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Saca lo mejor de ti. LA ACTUACIÓN: Enfrentarse al público.

La actuación musical es uno de los aspectos más fundamentales en la formación del músico, debido a la enorme capacidad que tiene para motivar tanto al estudiante como al músico profesional, ya que el objetivo que se desea alcanzar está claramente definido. En los interminables años de estudio de la carrera de un músico existe una asignatura que no se imparte ni en los conservatorios ni en las escuelas de música y que para mí es de las más duras, difíciles e importantes:

Qué hacer con todo lo que se sabe y con lo que uno ha aprendido en el momento en el que el músico se ha de enfrentar al público. Los conocimientos adquiridos con tanto esfuerzo y durante tantos años de aprendizaje, el talento natural o la capacidad de mostrar lo que uno es capaz de hacer se pueden ver muy mermados si el intérprete no cuenta con la preparación adecuada para subir a un escenario. La verdad es que es bastante difícil que un profesor pueda explicar en qué consisten las sensaciones que tenemos a la hora de interpretar música ante una audiencia, y no porque no cuenten con la experiencia necesaria, sino porque las sensaciones que se pueden desatar sobre el escenario son múltiples, muy personales y provenientes de diferentes orígenes.

Enfrentarse a un público no es un hecho cotidiano ni siquiera en la vida de un intérprete, sino algo que deriva de una preparación exhaustiva y muchos ensayos, por lo que ha de contemplarse como algo excepcional y, como tal, hay que tratarlo preparándose a muy diferentes niveles. Pero esa preparación no se limita al día anterior de la audición: el auténtico músico lo es las veinticuatro horas del día, todo está inevitablemente conectado y el psiquismo influirá en todo aquello que el intérprete permita aflorar. El carácter, las carencias, las inseguridades, los miedos, etc. encontrarán en el preciso momento de la actuación el lugar idóneo para mostrarse ante todos y ante uno mismo en toda su crudeza. El conocimiento individual, la aceptación de lo que uno es realmente y de lo que uno puede, así como el buen uso de su inteligencia emocional, harán al intérprete libre en este camino en el que el músico no deja de enfrentarse consigo mismo a la vez que se enfrenta al continuo examen por parte de los demás.

La actuación también puede ser muy agradecida, ya que después de habernos sentido protagonistas y tenido la capacidad de enfrentarnos al público, más toda la emoción estrechamente asociada al directo puro y duro, aumenta nuestra autoestima y da sentido a tantas horas de estudio.

Pero, ¿nos hemos detenido alguna vez a reflexionar qué sentido tiene para nosotros los músicos tocar, cantar, dar un concierto delante de un público o formar parte de un grupo? Por supuesto que habrá tantas motivaciones distintas como personas respondan a esta pregunta. Pero si algo podemos decir que es la esencia de esta vocación, el nexo que mueve a tantos y tantos músicos a continuar por este camino es el deseo de crear y la búsqueda de la belleza.

Sin lugar a dudas, el acto de crear (o de recrear) es una experiencia que nos eleva, que nos ayuda a romper con la rutina y que nos llena. También es muy cierto que todo aquel que es capaz de crear algo bello tiene la necesidad de compartirlo con los demás. Este deseo de compartir la belleza descubierta en una partitura o en una composición es inherente a la misma música, puesto que ésta es un lenguaje, y todo lenguaje es creado para comunicar, para transmitir mensaje, emociones. La música se crea para ser escuchada por alguien y el intérprete es un traductor, un recreador del arte para el oyente. Es cierto que hasta que se conoce y se domina un instrumento, la capacidad comunicadora y recreadora está supeditada al progreso en este dominio, pero no por ellos se debe ignorar, sino que debe estar presente desde el mismo comienzo del aprendizaje.

LA PREPARACIÓN PSICOLÓGICA DE LA ACTUACIÓN
Partiendo de la acertada premisa de que la profesión del músico conlleva, desde el punto de vista intelectual, físico y psíquico, una actividad tan exigente como la del deportista de élite, la psicología nos puede aportar recursos para mejorar la práctica de una actividad extremadamente compleja.

1.- La importancia de los pequeños éxitos
El éxito obtenido en cada actuación es mucho más importante de lo que a simple vista nos imaginamos, ya que las impresiones que dejan en el estudiante constituyen momentos muy importantes del proceso formativo de un músico, que van forjando un recorrido que puede llevarnos a muchos y diferentes lugares. La huella que dejan en el principiante es grande, tanto en sentido positivo como en sentido negativo. Cuando la impresión es recibida en sentido positivo, obtenemos un poquito más de seguridad y de confianza con el instrumento, lo que permitirá afrontar la siguiente actuación con mayor ilusión y ánimos. En cambio, si sufrimos la sensación de fracaso, sin duda la seguridad se deteriora, sufrimos un pequeño retroceso y la siguiente ocasión la vamos a vivir con más ansiedad, con inseguridad, pudiendo crearse un círculo vicioso del que pueda costar finalmente salir. Para ir ganando en confianza, autoestima, maestría, etc. con el instrumento en particular y con la música en general es indispensable hacerse con un historial de pequeños éxitos. Para ello es preciso que se den básicamente estos tres elementos:

• Una correcta elección del repertorio.
• Un buen trabajo técnico musical.
• Una buena preparación psicológica.

