Román Vega
Un eterno debate que pulula entre los músicos, creadores e intérpretes. Preocupación que se convierte en interrogante. La cabeza del músico bien entrenado tiende por naturaleza a buscar creaciones que le satisfagan. Por esta razón, suele producirse una complicación estructural y de ejecución en las canciones. ¿Cuál es el camino más adecuado? ¿En qué debe basarse nuestro trabajo? ¿Está bien o mal complicar la composición? ¿Hasta qué punto es más importante ejercitar la técnica que buscar el alma en una canción?
Tras compartir opiniones con diversidad de músicos y creadores, también de otras disciplinas, me he decidido a escribir este artículo. Evidentemente no hay acierto pleno en ninguno de mis comentarios. Tampoco un camino cierto a seguir, puesto que al tratarse de algo subjetivo, las posibilidades válidas son abundantes. Distintas para cada cual.
Está claro que cada creador encuentra la satisfacción en puntos distintos. En cualquier caso, mis reflexiones intentan estar al margen de las necesidades comerciales, puesto que éstas pueden afectar considerablemente al trabajo creativo. Hoy quedan fuera.
Como expresaba al inicio del texto, la cabeza del músico bien entrenado suele necesitar de ciertas complicaciones técnicas para sentirse satisfecha con el trabajo realizado. Por una parte tal vez se encuentren los menos experimentados que necesiten “demostrar”, en una canción, todo lo que son capaces de hacer. Generalmente suelen hacerlo mal, pues intentan hacer cosas que aún no dominan. Por otra estarán aquellos con gran nivel técnico y que generan música extremadamente compleja. Da igual si es en formato jazz, fusión o heavy metal sinfónico. En este segundo caso, suele ser una necesidad. El músico de “cabeza compleja” y “profundo entrenamiento” puede aburrirse como un hongo tocando rasgueos comerciales pegadizos.
Sin embargo, en ocasiones me he encontrado creadores con gran experiencia musical y con cierto desinterés por el desarrollo técnico. Inicialmente, no entendía este concepto. O más bien pensaba que las canciones generadas por este tipo de artista carecían de interés musical. Estaban faltas de riqueza técnica. Demasiado sencillo. Con el paso del tiempo fui dándome cuenta de la importancia del matiz. En ocasiones, lo que parece más sencillo es, con diferencia, lo más difícil de conseguir.
¿El artista vs el instrumentista?
Tal vez deberíamos diferenciar al instrumentista del artista. Aunque en algunos casos podamos encontrar los dos conceptos dentro de un mismo personaje. No es nada extraño (diría incluso que es habitual) encontrar una banda en la que un miembro tira creativamente de todos los demás. Muchas veces (no siempre) éste no es para nada el que más toca. Es el que presta al grupo el carisma, la energía, la magia de las canciones. En muchos de estos grupos suele haber otra figura que es el miembro que más toca de todos. Suele encargarse de los arreglos y de los “lucimientos” en los solos que dan caché técnico a los temas. Con un gran atrevimiento por mi parte, diría que la primera figura mencionada podría ser el artista, y la segunda el instrumentista.
En el estudio
Otros casos. Me ha pasado muchas veces. Llegar al estudio y escuchar de algún productor, y en una voz baja para evitar dañar orgullos, que tal y tal miembro del grupo entorpecen la grabación por querer hacer imperar sus complicados estilos. “La banda necesita frescura”, “tanta complejidad agarrota el tema” etc., etc.
Por estas razones, el productor suele preferir tener al artista a su vera, y contratar a músicos profesionales (mercenarios) que se dejen llevar durante la grabación (y que no estén ni quieran estar en la mezcla). El objetivo, llevar a buen puerto la grabación/producción. Sin discusiones ni extraños. Evidentemente, cada “mercenario” tiene su propio estilo, por flexible que sea. El productor suele elegir al más conveniente para el trabajo que se va a realizar, aunque sin duda siempre prima la flexibilidad. Se requiere de profesionalidad para saber que, a veces, lo que un tema necesita es simpleza.
Sobre bandas
Existen bandas completas con perfiles completamente opuestos. Grupos que saben que nunca serán una banda de jazz fusión (ni quieren). Su ambición técnica es moderada, y centran su atención en la creatividad, en el mensaje de las canciones y en que la banda suene compacta. Que sea sencillo no quiere decir para nada que suene mal. Muchas veces este tipo de grupos son los que tienen directos más potentes. En cuanto a empaste y pegada del directo.
