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Oberheim OB-12, modelado analógico

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Oberhim OB12El Oberheim OB-12 no es una rabiosa novedad. Sin embargo, para el tipo de músico que ha sido diseñado, el tiempo no es óbice para desdeñar nuestra atención. En efecto, cuando hicimos el primer dossier de este tipo de teclados imitando a otros analógicos de la década de los setenta, se nos agotaron los epítetos y alabanzas hacia esa máquina y hacia las modas que volvían a requerir la presencia de esos sonidos de ondas envolventes. Ahora, dichos adjetivos se nos van a quedar cortos antes de tiempo, a tenor de las primeras impresiones que nos está dando el OB-12.

Decididamente, hoy es un día de suerte para todos nosotros, porque al fin podremos conocer de cerca el aclamado potencial de una de las marcas más prestigiosas, aunque bastante desconocida para el gran público del mundillo sintetizado. Pues sí, este artilugio que sale de su impoluta caja blanca es el Oberheim OB-12, un sintetizador digital emulador de sonidos analógicos, o de modelado físico, como gusta llamarle en algunos lares a este tipo de teclados.

Ni qué decir tiene que teníamos una sana curiosidad de echarle el guante a este imponente teclado desde hace más de dos años. En su día quisimos hacer una comparativa con el que ofertaba otra conocidísima marca, pero el OB-12 no nos llegó a tiempo. Después de estas vicisitudes, esperamos no sea demasiado tarde para dedicarle la atención que, a buen seguro, se merece.

Su “planta” es de lo más “retro”, con un acabado en azul profundo y con sus laterales en madera (imitación) como mandan los cánones. Este “hijo pequeño” de la prestigiosa marca de sintetizadores que colmaba los deseos de los intérpretes más exigentes allá por finales de la década de los 60 y de los 70, ahora lo fabrica una marca italiana no demasiado conocida en los mentideros amateurs musicales (Viscount). Quizás en nuestro país la marca Oberheim nunca haya tenido las mismas facilidades de llegar al gran público frente a marcas todopoderosas como Korg, Yamaha o Roland, pero la firma siempre ha sido respetada por una gran reputación, de ahí que nuestro gozo sea inmenso.

Una vez culminamos los preparativos, preside nuestra mesa de pruebas un sintetizador que rezuma los sonidos más clásicos de la marca, eso sí, emulados. Antes de meternos en la vorágine de los tipos de osciladores y filtros, hay que decir que el OB-12 es un sinte polifónico multitímbrico de 12 voces con un teclado de 4 octavas, suficiente para nuestras pretensiones. No hay que olvidar que el usuario de este tipo de teclados desea interpretar música experimental a base de “morfings” y oscilaciones de onda sonora, por lo que se hace muy peliagudo si se utiliza para composiciones más estándar. A decir verdad, el OB-12 no es un teclado para la composición tradicional, a pesar de contener más de 256 voces o sonidos agrupados en dos bancos. Sin duda, es un sintetizador con mayúsculas.

141 controles

Metidos de lleno, nos tendremos que “pelear” con un sinfín de potenciómetros y controles, porque en el OB-12 existen la friolera de 141 controles que nos permitirán hacer lo que queramos con los sonidos. Puedo decir que este sinte está muy por encima de lo que esperaba, y la culpa de eso la tiene el tiempo que he tenido que gastar para hacer este banco de pruebas, donde he podido hasta editar con paciencia sonidos que no aparecen en la memoria del OB-12. Ese apartado merece mucho la pena, pero eso sí, se tiene que tener bien claro qué es lo que se busca. El OB-12, a simple vista, es un teclado muy complejo por la cantidad de controles y la diversidad de osciladores y filtros que posee, pero es una máquina que nos hará consumir horas como si fueran minutos, porque estaremos experimentando variaciones sin saber con cuál quedarnos.

Destacan sus dos osciladores de sonido, separados e independientes entre sí, donde pasaremos grandes momentos balanceando el resultado, o mezclando la onda de tres modos distintos: dientes de sierra, triángulo o cuadrado. A su vez, cuenta con dos tipos de filtros configurables que desembocan en el control del amplificador (no nos referimos a los controles de nuestro amplificador). Todos estos apartados tienen sus propios recursos en lo que a generación del tipo envolvente se refiere. En el apartado de generación de sonido, podemos seguir rizando el rizo con un modulador del tipo anillo.

Podemos, asimismo, investigar la modificación del sonido con sus dos osciladores de baja frecuencia para terminar de alucinar en colores. Es muy peligroso hacer las composiciones con los auriculares, porque la calidad de sonidos del OB-12 pueden dejarte sordo. Los bajos son muy espectaculares, una vez que hemos decidido los parámetros adecuados para su ejecución. Si lo sacas por escucha externa, los cristales de tu habitación corren peligro de venirse abajo. Si lo haces por cascos, adiós a tu pabellón auditivo.

