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Mark Bass classic 300 +104. 5.400 € de equipo.

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Una perfecta muestra de la eficiencia al unir la tradición con la tecnología. El corazón de este cabezal son sus válvulas. Su cerebro el microprocesador. Las válvulas calientan el sonido y proporcionan su sabor vintage, añejo, cálido. El micro, futurista, es su antítesis por concepto, permitiendo una excelente capacidad de configuración y personalización del sonido, además de avisarnos cuando una válvula requiera sustitución. 300 W de poder grave.

 

Classic 104
La máxima de estos recintos cerrados viene dada por sus altavoces de neodimio especialmente realizados para las necesidades en graves de la unidad. Una vez más encontramos en Mark Bass su filosofía de unir el presente y el futuro en sus desarrollos. Un manejable recinto, considerando su tamaño, que nos ofrece toda la chicha que le pidamos.

La filosofía Mark Bass
Siempre es interesante leer un poco sobre la filosofía y la meta de una marca. Más allá del posicionamiento comercial, se puede detectar cuál es la intención del fabricante en sus productos. Otra cosa es lo que al probar los instrumentos o equipos deduzcamos por nosotros mismos y si nuestra idea coincide con lo que nos propone quien lo diseña.

¿Para quién quiere fabricar?, ¿principiantes, profesionales, adinerados, los que buscan lo más barato? ¿se pretende innovar o, por el contrario, restaurar valores de lo clásico? En definitiva, ¿qué línea de productos nos ofrece la compañía? Busquemos respuestas.

Indagando en la filosofía de esta empresa italiana, nos encontramos con una clara intención: fusionar lo mejor del “tono clásico” con la más puntera tecnología. A pocos músicos o ingenieros se les escapa la idea de la predilección por el “vintage” en lo referente, por ejemplo, a válvulas o sistemas de amplificación realmente legendarios que procuran sonidos cálidos, gruesos y casi imposibles de obtener con modernos circuitos de emulación. Ahora bien, sí que es cierto que hay detalles de este tipo de productos estandarte que deberían ser mejorados. Por ejemplo, el hecho de que un ampli antiguo, soberbio, emane un calor insoportable, añada ruidos indeseados de todas clases, o acorte especialmente la vida de las válvulas, no parecen ser virtudes deseables.

Markbass busca en la tecnología la solución a todos los aspectos mejorables sin sacrificar el tono y la pegada de los mejores amplificadores del pasado. Personalmente, me parece un acierto.

Entre lo destacable, además de lo mencionado, según la propia compañía, se encuentra su preocupación por un aspecto fresco, reconocible y dinámico. La satisfacción real (como parece obvio) no sólo de los músicos, también de los estudios de grabación e ingenieros de sonido. Por otro lado, hacen especial hincapié en su interés en no colorear ni desvirtuar el sonido original del instrumento. Este aspecto es para mí esencial, puesto que nos permite independencia con respecto al bajo. Es decir, me parece especialmente interesante que la respuesta del amplificador sea lo más plana posible. Como he oído alguna vez “sonido muy verdad”. El amplificador, bajo mi punto de vista, debe ofertarnos después la posibilidad de variar este sonido “original” hacia lo que necesitemos según cada situación o contexto.

Un difícil reto, conseguir este sonido que no colorea pero añadir el carácter y la personalidad propia de la marca. Desde Markbass aseguran haberlo conseguido, y dicen sentirse orgullosos de poder estar “compitiendo” entre las mejores marcas de amplificación de bajo del mundo.

Desembalando
Al recibir los paquetes pensé dos cosas. La primera en la “pereza” de mover un equipo tan grande para hacer el banco. La segunda, ansia tremebunda de enchufar el bajo y darle buena caña a esos ocho altavoces de 10”. Cabezal de 300 W y recinto que soporta 1.200. (Sonrisa) ¿Qué os voy a contar que no sepáis? Esa sensación de adrenalina ante un amplificador de tu tamaño es, creo, bien conocida por todos.

El primer bloque de sensaciones que os he descrito se resolvió de una forma agradable. ¿Por qué? Por la previsión del fabricante al añadir unas robustas ruedas en la parte inferior del recinto, así como el que éste contemplara incluir un fornido soporte de agarre. O sea, un asa sólida de la que tirar. Parece un detalle de índole menor, pero el hecho de prever bien la disposición de ruedas y asa para aligerar el peso no es ninguna tontería. Si ruedas + asa están bien dispuestas, se rentabiliza el esfuerzo del que carga. Cuando andamos de bolo, y sobre todo al recoger ya machacados, este detalle no parece nada secundario.

Conectando
Cuando montaba el equipo, cabezal sobre recinto, cableado etc., pensaba en la caña que iba a meter el primer golpe de slap de las pruebas. Situé una silla frente al ampli. Sentado allí con el bajo, el cabezal sobrepasaba mi cabeza. Imaginé como mis “pelos se pegarían hacía atrás” por la presión sonora que, incluso sin encender, hacía intuir el “cacho bicho en cuestión”.

Algo que me desagrada de muchos amplificadores de estas dimensiones y potencia, es el ruido. El zumbido o ruiditos anexos que, en muchos casos suelen aparecer. Me llamaréis maniático, pero lo detesto. Tampoco me gusta tener que tocar en todo momento caña máxima. En ocasiones me apetece pasar algo que no controlo bien, que deseo mejorar o ejercitar. Suele molestarme hacer este tipo de cosas a gran volumen. En muchos de los amplificadores a válvulas y de gran tamaño que he probado, tocar a medio gas es casi imposible. Aquí llegó mi segunda sorpresa. Resulta que, al encender, la pantalla digital me empezó a informar del estado y calentamiento de las válvulas. Curioso. Acto seguido, y ya con el ampli operativo, ¿sabéis que ocurrió? Silencio. Eso ocurrió. Ni el más mínimo ruido. Pensé que el recinto estaba mal conectado o... qué se yo. Pero no, al levantar la mano izquierda del diapasón, apoyado hasta ese momento sobre el bajo, el sonido de las cuerdas fluyó. Tal vez os pueda parecer exagerado mi comentario, pero eso de que al tocar el amplificador emane una caña bestial, pero al parar obtengamos el silencio más absoluto, es para mí una gran satisfacción. Especialmente en ensayo o estudio.

