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Ibanez DTT700-MGS destroyer. El regreso de un clásico.

Hablar de Ibanez es hablar de rock. Aquel apenas conocido japonés que empezó imitando los diseños de los eternos gigantes guitarreros (ya sabéis a quiénes me refiero), desde fines de los 70 y en los 80, no ha dejado de luchar por consolidar su nombre en el podio de las firmas de guitarras metaleras. Y vaya si lo ha logrado. Desde entonces, no ha dejado de innovar, especialmente en crear guitarras con diseños de mástiles ultracómodos y electrónica orientada a producir rock y metal de todos los calibres. Pero igualmente, a muchos nos encantan los diseños del pasado, especialmente cuando su look y sonido recuerdan a grandes estrellas que hemos admirado.

Pues bien, se nos ocurre pensar en, por ejemplo, Phil Collen o Adrian Smith, et voilà: Ibanez pone en nuestras manos una reedición de la Destroyer. Veamos si esta máquina, recién lanzada de las series X se trata de un producto vintage para los nostálgicos, o si incorpora elementos novedosos.

Desembalando
Tras abrir la caja, nos encontramos con un atractivo estuche rectangular de tólex, al más puro estilo vintage. Esto es de agradecer, pues encontrar estuches adecuados al diseño que vamos a contemplar es harto complicado, además de costoso económicamente.

Finalmente, abrimos el estuche y nos encontramos con el diseño clásico del modelo Destroyer: cuerpo de caoba (los primeros modelos eran de korina y tilo, y los posteriores de fresno -totalmente antagónicos en respuesta sonora-) con silueta Explorer, pero más angulada, lo que le da un aspecto más agresivo. El acabado es el “Metallic Gray Sunburst”, un gris brillante difuminado, degradado desde los bordes negros. La electrónica sigue la configuración de doble humbucker en mástil / puente, dos potenciómetros de volumen y uno de tono, la escala es de 255”, y presenta un diapasón de palo rosa con incrustaciones rectangulares blancas y de abalón, de 22 trastes jumbo y binding blanco.

Por otra parte, tenemos un mástil Wizard II, de construcción neck-through, con cinco piezas de arce y nogal. Esto es una novedad que rompe con el modelo de construcción antiguo, pues aquel contemplaba mástiles atornillados o encolados. Eso sí, en las series de gama alta más recientes de Ibanez encontramos este tipo de mástil multipieza, que está demostrando ser bastante robusto. Y es que, en lo que a investigación de mástiles se refiere, esta firma no tiene igual (sobre todo en el terreno de la velocidad).

En cuanto a la pala, se trata de la típica de Ibanez con las seis clavijas en línea y el logo cromado, acorde con el hardware. Algo propio de guitarras de gama medio-alta se ve reflejado aquí, y es la coincidencia del acabado del frontal de la pala con respecto al cuerpo (Metal Gray Sunburst).

Electrónica
Como hemos comentado, la electrónica consta de dos pastillas humbucker pasivas, al igual que antaño. Lo que sorprende es el modelo de las mismas; si bien son DiMarzio, no son Super Distortion, modelo que, durante mucho tiempo, montaba la posición del puente. Se trata de unas D Activator X, cuyos imanes están dispuestos de forma continua, en barra (ello presenta ventajas en cuanto al espacio entre cuerdas por el puente, pues al ser imán continuo, no distingue entre el de Fender/Floyd Rose y otros). Son pastillas con imán cerámico de elevadísima salida (alrededor de 500 mV la del puente, 300 mV la del mástil), de reciente lanzamiento, y vienen a ser como la poderosa X2N, pero con mayor apertura en frecuencias (en contraposición a las dinámicas, como la Breed), y de agudos más recortados. Todo ello me lleva a pensar que, con un cuerpo de caoba, esta pequeña va a sonar realmente grave y potente.

El selector de pastillas es de las típicas tres posiciones. No se observan conmutadores adicionales que posibiliten nuevas configuraciones del circuito, ni push-pull en los potenciómetros. No obstante, dado el sonido que persigue esta guitarra, no he creído necesarias más posiciones. En cualquier caso, si os interesa aumentar la versatilidad, las pastillas son de cableado cuádruple, así que siempre podéis echar mano del soldador, comprar un potenciómetro push-pull (recomendable de 500 K) y, en poco tiempo, lograréis dicho propósito.

