IGNACIO MARTIN SEQUEROS
El tipo de música que pretendamos ejecutar, es una razón preferente e importante como para determinar la compra de un bajo (sería más correcto decir guitarra-bajo). Si quisiéramos movernos con música de varios estilos, probablemente deseemos probarlo diferentes configuraciones, de modo que resultara versátil. Conozcamos mejor el instrumento y analicemos algunas de las posibilidades.
¿Y como se llegó hasta los actuales diseños?
Ya en los siglos XVII y especialmente en el XVIII, el contrabajo era imprescindible entre las “Orquestas de Cámara” que se admiraban en los salones de conciertos por todo el mundo.
Entonces, el “Contrabajo” era esa especie de “violón grande” que se apoyaba sobre el suelo, mientras el músico lo tocaba de pie todo el tiempo. La mayoría de ellos solo contenían tres cuerdas, constituidas desde tripas de animal desecadas y estiradas adecuadamente.
Fue durante y ya bien adentrado el siglo XX, cuando este instrumento sufrió enormes transformaciones, hasta llegar a los miles de modelos tan distintos que hoy podríamos adquirir.
Una primera novedad que se le incorporó, fue el añadirle una cuarta cuerda para conseguir con comodidad llegar a notas más graves y profundas desde su partitura en clave de FA.
Cuentan que un músico llamado Bill Jonson en 1911, mientras actuaba en EEUU con la Orquesta “Orginal Croele Band”, de pronto, se le rompió el arco con que tocaba a las cuerdas de su contrabajo (como siempre se hacía hasta entonces), pero con toda “naturalidad y sin inmutarse”, siguió interpretando la partitura, haciéndolo sobre las cuerdas con sus propios dedos, lo que originó un nuevo estilo de hacerlo sobre este tipo de instrumento y descubriendo con ello a muchos otros músicos, una importante forma “percusiva” de atacar con más impacto y ritmo a los sonidos obtenidos desde el contrabajo. Nuevo estilo que más tarde se aplicó para mejor realzar a la nueva música de jazz que por entonces empezaba a ser gran novedad.
No obstante, aunque Bill se hiciera famoso entre los músicos por esa anécdota, se considera que realmente el primer destacado como ejecutante importante de música de Jazz en EEUU, fue Pops Foster que por los años 30 tocaba con King Oliver y más tarde con el propio Louis Amstrong aunque este luego, integrara e hizo famoso en su grupo al contrabajista Jimmy Blanton.
La “Zona Oro” del genuino Jazz y las aclamadas “Big Band” transcurrieron alrededor de los años 40, siendo entonces el más afamado contrabajista, Charles Mingus que actuaba por ejemplo con orquestas como la que dirigía Duke Ellington.
La llegada de las guitarras eléctricas.
Aunque a algunos les parezca increíble, ya en 1932 se registró una patente bajo el nombre de “guitarra eléctrica” y de la mano de Adolfo Rickenbacker quién había adosado una primitiva pastilla fonocaptora bobinada a mano, sobre su guitarra con caja convencional, causando un enorme interés entre muchos otros músicos, al conseguir mediante su amplificación (con rudimentarios amplificadores similares a los entonces empleados en los aparatos de radio), elevar su sonido dentro de una orquesta, tan destacada como los instrumentos de viento que por entonces llevaban el peso de las melodías dentro del conjunto. Luego, desarrolló sus diseños, convirtiéndose en afamada fábrica de guitarras a la que le siguieron otras desde entonces, como fue las de la marca Gibson que lograron diseños aún mas avanzados.
Y aparecen las guitarras-bajo
A algunos otros lutieres, se le ocurrió también la idea de adosar pastillas eléctricas a los contrabajos tradicionales, e incluso, comenzaron a diseñar “cuerpos” de esos “nuevos instrumentos”, más adelgazados o estilizados y con ello de menor peso y más fácil transporte.
Leo Fender, a finales de los años 40, abrió una pequeña tiendecita donde reparaba guitarras de esos y otros fabricantes e incluso a algunas les modificaba algunas de sus partes y también le sustituía la pastilla por otra de su propia fabricación, consiguiendo unos resultados que a muchos músicos le entusiasmaban. Tal éxito con sus intervenciones le causó también una gran demanda y en especial cuando desarrolló su propio diseño, empleando “cuerpos de madera sólida” en lugar de “huecas” (como los diseños españoles) que por entonces era las que estaban a la venta. Incluso la propia Gibson se mofaba de tal atrevimiento... Pero los músicos advertían que las de Leo, no solo tenían “mas pegada”, sino que tampoco sufrían acoples junto a los amplificadores “subidos de volumen”. Finalmente Leo abrió con éxito su fábrica Fender® con los éxitos que hasta ahora seguro conoces.
