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Gibson SG Special Faded: sonido SG por unos mil euros.

De nuevo en banco de pruebas con Gibson. Tras saborear las Les Paul Special Faded (simple y doble cutaway), nuestro interés por esta serie ha desembocado en el modelo SG. ¿Realmente será una Gibson con mayúsculas? Ardiendo en deseos de comprobarlo, conseguimos una en acabado Worn Brown. La serie Faded seduce especialmente por su relación calidad-precio, y por ofrecer la posibilidad de ser propietario de una guitarra americana de nivel profesional, con la calidad a la que Gibson nos tiene acostumbrados.
Cuando analizamos las Les Paul Special en su día, a simple vista, podíamos observar detalles que justificaban, en cierto modo, la diferencia de precio con respecto a sus hermanas mayores, Studio, Standard, etc.: tapa de arce, binding, acabado con mayor lustre, incrustaciones del diapasón, pastillas… Por lo general, Gibson plasma sus diferencias de precio en función de la calidad de sus acabados, más que otros factores.

Sin embargo, ¿qué características contempla la Faded, que no tenga la Standard u otros modelos de gama superior? Procedamos, sin demora, a analizar los resultados.

Desembalando
La guitarra llegó en su caja de cartón grueso original de Gibson. Si bien esto resultó gratificante (cuando sus productos lo valen, una compañía siempre debería preocuparse por su seguridad hasta que llegan al consumidor), no lo fue tanto cuando abrí la caja, pues la guitarra venía con una funda blanda. Si bien se trataba de una funda fuertemente acolchada, una guitarra de estas características debería, a mi entender, permanecer alojada en un estuche rígido desde que sale de la fábrica.

Eso sí, como en toda Gibson americana, la funda iba equipada con un pequeño set de herramientas para realizar los ajustes pertinentes (alma, hardware, quintaje…), así como la documentación y tarjeta de inspección rellenada y firmada por el luthier que revisó y puso a punto la guitarra. No obstante, y como es de suponer, tuve que quintarla a mi gusto, a fin de percibir las propiedades acústicas como es debido. Jamás vamos a encontrar una guitarra a estrenar en una tienda quintada, ni con una altura de pastillas específica (la propia empresa considera, con buen criterio, que el músico se encargará de configurarla, de acuerdo a sus preferencias).

Características y acabados
En cuanto al aspecto general, tenemos la estructura clásica de una SG, a escala 24’75”, mástil encolado, electrónica basada en dos humbuckers y cuatro potenciómetros; un finísimo acabado mate en nitrocelulosa en mástil y cuerpo (que monta un golpeador multicapa), así como zonas de este último pulidas a mano, coincidentes con los puntos de contacto con el brazo al tocar. Ello le da un aire bastante vintage, como si la guitarra hubiera estado usándose desde hace años.

a) El acabado Worn Brown
Precisamente, el acabado era lo que más me llamaba la atención de esta guitarra, y un elemento que tenía ganas de analizar. Si bien la nitrocelulosa es un material caro (y de los mejores para las guitarras), realizar un acabado grueso desembocaría, evidentemente, en un precio muy elevado (además de la mano de obra cuidadosa –la nitrocelulosa es muy tóxica-, y otro tipo de acabados añadidos). Nuestra pequeña tiene un acabado marrón fino que, con el tiempo, “se hace a la madera”. Sin embargo, un uso continuado, especialmente en directo, provocará que dicho acabado se deteriore en sus zonas de contacto (cintura, brazo…). Esa era mi sospecha, que terminé de corroborar tras consultar con un mi luthier local.

En efecto, se trata de un acabado más económico y menos duradero que otros modelos superiores de la serie, pero hará las delicias de aquellos partidarios del look vintage, ya que, si de primeras la guitarra lo tiene, al sufrir desgaste, se acentuará.

b) Estructura
El cuerpo es de caoba de dos piezas, muy ligero y resonante. En cuanto al mástil, se trata de caoba de una pieza, ligeramente más pesado que el cuerpo. Es un mástil considerablemente fino, típico de las Gibson de los años 60. En la pala, podemos apreciar el logotipo de Gibson en dorado, así como el compartimento en donde se aloja el alma. En su trasera, vemos que se han empleado dos piezas extra de caoba para dar forma a la clásica pala, y el número de serie estampado con el “Made in U.S.A.”.