2.- La preparación psicológica de la actuación
La actitud con la que se realiza y prepara cualquier actividad, y en especial si es artística, es fundamental y determina el éxito del resultado final. Por ejemplo, es totalmente imposible que el público disfrute de nuestra actuación si nosotros mismos no estamos gozando de nuestra interpretación. Y es más difícil que nosotros disfrutemos sobre el escenario si nuestro trabajo ha perdido la magia o el encanto y se ha convertido en una rutina o en una pesadez, o si hemos llegado a tal grado de agotamiento que éste se ha trasformado en estrés o ansiedad.

Algunas actitudes sanas que nos ayudan a combatir el maldito estrés:

.- Es muy recomendable utilizar la energía física y mental con precaución, es decir, alcanzar un estado físico y psíquico óptimo y equilibrado. Nunca debemos dejarnos llevar por un ritmo frenético de clases, conciertos y otras actividades que nos llevan a un estado de estrés crónico. Es muy importante y a la vez difícil saber decir NO y saber planificarse.

.- Desarrollar la receptividad sensorial y sensible.

.- No dejar que la ilusión, la pasión, el enamoramiento por la música se convierta en una rutina, en una obligación más debido al exceso de trabajo y entonces sea imposible “hacer música”.

.- Adoptar una actitud crítica pero enriquecedora, es decir, ser capaces de reconocer tanto los méritos propios como los ajenos y de valorar cualquier cosa hecha con esfuerzo y cariño.

.- Disfrutar de las facetas más lúdicas y más informales que tiene la música con la intención de favorecer y desarrollar la desinhibición, la creatividad, la espontaneidad.

.- Es muy importante y necesario adoptar una actitud positiva ante los fracasos y aceptarlos como una oportunidad de crecimiento personal, necesarios e imprescindibles para lograr el éxito.

.- Desarrollar nuestra personalidad, crecer como personas y madurar. Para ello es necesaria una buena dosis de humildad y de voluntad.

LA LUCHA CONTRA LA INSEGURIDAD
Muchas veces se da el caso de una persona que es trabajadora, que tiene sensibilidad musical y buena capacidad para realizar una interpretación brillante, pero sufre de ciertas trabas psicológicas que no le permiten expresar sus capacidades frente al público y le impiden dar el máximo de sí mismo. La gran mayoría de las veces este problema lo achacamos a los nervios excesivos o a lo que ahora se denomina “pánico escénico”. Pero, en realidad, el problema de fondo suele ser otro cuyo resultado es la aparición de esa ansiedad negativa consecuencia de un sentimiento de inseguridad, de tener poca estima en lo que se hace, de preocuparse demasiado por la opinión del público, de confundir nuestra valía con nuestros logros o fracasos temporales.

Está claro que ser perfeccionista es importante, ya que nos proporciona el impulso para mejorar y, lógicamente, esto es muy bueno y necesario. Pero lo preocupante es cuando este afán de perfección nos impide ver todo lo positivo que hacemos y sólo nos potencia los defectos como si se trataran de grandes atrocidades que cometemos. Este tipo de sentimientos no valen para nada. Lo único que conseguimos con ellos es cargarnos de ansiedad y de inseguridad, a parte de privarnos del placer que conlleva hacer música. Es muy importante confiar en nuestras capacidades y creer en nosotros mismos. Hace falta mucha confianza en uno mismo y en todo el potencial que tenemos dentro.

Debemos cultivar la autoestima. El profesor Gerardo Castillo, en su libro La rebeldía de estudiar, lo describe muy bien: “La autoestima de la que te estoy hablando no es autocomplacencia; tampoco es egolatría o vanidad. Es, simplemente, confianza en sí mismo, en las propias posibilidades. Se trata de una confianza necesaria para andar por la vida. Una persona que no cree en su capacidad para hacer lo que tiene que hacer es una persona insegura. Y deberá luchar contra esa inseguridad si quiere ser eficaz en el ejercicio de sus derechos y deberes. Un estudiante con autoestima cree en la capacidad de aprender por sí mismo y de aprender cada vez más y mejor”.

Es necesario tomar decisiones interpretativas con valentía o, lo que es lo mismo, interpretar con seguridad y convicción. Esto forma parte del alma mater del verdadero artista, es lo que le lleva a desear la comunicación, a progresar.

Cuando estudiamos un instrumento tenemos que tener muy presente que supone una inversión con resultados a medio o largo plazo y que se necesita bastante tiempo para ver los progresos. Por lo tanto, es muy conveniente cultivar la paciencia.

Como dice el gran baterista Gavin Harrison, hay que ser brutalmente honesto con nosotros mismos. Esto es: saber cuáles son nuestras cualidades, que es lo que nos diferencia o nos hace distintos del otro y sobre todo cuáles son nuestros puntos débiles. Sabiendo esto podemos potenciar todo aquello que nos gusta de nosotros e intentar mejorar, corregir o disimular aquellos defectos o particularidades de nuestra faceta musical que más flaquean.

TOCAR PARA LOS DEMÁS
La esencia de un músico es tocar para los demás. Si perdemos de vista el verdadero sentido de nuestra vocación también la música dejará de tenerlo. Tengamos siempre presente el objetivo principal que queremos lograr con nuestro trabajo, que es emocionar y emocionarnos; crear belleza y ofrecerla al público.

Como dice Mª Angeles Manresa en su libro titulado La actuación musical: “No desaprovechemos esta maravillosa y fascinante oportunidad que se nos brinda y que no muchas personas poseen: la de conectar, comunicarnos con los demás mediante el lenguaje más bello que ha creado nunca el hombre: LA MÚSICA.”

 

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