Es verdad que los instrumentos con cuerpo hueco también son más ligeros de peso y que con el tiempo han mejorado su calidad en las pastillas para impedir tales acoples, pero lo cierto es que hoy se venden más guitarras con cuerpo sólido o macizo que las de con cuerpo hueco.
Tras el éxito con sus novedosas guitarras eléctricas, Leo se atrevió a ser pionero en otro nuevo de sus diseños, creando por primera vez un contrabajo con la forma de guitarra. Y para ello, tomó como referencias el tamaño de un violonchelo que rodaba por su estudio, fijándole un largo de escala para su mástil de 34 pulgadas (34”) y por supuesto, con el cuerpo macizo de sus éxitos anteriores en sus propias guitarras por él diseñadas, dando lugar a su modelo “Precision” (decía que “por fin con este diseño se podía tocar el contrabajo con precisión, al contener trastes su mástil...) Casi dos años más tarde, perfeccionó tal modelo, sacando su nuevo “Jazz Bass” que ya contenía dos pastillas en lugar de una, un mástil más estilizado y otros refinamientos. Eran ya los principios de los años 60.
Desde entonces, muchas otras fábricas siguieron marcados por esos diseños de Leo, pero tratando también de incorporar sus propias iniciativas, tanto en las formas estéticas, como en los componentes aplicados.
Especialmente desde los años ochenta, el aluvión de marcas y modelos ha sido enorme por todo el Mundo y sobre todo, al encargar su manufacturación a Chinos, Mexicanos y de otros países que se han expansionado de manera explosiva, pues los propios norteamericanos o los alemanes por ejemplo, les han encargado masificar su producción, pero siempre bajo su vigilancia, marcación escrupulosa de los acabados y según sus normas y pautas a seguir.
Ello ha significado un importante abaratamiento de costes que ha permitido, sean mucho mas asequibles a una inmensidad de músicos, pues no se merma la calidad en tales productos.
Pero siguen existiendo esos “puristas” que los prefieren siga en ellos poniendo “made in USA”, lo que le ocasiona un incremento considerable en su precio final. Y curiosamente, se da la circunstancia de que esas fábricas afincadas en EEUU, puede que monten sus acabados en su País, pero algunas de sus piezas que colocan en las “made in USA” (pastillas, botoneras, circuitos activos e incluso partes de madera) están ensambladas en esos otros Países antes comentados, estampando finalmente su marca como “terminados en USA”...
Una continua evolución
En los años 60 descubrieron músicos y fabricantes lo importante que podría significar el colocar unos u otros tipos de cuerdas en sus guitarras, por supuesto que metálicas en las eléctricas, para que las pastillas fonocaptoras recogieran una señal más óptima. Durante los años 70 surgió un mundo importante sobre este tema y que sucesivamente se ha incrementado notablemente en su oferta. Es importante saber el estilo de música que se desea interpretar para elegir las más apropiadas, como los corredores de coches lo hacen con sus ruedas para obtener los resultados idóneos.
Los primeros modelos de bajos eléctricos de Fender®, tenían una tapa que cubría al puente y debajo de la misma, entre ella y también “pisando a las cuerdas”, contenían una pequeña esponjita, cuya misión era la de amortiguar un exceso de armónicos o vibraciones extra, dejando al sonido algo más opaco para simular el que emanaba en los contrabajos tradicionales. Pronto, los músicos descubrimos que era mucho más racional eliminar dicha tapa, pues también podríamos jugar con ese “extra de armónicos”, prolongando también la duración de los sonidos producidos, cuando al tiempo, cuando lo deseáramos, podíamos amortiguar a nuestra conveniencia tales resultados, simplemente, rozando con otros dedos sobre las cuerdas. Además, los sonidos parecían mas brillantes y atacantes como a muchos nos gustan, por ejemplo por parecer con mas percusión o ritmo. También es posible si se desean amortiguarlos (al ejecutar quizá ciertos temas de jazz), usando por ejemplo su ajuste mediante los correspondientes controles de tono (entre la botonera del instrumento)
Formas de tocar un bajo
En los años 60 se solía usar una púa para pulsar las cuerdas, tanto en las guitarras, como en los bajos, cosa que en este último caso fue por muchos desechado al encontrar otras formas de hacerlo con los dedos – finger- (de la mano derecha en los diestros), bien golpeándolas –slap- con el pulgar, usando alternativamente dos o más dedos, incluso practicando hasta obtener amplias posibilidades, pellizcándolas con los cinco dedos, lo que acaba proporcionando una mayor virtuosidad y velocidad que algunos temas si pudieran requerir. Hay grandes maestros como Victor Wooten que usando sus cinco dedos sobre un bajo de solo 4 cuerdas, parece imposible que haga tantas cosas juntas y tan rápidamente (melodías y acordes)
Cada uno será libre de escoger la forma con que desee pulsarle y depende mucho del estilo de música que se desee interpretar.
