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Peavey Zodiac BXP, peso medio y bastante equilibrado

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En los años 70, empezamos a familiarizarnos con el nombre Peavey, asombrados por la calidad de sus amplificadores y aplicados a las guitarras y bajos que, por entonces, utilizábamos. En un principio sus circuitos usaban válvulas, pero la potencia y claridad acústica que con ellos notábamos nos parecía que se distinguían mucho de entre los del resto fabricados en esa época. Y nos sugería un irrefrenable deseo de conseguirlos, aunque eso tenía cierto privilegio, al alcanzar estos un coste que, por aquel entonces, parecía un poco alto. Peavey consiguió ser reconocida como una empresa de gran prestigio y calidad, que se hizo más poderosa aumentando la cantidad de sus modelos y tipos de productos. Entre ellos, presentó toda una saga de guitarras eléctricas que, igualmente, nos interesaban a muchos.
Peavey Electronics fue fundada en 1965 por Peavey Hartley (en ese momento recién salido de la universidad) y como él mismo manifiesta, enamorado de los diseños de Leo Fender, cosa que se nota mucho precisamente en este modelo de bajo Zodiac BXP.

Actualmente, Peavey tiene registradas más de 130 patentes internacionales, cuyos más de 2.000 productos resultantes se fabrican desde 33 centros principales, algunos situados en el Extremo Oriente y distribuidos por todo el mundo en 136 países (España incluido).

Muchos modelos de bajos
Hoy me toca aquí probar una de su nueva serie denominada ZODIAC y, en concreto, su BXP (otro tipo de esta serie la denominan SCORPIO).

Pero Peavey tiene en su catálogo muchos más modelos en otras series de guitarras-bajos, por supuesto, con diferentes características y para casi todos los gustos entre los músicos.
De entre esas otras series que fabrican, son de destacar las GRIND BASS, MILLENIUM (también de cinco cuerdas) y la CIRRUS (igualmente con cuatro o con cinco cuerdas).

Características del Zodiac BXP
Este modelo que tengo ahora entre mis manos me recuerda mucho al diseño original del Jazz Bass de Leo Fender, pues incluso las palas de sus afinadores son similares a aquellas más primitivas con esa forma ya en los años 60.

Aquí el cuerpo está construido con madera de aliso, mientras que su mástil está hecho con madera de arce, siendo su largo el ya estándar de 34” (864 mm), con los típicos 21 trastes. Su diapasón es de palisandro.

Fue precisamente Leo Fender quien estableció que la extensión o el largo del mástil de la guitarra-bajo fueran de 34”. Para ello, tomó entonces las medidas de un violonchelo que tenía en su estudio. Y por supuesto que Peavey Hartley le ha sido también fiel a esa idea, al igual que la mayoría de los demás fabricantes.

Al BXP, ahora en mis manos, le han instalado cuerdas D’Addario del agradable tipo de entorchado medio, como a mí me suele gustar usar.

Sobre su cuerpo hay visibles dos pastillas que parecen tres, porque la más cercana al mástil va partida en dos mitades y, cada una de estas, situadas a distinto nivel, con el fin de obtener unas mejores frecuencias graves para las cuerdas 1 y 2.

Se trata de una guitarra-bajo pasiva, es decir, que no contiene en su cuerpo alimentación eléctrica con pilas, ni circuitos electrónicos como las “activas”, sino tan sólo lo esencial entre los potenciómetros, las pastillas y el jack de salida de señal hacia el exterior; eso sí, la construcción de ese sencillo circuito es muy fiable y difícilmente asediado por averías.

El color del cuerpo se parece también mucho a los de los primitivos acabados de Fender, con los bordes más oscuros y degradando ese tono hacia otro de color madera sólida, pero más clara que esos bordes.

El puente es sencillo, pero seguro que muy eficaz, con sus tornillos de ajustes muy accesibles, por si se necesitara retocar alguna vez su octavación, dependiendo, por ejemplo, de si le instaláramos otro juego de cuerdas con diferentes características a las antes mencionadas. En este momento su ajuste original desde fábrica no necesita retoques. No obstante, como detalle del fabricante, junto a esta guitarra adjuntan un juego de llaves Allen, para que se adapten bien esos tornillos; también le añaden, de cortesía, un cable con jacks por ambos extremos de 1/4”, para unir esta guitarra a nuestro amplificador preferido y así probarla de inmediato.

Todos los herrajes metálicos van cromados en un color blanco brillante y resplandeciente.
Sobre la tapa del cuerpo también aparecen tres sencillos, pero eficientes, potenciómetros; suaves al tacto cuando movemos su torsión. Dos de esos potenciómetros controlan el volumen de señal entregado por cada una de las dos pastillas, mientras que el otro potenciómetro ajusta el control de tono para ambas pastillas conjuntamente, haciendo que esta guitarra suene con más agudos o más graves, según los temas que interpretemos. Se notan bastantes diferencias de sonidos cuando nos movemos sobre este potenciómetro.

Este modelo está fabricado en China (siempre supervisada su elaboración y el control de acabados por los ingenieros de la central de esta compañía desde EEUU).