Cabe destacar el marco de las pastillas, fiel reflejo del original, sólo que en esta edición el acabado es cromado.

Hardware
En este caso, también he notado algunas diferencias con respecto al modelo original Destroyer y su versión posterior, el Destroyer II.

De entrada, el puente es un Ibanez Gibraltar Custom de diseño contemporáneo. Consiste en un sistema de silletas fijo, con cuerdas a través del cuerpo realmente estable. Está fabricado con latón, y al igual que el resto del hardware, su acabado es cromado.

Eso sí, no responde a ninguno de los esquemas antiguos, pues aquellos montaban puentes de estilo Kahler, o fijos tune-o-matic, al más puro estilo Gibson.

En cuanto a las clavijas, no son de bloqueo, pero son suaves y parecen bastante sólidas. Pronto averiguaremos lo que pueden soportar y cuánto tiempo pueden mantener la octavación.

Con las manos en el mástil: acción y estabilidad
En guitarras con cuerpos de diseños radicales y angulados, lo primero que evalúo es si existe un equilibrio estética / comodidad. Si una guitarra, por muy atractiva que resulte, no se deja tocar, mejor pasar página.

Este caso me ha resultado satisfactorio en cuanto al equilibrio mástil / cuerpo, tanto si tocamos sentados como colgada, aunque gana bastante más en esta última posición, sobre todo por brindarnos la posibilidad de inclinar la guitarra y evitar que el codo choque contra el ala inferior del cuerpo, con el consiguiente incremento en la comodidad.

El mástil es realmente cómodo, aunque con esta guitarra me ocurre como con todas las que presentan un acabado de mástil glossy, es decir, con mucho lustre: el coeficiente de rozamiento que suponen es elevado, con el consiguiente “frenado” a la hora de desplazarnos por el mástil con velocidad.

Se me ha ocurrido comparar el cutaway de esta guitarra con el de una Gibson Explorer, ya que el diseño es afín. Verdaderamente, es pan comido el acceso a los trastes más agudos en la Ibanez, bastante más sencillo que en el caso de la Gibson, dado el cutaway más bajo, y el diseño neck-through.

Si os ocurre como a mí, que tengo preferencia por emplear el puente como punto de referencia a la hora de tocar, y sois partidarios de que tal puente sea fijo string-through-body, esta guitarra es un alivio. ¿Por qué? A menudo las piezas que constituyen el punto de tensión de un puente fijo (sobre todo tune-o-matic) tienen cantos algo afilados, lo que desemboca en un tacto incómodo. Sin embargo, este puente presenta unas silletas que son una gozada al tacto.

En cuanto al diapasón, he de mencionar que, tal vez debido a que esta guitarra procede de exposición, lo noto un tanto áspero; nada que no pueda solventar una limpieza con aceite de limón, ya que es de palo rosa. Obviando esto, el conjunto mástil-diapasón resulta cómodo y se presta bastante bien a la velocidad, con radio de escasa curvatura en dicho diapasón, lo que permite ceñir bastante bien las cuerdas al mismo. Con ello, resulta una delicia recorrer el mástil a toda velocidad. El mástil Wizard II, con esos 22 trastes a 25.5” de escala hacen que nos alejemos un poco del concepto Gibson, pero eso ya es cuestión de gustos, y está sujeto a mayor subjetividad.

¿Qué puede decirse de la estabilidad? Punto a favor: ausencia de trémolo. Ello, unido a la calidad del puente y unas clavijas decentes, hacen que esta guitarra realmente se resista a quedar desoctavada, incluso atacando fuertemente las cuerdas. Tras hora y media tocando en afinación estándar, noté ligeramente desafinada la tercera cuerda. Pienso que, siendo que acabo de probar la guitarra con el set-up de fábrica, y tomándome sólo un par de minutos para afinar, es toda una proeza que haya un margen de error tan reducido.

Esto nos recuerda otro asunto: el directo. Si bien la guitarra presenta un diseño radical, propio de rockeros y metaleros, al añadirle una buena resistencia a la desoctavación y unas pastillas de lo más salvaje, tenemos el cocktail perfecto en directo, para el greñudo perspicaz.

Para concluir este apartado, debo admitir que si estáis acostumbrados a las Explorers tradicionales, con este instrumento podríais sentiros extraños (no necesariamente incómodos), en especial por tener una mayor longitud de escala, mástil más fino y acceso más fácil a los trastes más agudos, por no mencionar el tipo de construcción. Dicho en corto: de Explorer no tiene más que la forma similar del cuerpo, que tiene 22 trastes, y que luce dos humbuckers.

