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El miedo escénico

Es muy habitual que el nivel interpretativo en el escenario sea inferior al que se consigue en el local de ensayo. Muchos músicos que conozco, incluido yo mismo, tenemos este conflicto. El llamado miedo escénico está asociado a la angustia que produce hacer el ridículo en público y compromete la autoestima y la confianza.

¿Quién no ha sentido miedo alguna vez en algún momento de su vida? Antes de un examen, ante una enfermedad, ante el fracaso…, una sensación de sobrecogimiento, congoja, alarma, se apodera de uno sin poder hacer nada para evitarlo. Pero, ¿qué es el miedo? Se trata de una manera de vivir el peligro que tiene el ser humano y que actúa como mecanismo de defensa relacionado con el instinto de conservación que, ante los peligros, nos hace reaccionar de manera inmediata y, ante las amenazas, nos permite estar despiertos, vigilantes y concentrados.

Todas las personas que han de dirigirse a un público, especialmente los artistas (actores, músicos, etc.), experimentan lo que se llama el trac. Técnicamente se denomina miedo escénico o ansiedad escénica, y se trata de un estado de ansiedad en el que nuestro cuerpo sufre unos síntomas típicos: preocupación, miedo, aumento de la tensión muscular, insomnio, respiración alterada y algunas veces hasta angustia física.

Una gran mayoría de los músicos que conozco, y entre los que me incluyo, padecemos en mayor o menor medida este estado antes de un concierto en el que tenemos responsabilidad. Suele servir de alivio el saber que grandes músicos que llevan años en la profesión y que poseen una gran experiencia continúan sintiendo este miedo escénico y, sin embargo, ello no repercute demasiado en su ejecución; han aprendido a tocar con un nivel de activación superior al normal. Es evidente que actuar es una habilidad como cualquier otra, y hay que aprenderla. Negar esto nos convierte en músicos incompletos. Una cosa es la capacidad que se tiene de actuar y otra es la capacidad de tocar el instrumento; una siempre va a la zaga de la otra.

La parte negativa es que casi nunca interpretamos tan bien en el escenario como en el local de ensayo. La parte positiva es que conforme se aumenta la capacidad de tocar en el local, la capacidad de actuación sobre el escenario también se aumenta proporcionalmente. No hay que esperar que toda actuación sea la mejor. Es cierto que en cada ocasión hay que esforzarse, aunque no tanto para alcanzar la perfección sino para conseguir consistencia.

Los motivos que producen este estado son variados y, en ocasiones, difíciles de observar: la presión sobre la perfección, la importancia que damos a las críticas de los demás y, muchas veces, la escasa experiencia que muchos músicos tienen de tocar en público, pueden ser, entre otras circunstancias, las que hacen que muchas veces la respuesta de los músicos sea la inadecuada ante un concierto, un examen o un casting. Según L. Orozco y J. Solé en su libro Tecnopatías del músico, donde se estudia detalladamente este tema, “... la aparición de la ansiedad y su importancia vienen condicionadas por multitud de factores, como el tipo de actuación, el ambiente y el nivel de protagonismo. Por ejemplo, el concertista solista clásico puede acusar más la responsabilidad que un miembro de una banda de música.”

Muchas veces intentamos paliar estos síntomas con los fármacos, las supersticiones, etc., siendo la mayoría de las veces totalmente ineficaces. El camino adecuado es el que hace frente a la situación con una serie de pautas que han de irse desarrollando progresivamente con la práctica. Éstas están basadas en el sentido práctico, la experiencia y el conocimiento del comportamiento humano. A unos músicos les irán mejor unas pautas que otras. Cada cual que experimente y que llegue a sus propias conclusiones.

Los distintos niveles de ansiedad
No se puede explicar una sola causa que explique por qué aparece una crisis de pánico, aunque sí se ha demostrado que las personas con un carácter propenso a la ansiedad y a la tensión son más susceptibles de sufrir este cuadro. Las crisis de ansiedad guardan relación con la sensación de miedo: un individuo con una personalidad ansiosa que anticipe situaciones desagradables mantendrá la sensación de miedo.

Existen diferentes grados de ansiedad: algunos suponen un cosquilleo en el estómago que desaparece cuando suena la primera nota. En otros, los sudores y temblores aumentan conforme va transcurriendo la actuación. Evidentemente, hay una escala entre los dos extremos, y padecer un grado más alto o más bajo depende de bastantes cosas: la personalidad, el aprendizaje, la situación, etc. De todas formas, lo mejor no es eliminar esas sensaciones por completo sino minimizarlas y rebajarlas al mínimo deseable, que no estropeen nuestro trabajo, sino que incluso sean capaces de potenciarlo.

Si, antes del concierto, nuestros nervios son de tal grado que sentimos terror más que miedo a salir al escenario, nos será imposible concentrarnos en la música que tenemos que interpretar, sudaremos y tendremos pensamientos derrotistas sobre nuestra inminente actuación, en un estado muy alto de ansiedad. Ésta es negativa e incontrolable y a medida que transcurre el concierto aumenta, haciendo que pasemos un rato tan malo que solamente la idea de volver a repetirlo nos produce una sensación de angustia muy desagradable.

En cambio, si antes del concierto sentimos nervios e inquietud pero, a pesar de eso, salimos al escenario, nos comunicaremos con el público y podremos concentrarnos en la música teniendo la esperanza de que al final todo nos va a ir bien, nuestra ansiedad será la normal, controlable e incluso puede que buena. Cierto grado de tensión es siempre positivo y beneficioso, ya que nuestra mente se pone en estado de alerta, se activan los reflejos y los sentidos se agudizan. Es lo que se llama “crecernos ante el público”, y gracias a este grado extra de tensión podremos ser capaces de mejorar nuestra interpretación en pequeños detalles espontáneos durante la misma actuación.

