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Brian May Signature. No sólo para fans de Queen.

Que tire la primera piedra aquel que no haya intentado interpretar un tema de la “Reina” en las seis cuerdas. Aquel que construyo su propia guitarra con un presupuesto de 8 libras esterlinas, y que contribuyó a crear de los mejores temas de rock de la historia, tiene hoy su propia empresa. Tras tantas réplicas realizadas por diversas firmas, finalmente May ha decidido lanzar su propio modelo oficial signature, y además, con un enfoque a todos los presupuestos, dada la filosofía adoptada, de que todo el mundo tiene derecho a disfrutar del sonido y feel May. Pero tengamos en cuenta que se trata de un modelo signature que evoca una leyenda guitarrera. ¿Será una instrumento para meros “freaks” de Queen, o realmente estamos hablando de un instrumento con identidad propia?

Un poco de historia
El origen y ascenso a categoría de leyenda de la Red Special es, sin duda, una de las más impactantes y trascendentales en la historia del rock.

Brian May, con 16 años, al no poder permitirse las Fender® y Gibson® de la época, decidió, con ayuda de su padre, construir una guitarra propia. El mástil es de caoba procedente de una chimenea antigua, el cuerpo es roble con una tapa de caoba, las incrustaciones del diapasón son botones de nácar, el brazo del trémolo procede del cesto de una bicicleta y los resortes del trémolo pertenecían a las válvulas de una motocicleta. Incluso las pastillas fueron hechas a mano (aunque este resultado no agradó a May, y decidió incorporar unas Burns Tri-Sonic modificadas).

Finalmente, tras año y medio de trabajo, y con un coste de 8 libras esterlinas (nótese que la mayor parte del material procedía de material antiguo que la familia albergaba en el sótano de su vivienda), la Red Special surgió. Tras perfeccionar sus acabados, incluso sus compañeros de clase le ofrecieron sus guitarras comerciales como trueque. May, lógica y afortunadamente, no aceptó.

Tras el demoledor éxito de Queen, compañías como Guild y Burns lanzaron al mercado réplicas de la Red Special sin autorización alguna, lo que desembocó en pleitos por parte de May.

Vista la población deseosa de tan codiciado instrumento, y con un enfoque a todas las economías, Brian May creó, junto a su técnico Pete Malandrone y Barry Moorhouse, de House Music, Brian May Guitars. Y su modelo para diestros es el que hoy nos ocupa.

Desembalando
Estamos hablando de una guitarra cuyo P.V.P. es de 799 €, lo que lo sitúa en gama media. La primera impresión es buena: viene con funda. Es blanda, pero bien acolchada (la edición también dispone de un estuche rígido). Viene con un set de herramientas de ajuste, así como la palanca del trémolo.

Tras abrir la funda, descubrimos un precioso diseño casi idéntico al original de Brian May. Y digo casi por ciertos detalles, de mayor o menor relevancia, en cuanto a componentes, pero que han sido sustituidos por otros de gran calidad. Es el caso, por ejemplo, del puente, como veremos más adelante. Nuestra invitada está dotada de un mástil de caoba de una pieza con radio d 7,25”, diapasón de ébano de 24 trastes con incrustaciones blancas, y cuerpo de caoba con caja acústica interior y binding blanco, así como un golpeador de dos piezas (puente/cuerpo). Por otra parte, la escala es de 24”, algo inusual en guitarras de 24 trastes, que se encuentran muy próximos entre sí, incluyendo un traste “cero”, localizado tras la cejuela de grafito. En cuanto a la junta mástil/cuerpo, ha sido ensamblada por encolado.

El golpeador lo he percibido de calidad mediocre, pero ciertamente es un detalle menor, ya que puede sustituirse sin demasiados problemas, en caso de deterioro.

En cuanto al hardware, la cosa pinta muy bien: trémolo flotante Wilkinson con silletas de latón, palanca de trémolo Custom Brian May (emulando la forma del original) clavijero Grover GH 305 de bloqueo, y doble alma.