Sonido
¿Mástil neck-through, cuerdas a través del cuerpo y cuerpo de caoba? Eso es lo que llamamos un más que previsible sustain prolongado. Conectamos la guitarra al Spider Valve 212, ya analizado en ISP.

Comenzamos con el canal limpio, con ecualización plana.

Comencemos con la pastilla del puente ¡Sorpresa! ¿Unas pastillas pasivas de 500 mV y no rompen en limpio? Aquí he comprendido las intenciones de DiMarzio, tras cotejar las especificaciones que he mencionado anteriormente: diseñar una X2N, pero con una pizca menos de ganancia, rebajando las frecuencias agudas y haciendo el espectro de frecuencias más abierto. De esa manera, el sonido no “cruje” por exceso de ganancia y agudos, algo que espero notar con mayor énfasis cuando carguemos con distorsión. Incluso atacando con fuerza, no provoca clips. Los arpegios suenan muy limpios, y como digo, no despunta en ningún momento.

Llegó el momento. Armémonos para la guerra. Canal de distorsión insane, que en el caso de esta simulación digital de Boogie, es la más densa. Incrementamos el nivel de presencia, subimos el volumen, y... Bien, me ha quedado clara una cosa: no es nada recomendable proceder a esto recién salido de la peluquería. El sonido es oscuro, grave, compacto, potente y rico en armónicos. Un tono y resonancia muy propios de la caoba, y con esta pastilla... una verdadera máquina de producir metal. Tras desarrollar trabajo variado, mi conclusión es que el punto de esta guitarra, en especial en la posición de puente, son los riffs pesados, sin que ello merme sus capacidades en otra clase de ejecuciones (solos, arpegios, técnicas de tapping, etc). Y por supuesto, nada de dinamismo. Apertura de frecuencias total.

Respecto a la del mástil, presenta un sonido similar, muy grueso, pero al mismo tiempo dulce, con una ganancia similar a la de una Paf Pro, y se presta bien a la ejecución de solos, especialmente con distorsión de tipo lead y crunch. Un sonido cremoso, pero sin abusar en exceso de los graves. Muy rockera.

Lo cierto es que el potenciómetro de tono general añade versatilidad, pero esta guitarra hay que exprimirla haciéndola brillar para enriquecer el ya de por sí, oscuro sonido. Por ello, lo veo, en cierto modo, prescindible.

Estas pastillas me han gustado por lo que se ha comentado anteriormente: nos acercamos a la caña de una X2N, pero justo cuando va a superar el tone edge, como dirían los angloparlantes, nos detenemos. Buen equilibrio.

Tenemos algo pendiente: el sustain. Esta belleza es capaz de sostener las notas con pinzas hasta el Día del Juicio. La ejecución de bendings muy forzados a lo largo del diapasón me lo ha dejado bien claro.

Por último, he querido comprobar un ajuste que se observa en las especificaciones de DiMarzio. Al parecer, la pastilla del mástil y puente están diseñadas en perfecta concordancia, en materia de volumen. Y en efecto: a igualdad de impedancia en los potenciómetros de volumen (en nuestro caso, son de 500 K) y nivel de los mismos, al conmutar entre la pastilla del mástil y la del puente, se hallan al mismo volumen. Punto a favor para el directo, aunque obviamente, esto podría no contentar a muchos guitarristas, ya que, una vez más, es un aspecto sujeto a subjetividad.

Conclusión
Ciertamente, esta guitarra prueba que no todas las reediciones de guitarras míticas, por parte de sus respectivos fabricantes, deben seguir fielmente el esquema de fabricación original (en la medida de lo posible), y que pueden incorporar elementos modernos. Ello favorece a aquellos que apuesten por diseños vintage, pero con predilección por el sonido contemporáneo.

¿Qué se puede decir respecto al precio? 879 € es una cifra que empieza a superar la barrera de las gamas medias. ¿Y qué nos dan por esa cantidad? Construcción neck-through, diseño exclusivo Destroyer, pastillas DiMarzio supercañeras, un puente robusto, estabilidad, sustain, peso equilibrado, tacto fácil y perfecto acceso a todos los trastes. El retorno de un clásico, con voz moderna ¿No está mal, no?

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