Tres formas de trabajo

El teclado del OB-12 tiene tres formas de trabajo; o bien dividido, muy útil para combinar voces; o bien en modo “layer”, al igual que si estuviéramos trabajando en un secuenciador con una voz por canal MIDI y finalmente en modo simple.

Como ya se dijo, el OB-12 trabaja sus controles de modo independiente para poder duplicar el equilibrio y la personalidad de cada oscilador. En todos los apartados existe la posibilidad de deformar, agrandar, extender y modificar las secuencias hasta límites insospechados. Un ejemplo: en el oscilador más cercano a nuestra mano izquierda, el control “wave ctrl” hace que varíe la onda que se haya modificado en último lugar. Si es diente de sierra, lo que hace es variar el grado de deformación, o si es onda cuadrada, cambia las dimensiones de nuestra pulsación y así alterar el espectro armónico. En el otro oscilador, nos llama la atención su modulación de frecuencia modulada y los controles “range” y “fine”. Con estos, desafinamos desde unas centésimas hasta dos octavas. Resalta la posibilidad de poder sincronizar ambos osciladores e incluso la opción de desactivar la afinación del teclado.

Para no explayarme mucho, porque el OB-12 da para eso y mucho más, seguiremos narrando telegráficamente más detalles de su impresionante arquitectura. Preside en el centro del sinte una pantalla o display de generosas dimensiones y agradable visión. Desde aquí, o desde la pantalla de tu PC si tienes los drivers necesarios, podrás acceder a toda la información del OB-12 y sabrás en todo momento qué estás modificando y los pasos a seguir para no “liarte” en exceso. Si estás en plena edición de ecualización (por cierto, la que utiliza es gráfica de cinco bandas), te mostrará la onda que está tomando, así como los niveles de sustain, o ataque, etc... Es tan gráfica cada una de las instrucciones que le damos al teclado desde el display que hace muy intuitivo el manejo en general del OB-12.

Además, tienes una sección de arpegiadores dignas de mención. Tus composiciones ganan en presencia si combinas algún efecto (tienes cuatro para ello, utilizables entre sí). Pasarás mucho rato investigando los dos filtros que posee el teclado (uno por oscilador). Dentro de ellos, existen tres tipos de pasos con resonancia regulable y envolvente propia. A través de sus tres algoritmos de posición, habremos confeccionado unos filtros con cuerpo, más cálidos y sentidos. Después de esta perorata, las palabras no se hicieron para definir con exactitud la idea que queramos concebir de la música: si no entiendes ni “papa” de lo que acabo de escribir, es mejor utilizar el sentido del oído. Sobrarán las palabras. Para los expertos, espero que esta humilde traducción haya servido para hacerse una idea aproximada del potencial de esta máquina.

Terminamos haciendo mención de la existencia de una rueda pitch bender, otra de modulación y un controlador de cinta, para distorsionar los sonidos hasta hacernos doler los oídos. Tenemos un “shuttle” para la elección y búsqueda rápida de las voces o, si no, un teclado tipo telefónico para llegar a la voz precisa, una vez nos sepamos su ubicación. En su parte trasera, las conexiones MIDI, de auxiliares, auriculares, etc., están a la orden del día. Incluso dispone de salida digital y de cuatro controles de pedales. La alimentación no lleva el molesto transformador, lo cual es un detalle. Por cierto, que sepáis que el OB-12 mide 91 x 40 x 12 cms. y pesa unos 12 kgs.

Conclusiones

En definitiva, el OB-12 es un teclado muy funcional que sirve para actuación en directo, aunque yo personalmente lo ubico más en el estudio, si el usuario es más cercano a la música de sesiones. Sin embargo, discrepo de algunas opiniones que dicen que este sinte es ideal para instrumento de aprendizaje. Yo lo considero demasiado completo para ser un teclado de paso, a tenor de otros productos de la competencia que, con más presencia y grandiosidad, han dejado bastante que desear. Además, su precio no invita a pensar que sea una herramienta de usar y deshacerse de ella a los pocos años. No es el mejor de la serie, pero es cruel definirlo como teclado de serie baja.


Decir también, a modo de posdata, que en la red existen actualizaciones de librerías, por si no te apetece dedicar tu tiempo en sacar sonidos personales. Desde aquí, aconsejamos que os bajéis el editor, que está muy bien y deja controlar todos los parámetros del sinte. Quizás peca de lentitud, pero todo se mejorará con el tiempo. Eso esperamos.
 

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