El sonido
Este amplificador, por su dotación extremadamente profesional, daría mucho que hablar a nivel técnico. Para los más puristas y entendidos, os recomiendo la lectura detenida de la ficha técnica, o incluso la descarga del manual.

Allí podréis ver todos los detalles técnicos de impedancias, respuestas en frecuencia, sensibilidad, tipos de conexión admitida (profesionales en cualquier caso), etc. En mi caso, me he centrado más en el privilegio que supone poder probar este equipo personalmente. Recinto y cabezal de unas prestaciones e importe como este (4.440 € aprox.) no están al alcance todos los días. Lo que me ha interesado son los detalles reales de la prueba. El sonido, el ruido, el calor de la fuente, la versatilidad del ecualizador, etc.

Debo resumir las pruebas con una sola palabra (dos para algún conocido torero), impresionante. Un poder asombroso. Como todos sabréis, la fuerza descontrolada sirve de poco. Existen algunos (bastantes) amplificadores de guitarra o bajo con gran potencia pero con descontrol, suciedad o nada dúctiles. Lo más valioso para mí de este equipo han sido tres cosas:

Primera, su profesionalidad en el comportamiento ante la versatilidad del sonido. Me refiero a la precisión de sus controles, EQ y ganancia. Llevamos el sonido del bajo de un extremo a otro: redondo, oscuro, cremoso, picante, chillón, neutro. No hay zona del arco iris que no encontrara en esta pareja (recinto+cabezal).

Segunda. La potencia. Evidentemente se trata de un equipo profesional que requiere de espacios acondicionados. A pesar de poder trabajar a volúmenes moderados, se trata de artillería pesada. Para quienes necesitan potencia profesional con control, esta es una perfecta herramienta.

Tercera. Carácter, pegada y fuerza. Al tocar con este amplificador obtenemos algo bastante difícil de conseguir (se necesita un buen bajo también). Graves de gran pegada y cuerpo, pero perfectamente definidos. Probé este ampli con un cinco cuerdas. Hasta la quinta al aire estaba “controlada”, incluso sin comprimir nada.

Podría hablar de más encantos, como su portabilidad o agradable diseño, pero creo que entre las fotografías y comentarios previos ya hemos dejado estos aspectos definidos.

Controles y curiosidades del cabezal
Aunque el “rollo manual” no me agrada especialmente para los bancos de pruebas, dada la calidad del equipo, haremos un repaso rápido por sus paneles trasero y delantero. EL objetivo es resumir en un vistazo rápido sus posibilidades de control.

Panel frontal
En dicho panel encontrarás las siguientes herramientas/opciones

a) Entrada jack ¼
b) Control de ganancia
c) Ecualizador de cuatro bandas
d) Control line out
e) Master
f) Entrada pedalera (footswitch)
g) Interruptor BIAS. Cambia el modo de trabajo de las válvulas de “modo alta fidelidad” a modo “larga duración de las válvulas”.
h) Standby
i) Pantalla LCD. Muestra aspectos diversos que el microprocesador es capaz de recoger: información numérica en modo test de válvulas, vúmetro digital, etc.
j) Interruptor encendido /apagado

Panel trasero
En el panel trasero del classic 300 encontrarás las posibilidades de conexión habituales (salida para altavoces/recinto, line out, envío y retorno de efecto, etc.) y también algunas peculiaridades, como su salida para afinador, interruptor pre/post EQ, selector de “MODO TEST” para el chequeo de válvulas a través del microprocesador, interruptor ground lift (adecuado para compensar posibles zumbidos relacionados con las tierras de equipos externos, en salidas la salida de línea), o su puerto RS-232, que sirve para que el servicio técnico autorizado se conecte y revise a través del PC posibles averías.

Conclusiones
Realicé la prueba con un bajo Fernandes Gravity Deluxe, cinco cuerdas. Es decir, que un bajista debería invertir un total aproximado de 5.700 € aproximadamente para obtener el sonido que obtuve en las pruebas de este banco ISP. ¿Cómo resumir? Babeando me quedé. Pedazo cañón de equipo. Dado el dinero a invertir, queda claro que está al alcance de pocos. Se trata de un equipo completamente profesional, gama alta.

Creo importante destacar que la potencia no lo es todo. Muchos principiantes ansían enormes amplificadores que despeinan. Con el paso del tiempo se descubre que la calidad y el control son las ventajas prioritarias. No obstante, para conseguir un sonido tan redondo, compacto y fastuoso, tiene mucho que ver la estructura de válvulas, la potencia, la construcción del recinto y todos los detalles tan sumamente cuidados. Creo, tras las pruebas, que el objetivo del fabricante quedó bien conseguido. Fusiona el calor energético de un amplificador de válvulas cañero, con la tecnología más puntera; capaz hasta de testar nuestras válvulas para darnos “info” sobre su estado en cada momento.

Salvando el esfuerzo que puede suponer ahorrar todo este dinero, y considerando que es un equipo básicamente para profesionales, he de concluir en que se trata de un magnífico conjunto de cabezal y recinto. Merece sin duda todos mis elogios. Bestial.

 

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