La electrónica
Otro de los elementos distintivos de esta guitarra. La electrónica descansa sobre el golpeador principal, y consta de tres pastillas simples Burns Tri-Sonic, las mismas que montó May. No obstante, este las modificó con un bobinado diferente y una aplicación de Araldite, salvo la del puente.

En adelante, se hablará de la laboriosa circuitería de esta guitarra, que no va a darnos tregua si nuestro objetivo es aburrirnos. Seguid leyendo, por favor.

Por último, tenemos un potenciómetro general de volumen, y otro de tono.

En nuestras manos: tacto, sonido e impresiones
Nada más colgármela, la sensación ha sido agradable: no pesa excesivamente y está bien equilibrada. Se siente realmente sólida, y preparada para soportar el directo.
Veamos de qué es capaz.

a) AJUSTE DE FÁBRICA
Realmente, es lo único que podría criticarse en esta guitarra, ya que en el resto de cualidades brilla con luz propia. El set-up de fábrica, ciertamente, podría haberse mejorado elevando un poco el cordal con respecto al diapasón. Es obvio que una compañía considera, con buen criterio, que será el músico quien realice los ajustes pertinentes. Pero un buen ajuste, versátil e intermedio, de fábrica se agradece. Tuvimos que subir algo las cuerdas para optimizar su sonido y evitar cerdeos indeseados.

b) UNA CIRCUITERÍA PECULIAR
Una de mis partes favoritas. Como se ha anticipado, consta de tres pastillas simples Burns Tri-Sonic con cubierta de metal, conectadas en serie. El conjunto emula el sistema original creado por May, con 3 conmutadores independientes que activan/desactivan las pastillas, y otros 3 que mantienen/invierten la fase. Puede parecer un poco complicado de manejar en un directo, pero con práctica se controla con facilidad.
Pero sin duda la gran ventaja es la extrema versatilidad que esta configuración permite. Sólo combinando los interruptores ON/OFF de las pastillas obtenemos 7 posibilidades. Si añadimos los inversores de fase, tenemos un total de… ¡22 configuraciones! Ello la convierte en una las guitarras de serie con mayor combinatoria de pastillas jamás vistas.

c) PROBANDO EL INSTRUMENTO
Antes que nada, se procederá a la prueba de la guitarra sin amplificar. Tras el ajuste, algo que destaca de esta guitarra es, sin duda, su sustain. Esto se debe, entre otras causas, a las cámaras acústicas interiores del cuerpo, y el empleo de caoba. Los acordes ejecutados producen una resonancia sorprendente.

En cuanto al mástil, es también algo peculiar. No es excesivamente grueso, y presenta un perfil equilibrado. Eso sí, es bastante ancho desde la cejuela, y no lo veo demasiado apto para manos pequeñas.
Personalmente, me ha resultado cómodo y se presta a la velocidad sin problemas. Respecto a la acción, la permite muy baja, aunque aquí es cuestión de gustos.

Esos 24 trastes en 24” de escala no se me han hecho demasiado pequeños, y lo cierto es que me he sentido cómodo con el instrumento, pues el tacto sobre el diapasón es bastante suave. Es más, la calidad del hardware y la cejuela de grafito hacen que sea extremadamente estable. El puente flotante sin bloqueo de cuerdas me ha parecido muy acertado, pues no veo adecuado el concepto de Floyd Rose en este caso, y se añade versatilidad respecto al trémolo vintage.

Ahora sí. Conectemos la Brian May al previo (un Line 6 X3 Live). No he podido evitar, como era de prever, configurar un preset empleando la emulación del amplificador Vox AC-30. Lo cierto es que, en limpio, la guitarra suena bastante oscura, opaca, y con fuertes medios (debido a la caja acústica) y graves. No obstante, con las pastillas simples, y configurando la EQ del previo puede alcanzarse un equilibrio tonal. He jugado con los conmutadores, y realmente se alcanzan resultados que nos hace distinguir perfectamente cada una de las combinaciones electrónicas. En efecto, imposible aburrirse. Versatilidad absoluta.