¿Cómo evitar el exceso de ansiedad?
1.- Lo primero y más importante es trabajar sobre los temas que vamos a interpretar hasta que estemos muy seguros con ellos y nos sintamos a gusto tocándolos. Si esto no es así, todo lo que hagamos para controlar el estrés será inútil. Hay que dedicarse a disfrutar uno mismo y centrarse en la música.

2.- Es buenísimo realizar ejercicios de respiración y de relajación mental y corporal de forma habitual, y especialmente antes del bolo. Para el control del sistema nervioso es importante que la respiración sea pausada y que el oxígeno llegue al diafragma. Recuperar la frecuencia respiratoria normal ayuda a rebajar los demás síntomas. Es bueno recordar que, en cuanto aparezcan los primeros síntomas, es obligatorio distraer la mente en algo que aleje la atención de las señales que se están experimentando.

3.- Hay que mantener la concentración en las cuestiones técnicas a vencer en cada tema, pero sobre todo centrarse en el resultado musical que se quiere transmitir. Es necesario recordar que hay que ser un artista, no un atleta, y que la técnica sólo debe ser un medio para conseguir un fin musical. Ensayar con mucha frecuencia para tenerlo todo previsto y bajo control es muy recomendable.

4.- No estudiar el día del concierto. A lo sumo, tocar con tranquilidad y serenidad el repertorio o parte de éste. Es necesario no llegar cansados al momento del concierto, ya que tenemos que estar frescos y despejados. Es muy importante que nos tomemos tiempo de sobra para evitar cualquier tipo de estrés y procuremos sentirnos en un estado óptimo. Ésta será sin lugar a dudas la mejor manera de rendir y dar lo mejor de nosotros mismos.

5.- Hacer una buena prueba de sonido en el lugar del concierto para probar y acostumbrarnos a la acústica del local y a todos los aspectos que, aunque secundarios, son imprescindibles para evitar sorpresas y nos ayudan a adaptarnos al sitio en cuestión, nos quita un montón de temores y nos relaja psicológicamente.

6.- Otra técnica recomendable es aprender a aceptar los propios miedos, lo que supone empezar a tolerarlos y hacer que el organismo no reaccione con tanta intensidad ante estímulos que se asocien con ellos. Aprender a permanecer en el presente resulta un arma muy eficaz contra las crisis de pánico, ya que tanto la ansiedad como los miedos son producto de la anticipación de futuros eventos desagradables. Por ese motivo, centrar la atención en el aquí y ahora ayuda a eliminar cualquier futuro pensamiento de preocupación. Es importante identificar los pensamientos perjudiciales e irracionales que nos pueden asaltar y sustituirlos por otros pensamientos sanos y lógicos. Algunos ejemplos de pensamientos irracionales que surgen fruto de los nervios y que carecen de cualquier fundamento pueden ser: “Me voy a equivocar de un momento a otro”, “¡esto es espantoso!”, “¡soy débil!”, “me va a fallar la memoria”, “va a ser un p... desastre por los nervios”, “no cometer errores, lo demás no importa”...

Sin embargo, si somos capaces de sustituir estos pensamientos por ideas positivas y razonables, seguro que podemos llegar a un estado de ánimo optimista y prometedor. Por ejemplo: “Me tengo que centrar en la música, en el sonido y en la expresión, ya que es lo único importante”, “a nadie le gusta equivocarse, pero a veces es inevitable ya que no somos perfectos”, “no importan los fallos; lo importante es transmitir al público”,
“he trabajado mucho y tengo los temas dominados”, “quiero disfrutar y VOY A DISFRUTAR”.

7.- A la audiencia debemos mirarla como amigos, no como enemigos. Lo único que quiere es escuchar música y que lo hagamos bien. Consecuentemente, ellos apoyan nuestros esfuerzos y no tratan de minarlos. La gente que no venga a escuchar otra cosa que nuestros errores es digna de lástima, ya que se está perdiendo completamente la música.

8.- En el momento del concierto, no hay preocuparse por el nivel técnico, por los pasajes complejos o por los posibles fallos. Cuando llega el concierto, llegó la hora de tocar, no de trabajar, así que lo realmente importante es que hagamos música y que la sintamos. Y, si cometemos algún fallo, hemos de mentalizarnos de que no pasa nada. Los grandes también los cometen en directo. Lo mejor es quitarle importancia mentalmente y nunca demostrar nuestro desagrado frente al público. En lugar de ello, disimularlo física y musicalmente de la mejor manera que podamos, ya que si nosotros no le damos importancia seguramente el público tampoco se la dará. En cambio, si el fallo nos afecta hasta el punto de que consideremos que nos ha estropeado la interpretación (lo cual nunca es cierto), seguro que nos acaba afectando haciendo que el fallo se note más y rebaje nuestra calidad interpretativa. CONFIEMOS EN NUESTRO TRABAJO Y DISFRUTEMOS HACIENDO MÚSICA.

9.- Cuando toda haya finalizado y nos encontremos con nosotros mismos es cuando debemos evaluar la actuación honestamente y trabajar sobre los problemas que hayamos descubierto bajo el estrés de la actuación. Sobre todo, no nos castiguemos por lo que hemos hecho. La verdadera perspectiva de la actuación no está en lo que esperemos hacer en el futuro, sino en cómo lo hicimos en el pasado. Centrémonos en lo que hemos conseguido y en lo que podemos llegar a hacer en la próxima actuación.

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