El polo opuesto podría ser la banda apasionada por la extracomplejidad. Tal vez liderada por un virtuoso, un aprendiz de virtuoso (o varios). Su fin no es conseguir canciones fáciles de entender o con maestría simple en sus matices. El objetivo es buscar la satisfacción de la mente musical. ¿Música para músicos? Un buen guitarrista exponía esta inquietud en el foro ISP hace unos días. Podéis pasar por el foro para dejar vuestras impresiones al respecto.
Vender discos
Llevado al mundo comercial, está claro que las bandas virtuosas lo tienen mucho más difícil. Difícil tanto en cuanto el porcentaje de oyentes preparados para entender su música es mucho más reducido. La música “cotidiana” transmite de forma más directa el mensaje. Genera emociones. Emociones que son las que mueven a las masas. Los colectivos grandes, por lógica, mueven más dinero y, por tanto, elevan con mayor rapidez a este tipo de artistas.
¿Soy músico, soy compositor, o soy las dos cosas?
Cuando el artista o instrumentista tiene claro su papel, su idea y su objetivo, todo marcha bien. Sabe qué es lo que quiere y encuentra con cierta facilidad el camino de sus canciones. El problema viene cuando, teniendo el nivel suficiente para seguir subiendo peldaños técnicos, empiezas a sentir atracción por el mensaje sencillo. Cuando comienzas a pensar en que lo más difícil de todo es que el oyente (uno o miles) se emocione. Que sienta algo. Contagiar su pena, su alegría, su amor, efusividad, desconcierto... En definitiva, que la canción sea capaz de ser identificada con un sentimiento del oyente. Sentimientos... que se despierten, que lo estimulen.
Ese cruce de caminos lleva a un lugar extraño en lo que a composición o producción se refiere. Las canciones sencillas pueden cuestionarse por su creador por falta de “virtuosismo”. La canciones retóricas empiezan a molestar por su confusión barroca.
¿Dónde está el camino?
Por supuesto, el camino está en lo que a cada cual le reconforte. Hay quien para sentirse libre necesita poder elaborar sus discos al máximo, expresar sus desarrollos intelectualmente privilegiados, sin dependencia alguna del mercado. Otros lo opuesto.
Pero si quiero ser grande, ¿no debería hacer canciones complicadas? ¿Por qué cuando veo a un virtuoso se me erizan los pelos de los brazos y siento que es tan grande? ¿No estoy defraudando a mi gremio y compañeros al hacerme “perezoso” y no querer correr mucho por el mástil? La libertad creativa llega al comprender que cada cual debe hacer lo que sienta, y eso pasa también por lo sencillo, búsqueda del matiz y máxima preocupación por transmitir emociones.
¿También productor y técnico de sonido?
Con la procreación de los “home studio”, la cosa se complica aún más. El músico, que hasta ahora tenía dudas entre su cualidad de artista o instrumentista, empezó a juguetear también con la producción de sus propias canciones.
Todo se ve distinto cuando necesitas que el tema suene bien. Empiezan a sobrarte pistas, ese solo tan complicado y largo que antes parecía estupendo, ahora molesta... ¡Vaya lío! Las necesidades cambian cuando ves la canción desde este lado.
Tal vez la complicación está en querer serlo todo. Artista, buen instrumentista y productor. Probablemente son tres cosas diferentes y hay que dejarse ayudar (unos de otros). Un artista sin gran técnica necesita de buenos instrumentistas para hacer crecer su música. Y ambos necesitan al productor para empastar y dar sentido exacto a la canción. Decir esto, por no hablar de lo estrictamente necesario de los buenos técnicos de sonido. Sin duda habrá quien sepa hacer un poco todo, aunque hacerlo todo y bien es una exigencia demasiado ambiciosa.
Las conclusiones
Subrayando una vez más que este texto es una mera opinión, que puede interpretarse desde muchos puntos de vista. Mi conclusión final está en el respeto. Respeto para quien disfruta haciendo verdaderas obras maestras en cuanto a lo instrumental; y respeto para quién busca la satisfacción de sus sentidos musicales a través de otras sutilezas. ¿Quién es más músico de los dos? Ambos, aunque probablemente uno sea, ante todo, un gran instrumentista y el otro un bohemio contemporáneo. ¿Qué es lo más rico? No cerrarse en banda a ninguna de las categorías posibles y saber aprender de los demás.
Que ustedes lo compongan bien.
03/03/2009