El diapasón es de palorrosa sin binding, con incrustaciones de nácar en forma de punto. Si bien no hago ascos a otros materiales, pienso que el palorrosa es una buena elección, ya que, al ser una madera porosa, absorbe muy bien las sustancias con las que realizamos el mantenimiento del diapasón, como el aceite de limón. Ello lo mantiene nutrido hasta la próxima limpieza, y la protección contra la acumulación de suciedad, polvo y sudor es mayor que con maderas más nobles (arce, ébano…), aunque, por otra parte, su densidad y resistencia son menores.

Tacto, octavación y hardware

a) Tacto
Al colgarme la guitarra por vez primera, sentía que tenía en mis manos una auténtica SG; liviana, de construcción muy sólida, cómoda y con ese feeling típico de tener un instrumento vintage (o que, al menos, pretende serlo), debido a su acabado.

El mástil es suave y cómodo, y el rozamiento que ofrece al ir desplazándome por él es realmente bajo. Esta es una característica, a mi parecer, que se debe destacar, pues me disgusta tocar con eléctricas que presentan acabados en el mástil con excesivo lustre, ya que ello frena considerablemente, a poco que queramos “correr”.

Sin embargo, ante la ausencia de binding en el diapasón, he echado en falta algo de curvatura y redondeamiento en los extremos del ancho del mismo, ya que son un poco afilados, y según como estemos acostumbrados a tocar, es posible que la palma de nuestra mano entre en contacto con dicho “filo”, y ello ocasione incomodidad. Aunque resulte una nimiedad, es digno de mención, ya que he probado varias de las formas que muchos guitarristas acostumbran a coger el mástil.

b) Octavación
Tal vez éste sea el talón de Aquiles de esta guitarra. Si bien los afinadores Kluson Green Key’s, que lleva de serie, son realmente caros y de buen material, después de dejar la guitarra descansando en el soporte un día, suele aparecer ligeramente desafinada, fallando especialmente en el tensor correspondiente a la tercera cuerda. No obstante, éste es un hecho que ha sucedido en más ocasiones con las Gibson, debido a la construcción y material de la cejilla (por lo general, de plástico).

c) Hardware
En cuanto a los trastes, aunque son sólidos y hechos para durar, pienso que se ha descuidado un poco la altura en los primeros trastes, a la hora de montarlos, lo cual puede dar lugar a la aparición de cerdeos si bajamos en exceso la altura de las cuerdas, con lo cual, para que tengan un buen empaste con ellas, es preciso dedicar tiempo a pulir un poco los trastes, y proceder pacientemente al quintaje.

Respecto al puente, se trata de un tune-o-matic con acabado cromado. Facilita un buen sustain, y la colocación de las cuerdas es muy sencilla. Se trata del típico puente de este tipo, que Gibson instala en la mayoría de sus series de gamas baja y media.

Ahora que hablamos de las cuerdas, se puede decir que, sin duda, sus cuerdas de stock son unas Gibson Brite Wires calibre 0.010, de buena calidad. Presentan núcleo de acero con entorchado de níquel. El acero proporciona una gran brillantez, atenuada en parte por el níquel, ya que este último le proporciona mayor calidez.

Electrónica
Como he comentado, la guitarra presenta dos humbuckers, concretamente la 490R (mástil) y la 490T (puente). Se trata de dos pastillas Gibson de alnico II, por lo que deduje que la guitarra iba a sonar a rock & roll, con la calidez típica del imán de alnico, pero sin excesiva ganancia. Son pastillas muy “crunch”, son muy válidas para rock, hard rock y blues. No obstante, ¿qué hay de lo demás? Tenemos cuatro potenciómetros: dos de tono y dos de volumen; que controlarán, respectivamente, cada pastilla. La resistencia que ofrecen al ser girados para controlar dichos factores es un tanto elevada, lo cual representa una ambigüedad respecto a ventajas, y es que, por una parte, los controles permanecen invariables si, por un descuido, los rozamos, girándolos accidentalmente, y por tanto cambiando la configuración. Y por otra parte, está el inconveniente de que, si somos guitarristas acostumbrados a cambiar de configuraciones tonales a menudo en directo, resulte incómodo realizar los cambios deseados.

