas de los estilos que más y menos te gusten. Recuerda que aprenderemos más incluso de todos esos estilos que normalmente no escuchamos. Fíjate en el estilo y el año de realización de la producción. Comprueba cómo percibes los pasajes más potentes y los más tenues. Visualiza la onda en pantalla. ¿Corresponde lo que oyes con lo que ves? Visualiza su contenido en frecuencias. ¿Puedes sacar conclusiones? Continuamos desde aquí en el próximo capítulo (Capítulo II Mastering).

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