Con 4, 5, 6 ó mas cuerdas...
Los que más suelen usar los bajistas, contienen las 4 tradicionales. Algunos prefieren hacerlo sobre un modelo de 5, pues así puede dar notas hasta “una quinta” (5 semitonos) por debajo del tradicional MI de un bordón (en el de 4).
Otros, optan “solear melodías” usando una sexta cuerda que le amplía “otra quinta” por encima de la quinta, valga la redundancia, acercándose más a los tonos de una guitarra eléctrica convencional.
Algunos afinan las cuerdas extras del bajo en formato ampliado, de forma distinta para conseguir resultados que piensan son especiales para ellos. Y los hay que hasta encargan bajos con siete o mas cuerdas... Esto supone un mástil más ancho para contenerlas y con ello cierta dificultad para separar las mismas, y complica el hecho de abarcarlas adecuadamente según el tamaño de nuestras manos. Por algo abundan más los cuatro cuerdas...
Circuitos activos
Se desarrollaron principalmente desde los años ochenta, consiguiendo con ello aumentar la señal generada desde las pastillas, así como ecualizarla generosamente de forma ampliada para así luego tener mejores recursos en nuestro sonido, cuando esa señal ya llega a la etapa de potencia del amplificador o antes al “preamplificador”.
Cada vez son más los bajos que lo incorporan. Circuito generalmente alimentado con una pila de 9 voltios que suele alojarse en la parte trasera e interior del cuerpo de la Guitarra-bajo. En algunos casos llega a usar hasta dos pilas (18 voltios) o variantes con que tratan de innovar algunos fabricantes. Hay modelos que parecen no necesitar tales circuitos, por ejemplo, al usar pastillas “mejor” diseñadas.
Pastillas
¡Con la Iglesia hemos topado...! Ese es un tema de bastante importancia para obtener buenos resultados en la consecución del sonido deseado.
Es frecuente ver los bajos equipados con dos pastillas (que a veces parecen tres...), una más cercana al puente que proporciona mas “ataque en agudos” y otra cercana al mástil que procura mas graves o “relleno de sonidos”.
Como en la guitarra eléctrica convencional nos encontramos, también en el bajo, dos tipos de pastillas. Denominadas: humbucker y las llamadas single coil.
Las humbucker contienen dos bobinas con polaridad invertida, consiguiendo así minimizar el ruido de fondo indeseado y posibles interferencias con señales de radiofrecuencia que podrían llegar, simplemente por chasquidos lanzados desde interruptores de luces externas, desde ordenadores o pantallas de tv y que se encuentren en los entornos del bajo.
Su nombre deriva de “hum” o “zumbido” que suele generarse entre los 50 ó 60 Hz.
La primera de este tipo ya fue inventada por Seth Lover (ingeniero de Gibson®) en 1950.
Las pastillas single coil se definen como las de “bobinado simple” y creadas con un hilo metálico que va enrollado alrededor de un núcleo metálico. Y consta de 4 polos (uno por cada cuerda) iniciada su construcción masiva por Leo Fender. Estas producen un típico sonido brillante “con cuerpo” (como en las guitarras Stratocaster® de Fender®), usándolas en su día guitarristas de la talla de Jimi Hendrix cuyo sonido característico con estas pastillas generaba ese llamado “feedback” o prolongaciones de sonido que tanto entusiasmaba en sus conciertos.
Hay una verdadera pugna entre la idea de cuáles de entre estos dos tipos son las mejores...
Algunos comentan que al instalar dos humbucker separadas y al estar sus bobinados invertidos, llegan a anular a algunas de las frecuencias o al menos las “matiza” en lugar de destacarlas. Pienso que para corregir esa posibilidad, los ecualizadores siempre podrían ayudar a corregir “ese problema...”, mientras que a cambio si obtendríamos una excelente calidad de señal/ruido, eliminando del mejor modo posible los zumbidos indeseados.
Presupuesto
Si no existieran tantísimos modelos de bajos eléctricos dejaría de ser la pregunta “del millón”. De otro modo, nadie es mejor que uno mismo como para medir su bolsillo... La oferta es enorme y la competencia de precios muy agresiva.
Probé modelos “made in China” que le dan “vueltas” a muchos otros de marcas reconocidas “made in USA”... aunque no haré sangre con el asunto hoy.
Entre los modelos sin estrenar, los hay bastante decentes desde unos 275 € pero por supuesto, no “made in USA”. Otros pasan de los 2.000 € y entre medias, cientos de ofertas.
Mi consejo es que pruebes los que puedas, diferentes y entre distintas tiendas antes de decidirte.
Particularmente soy un enamorado del fragante sonido que emanan los bajos sin trastes o fretless. Parecen “de otro mundo” y son musicalmente más difíciles de usar. Otro día hablaremos de ellos.
01/06/2010