En este ejemplar que ahora está entre mis manos, noto una agradable suavidad al deslizarme sobre su mástil, que tiene un color de madera clara y se le nota un buen barnizado.
Al probarlo, noto agradablemente que ese mástil tiene cierta flexibilidad, según la presión lateral que le ejerzamos, logrando así alterar o “apalancar” el tono de algunas de las notas que podamos interpretar en algunos momentos ocasionales que así apetezca, como un matiz de expresión musical y que, sin duda, más de una vez nos gustará experimentar.

Su diapasón contiene unos señalizadores incrustados en color oscuro, que contrastan muy bien dentro de ese conjunto, consiguiendo así ser muy eficaces para su control visual.

El cable se inserta, como es lo más típico, por el borde del cuerpo y hacia abajo.

La cejuela parece construida con una madera oscura muy dura que, en definitiva, le proporciona una cierta calidez al sonido.

Parece, en general, un instrumento con un peso medio bastante equilibrado y fácil de adosar entre el abrazo del músico que lo use, incluso en posición de sentado y sobre las rodillas. Tiene un ruido de fondo prácticamente nulo que se agradece.
Como su mástil es algo aplanado, aunque de un ancho “normal”, se abarca muy cómodamente bajo la palma de la mano y deja ejecutar a los dedos sobre su diapasón confortablemente.
Se ofrece en otros colores, como el negro, el “solar” y el blanco. Dice el fabricante que lo ofrece con una garantía ilimitada de cinco años. Se puede adquirir en cualquier tienda de España y, si en un momento dado no lo tuvieran en existencia, asegura que igualmente te lo proporcionarían.

Ante un Analizador de Frecuencias
Como viene siendo costumbre en mis bancos de pruebas, que desde hace mucho tiempo realizo para esta revista ISP, he sometido la señal eléctrica emanada desde esta guitarra directamente hacia un analizador espectral de frecuencias, para ver cómo estas se comportan de un modo global (pero cuerda a cuerda) en cuanto a su calidad en graves, medios y agudos, que luego podrán sufrir otra transformación a nuestro gusto, cuando llegue al ecualizador de nuestro preamplificador o al equipo electrónico, por donde amplifiquemos su señal definitivamente.

Esta prueba mía particular no mide en absoluto el nivel de volumen que proporcionan sus pastillas, sino tan sólo su comportamiento respecto a sus frecuencias entregadas.
Para ello, he situado sus tres potenciómetros a su valor máximo (hacia la derecha) y a continuación he pulsado cada cuerda “al aire”, registrando al tiempo todos los valores obtenidos sobre una base de datos, y luego, finalmente, he obteniendo con ellos la gráfica que aquí presento.

En esta gráfica hay dos valores relacionados entre un volumen entregado y las correspondientes frecuencias que, en cada caso, manifiestan desarrollarse mejor cada cuerda.
Esas frecuencias establecidas no son exactas, sino bandas de aproximación dentro del espectro acústico que podemos percibir mejor con nuestros oídos.

Así pues, si ahora echamos un vistazo a ese gráfico adjunto, contemplamos el resultado que abarca un amplio espectro de frecuencias audibles, destacándose en general mayor intensidad en las bandas en el entorno de los 120 Hz que, en efecto, bien podrían representar a las notas bajas por donde se mueven las notas en clave de fa que suele interpretar el contrabajo, pero aún se extiende más su buena dinámica, en especial en los agudos que puedan alcanzar las notas musicales que salgan desde la prima (primera cuerda), llegando a superar los 7500 Hz.
En todo caso, esta toma de referencias, que es “lineal”, luego podrá forzarse mediante la aplicación de un ecualizador externo, para ampliar esas bandas de frecuencias si se pensara fuera necesario para casos especiales, pero como vemos, por ejemplo el bordón (cuarta cuerda) va muy sobrado de graves, por encima y rebasando el umbral que un oído fuera capaz de percibir (normalmente no por debajo de los 20 Hz).

Probándolo conectado a un amplificador
He conseguido ajustes muy diversos y diferenciados de sonidos, según jugaba con la combinación en mis movimientos sobre sus potenciómetros. Y, por supuesto, influye en los resultados de sus sonidos la forma de pinzar las cuerdas, así como el lugar en donde eso se realiza (más o menos cerca del puente o del mástil).

Lo normal es usar los dedos sobre sus cuerdas, y según varias técnicas. Yo suelo usar en muchas ocasiones la púa para “arrancar” un sonido “punzante y redondeado”, como con este ejemplar sí es posible de obtener, ya que, al ser rico en sus frecuencias del entorno de los 120 Hz (suele ser habitual que las guitarras-bajo tengan su “punto crítico” a frecuencias un poco más altas, por ejemplo entorno a los 350 ó 400 Hz) facilita un resultado “profundo y con cuerpo”. Y por supuesto, todo eso sigue sujeto a luego incorporarle los instrumentos electrónicos, como los ecualizadores de un preamplificador o las gamas de sonidos con que se colorean los resultados mediante pedales o procesadores externos, a donde la señal, desde este instrumento, no ha de llegar forzada, sino más bien desahogada y con bajo nivel de ruido de fondo indeseable.

Yo que soy también un amante de los diseños del legendario Leo Fender (como igualmente manifiesta el creador de esta marca, quien parece que siguió sus pasos pero, por supuesto, poniendo su “granito de arena”), me veo “como en casa” utilizando este modelo que, en muchas cosas, me recuerda a aquellos Precision o al Jazz Bass de Leo.

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