Por último, no pude resistirme a la tentación de “destripar” a nuestra invitada. Retiré la cubierta trasera de los potenciómetros y el golpeador. Las pastillas tenían dos conductores, así que la única posibilidad de conexión es en serie, a dos bobinas. El cableado estaba bastante bien ordenado, y el interior del cuerpo, aunque con alguna que otra astilla, estaba realmente limpio.

Sonido
Llegamos a tan deseada sección. ¿Realmente sonará a SG? Una vez afinada, procedí a tocar con la guitarra desenchufada. Al primer acorde, sentí una fuerte resonancia por cuerpo y mástil. Al situar mi oído cerca del cuerpo, cronometré el sustain, y puede decirse, sin pestañear, que es una guitarra de sustain cuasi-infinito. La cosa promete.

Enchufamos al amplificador, comenzando por el canal limpio, sin reverb. Activamos la pastilla del mástil, y el resultado es un sonido puro, con brillo, pero con el timbre grave y gordo, propio de la caoba. Es la misma que monta la SG Standard en dicha posición, y para mi sorpresa, al comparar, percibo un nivel de agudos ligeramente superior en nuestra invitada que en el caso de la Standard. En una ocasión, un luthier que trabajó con Gibson muchos años, me comentó que existen determinados acabados que dejan “respirar” mejor la madera que otros, y que también modifican sus propiedades acústicas. En la Faded parece ser que, debido a esta circunstancia, las frecuencias altas se transmiten con mayor facilidad, y en la Standard se contienen, mientras que sus graves son más pronunciados. Desde mi punto de vista, esto no es un inconveniente, sino que más bien se trata de ver qué tipo de sonido y acabado nos conviene más. Ciertamente, no he visto, en cuanto al sonido, desventaja alguna con respecto a la Standard.

Cambiamos al canal de distorsión, añadimos un poco de “caña” con un RAT, y el resultado es el esperado; solos de sonido empastado que suenan a puro rock & roll, con ganancia moderada.

En la posición de puente se perciben fuertes medios, y unos agudos pronunciados, gracias a los que he podido sacar unos armónicos más que decentes (especialmente al tocar en el canal distorsionado). Un sonido empastado, con sustain intercontinental, y muy en la línea de las SG.
Eso sí, aunque la ganancia es algo superior que la 490 para mástil, no deja de ser moderada, y orientada al rock.

Por supuesto que, para gustos los colores, aunque considerando el enfoque de esta guitarra hacia el rock, me parece acertada esta elección de pastillas, ya que la del mástil, aunque es el mismo modelo que la del puente, tiene una ganancia y nivel de frecuencias bajas algo menor, a fin de ajustar el balance acústico. Por otra parte, la pastilla del puente, con buenos agudos y fuertes medios, nos sirve un cocktail perfecto al combinarse con los graves que proporciona la madera, con lo cual el resultado es un sonido equilibrado, sin perder un ápice del timbre tan característico de las Gibson SG.

Al seleccionar la posición media, activamos ambas humbuckers. Me ha gustado especialmente su sonido en canal limpio, y más aún, añadiendo algo de reverb; cantarín y “acampanado”. De las tres posiciones, esta ha sido mi preferida para desarrollar arpegios.

En cuanto al sonido con distorsión, he probado con riffs de diferente vertiente musical, y pienso que los más adecuados han sido los propios de hard rock moderno, ya que el sonido obtenido es lleno y pesado.

Conclusión
Desde mi punto de vista, se trata de un instrumento orientado al blues y sobre todo, al rock, rock & roll, y sus derivados. Aunque resulte una perogrullada, pienso que lo mejor que tiene esta guitarra es su sonido y propiedades acústicas, mientras que la octavación y puesta a punto son asuntos más complicados, ya que se “resiste” un poco. Desde luego, ajustada con paciencia, responderá perfectamente en un directo. A ello se añade su peso ligero (que hará que no nos cansemos aunque la llevemos horas colgando), y su excelente tono. Definitivamente, es una guitarra que mejorará con los años, al igual que cualquier instrumento de la firma.

En el caso de nuestra huésped, Gibson nos ha brindado un instrumento asequible y de calidad, cuyo acabado está diciendo a gritos: “no hay nada como lo tradicional”. Sonido SG, por alrededor de mil euros. Para el roquero perspicaz.

 

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