Se me ha ocurrido ver qué tal podría emular esta guitarra tonos más propios de Fender®. Tras activar de dos en dos las pastillas, invirtiendo la fase, se puede decir que esta guitarra no se queda corta en este aspecto. Eso sí, no alcanza el twang característico de la firma, pero se defiende sin problema.

Pero ahora viene la prueba de ácido: ¿sonará a Queen si saturamos? Tras incrementar la ganancia, pruebo a activar distintas combinaciones, con las pastillas conectadas en serie sin invertir la fase, y obtenemos un sonido muy grueso, de corte Gibson. Aquí he podido comprobar que el sustain de la guitarra es, en efecto, muy elevado. Y las diferentes combinaciones nos permiten tocar, literalmente, cualquier estilo que se nos pase por la mente (a excepción de estilos de metal extremos, ya que las pastillas no presentan suficiente ganancia).

Tras interpretar algunos temas míticos de la banda, verdaderamente me he sentido virtualmente parte del grupo. Dicho en corto: suena.

Algo a destacar es la inusual proporción escala/número de trastes que he anotado anteriormente. Al ser más corta de lo habitual para 24 trastes, permite una ejecución de bendings masiva y con un extenso umbral de desplazamiento. Ello se suma a la suavidad al emplear el trémolo, manteniéndose el conjunto estable.

Si os fijáis, todo esto responde exactamente al modo de ejecución de May.

Me atrevería a decir que ganaría aún más cuerpo con un juego de cuerdas (uno de los pocos componentes comerciales que May tuvo que adquirir) del calibre 0.011, y le daría más carácter al tono. El instrumento monta un set 0.010-0.046 de serie; un grosor razonable.

Diferencias fundamnetales con respecto a la Red Special Original
Si comparamos punto por punto, en lo que esta guitarra coincide plenamente con el diseño original de May es en el diseño del cuerpo y el mástil.

En el caso de la electrónica, el sistema de switching es el mismo, y las pastillas también (pese a que May las modificó, como se ha comentado).

El puente original es flotante, al igual que en este modelo, como se ha comentado (similar a la filosofía Bigsby, pero menos compleja). Además presentaba una serie de rodillos, a fin de minimizar el rozamiento, y mantener la octavación estable. En la Figura 1 se muestra el perfil de dicho trémolo.

En cuanto a las clavijas, estas son unas Grover GH305 de bloqueo, a diferencia de las de May.

Las incrustaciones no son de nácar, sino material plástico. Un detalle sin demasiada importancia, que contribuye a ofrecer un precio más asequible.

Finalmente, las maderas. El cuerpo, en su totalidad, está fabricado con caoba. El cuerpo de la Red Special original se construyó con roble, y una tapa de caoba. Por otra parte, el diapasón era de roble, pintado de negro. En nuestro caso es ébano (a mi parecer, muy buena elección).

Pero hay una semejanza, que es la más importante: el sonido es muy personal y muy próximo al concepto del tono May. Y mejor todavía, no se limita a ello, ya que esas 22 combinaciones de las que se ha hablado con anterioridad nos da pie a obtener tonos de lo más variopinto.

Conclusión
Lo primero y más importante: nuestra duda ha sido resuelta. Esta guitarra tiene personalidad, es apta para cualquier profesional, y no un mero “juguete” de coleccionista para los seguidores de Queen.

En verdad, y dado que gran parte de las guitarras producidas a lo largo de la historia está basada en los modelos clásicos, me resulta difícil comparar esta guitarra con otra. Esa sensación de exclusividad es una característica intrínseca en la Red Special desde su nacimiento, hace 40 años.

¿Una guitarra bien construida, con clavijero Grover de bloqueo, diapasón de ébano, puente Wilkinson y electrónica formidable por menos de 800 €? Estamos ante una excelente relación calidad/precio.

Sin duda, esta guitarra es la solución definitiva para los amantes de este sonido, y que incluso agradará a los que no seáis seguidores de Brian May. Buen material, buen sonido y mejor precio. We will rock you!

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