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Visita a la fábrica de guitarras Taylor

24/04/2007

Bob Taylor es uno de esos artesanos de la guitarra que, en sus 30 años de profesión, no ha parado de investigar y desarrollar. Taylor Guitars está ubicada al sur de California (donde dice la canción que nunca llueve) en la ciudad de El Cajón, a pocos kilómetros de la cosmopolita San Diego. En un entorno con un clima privilegiado se construyen estas guitarras desde hace más de 30 años.



Cuando el producto final rezuma una calidad y carisma como lo hacen las guitarras Taylor, uno se imagina que la construcción también ha de ser algo muy especial. Y vaya si lo es, a lo largo de estas líneas iré confirmando esta suposición.



Actualmente, Taylor consta de cinco edificios con una plantilla de unas 500 personas, que trabajan por turnos las 24 horas. Toda la producción está localizada en El Cajón.



La magia de una guitarra acústica excelente comienza por la calidad del material. La madera es el centro de atención de todas las etapas del proceso y, como tal, se le concede una importancia y un mimo vitales. En secaderos especialmente acondicionados se mantienen a temperatura ambiente las exóticas maderas que se emplean. Entre las especies más habituales se encuentran el palorrosa africano, la koa, el ovankol o el ébano. Muchas de estas maderas son despachadas desde España hasta la fábrica de Taylor. La construcción de una guitarra acústica empieza con la selección de las piezas. El corte y los procesos de mecanización posteriores están completamente automatizados. No muy atrás quedaron los tiempos en los que el corte se hacía con plantillas de fresado. Incluso el control numérico de corte ha pasado a mejor vida en favor de las máquinas de corte por láser.



Todo comienza con el ensamble y corte de las tapas de la guitarra. Generalmente compuesta de dos piezas que, previamente, se ensamblan y encolan. En este punto se presta especial atención, ya que todas las piezas que se van a ensamblar tienen que casar perfectamente en sus betas. Una regruesadora de precisión asegura que el espesor de las tapas es siempre constante y homogéneo. Los surcos que rodean la boca de la guitarra, y van insertados en la marquetería, también son rebajados con láser.



La fabricación de los laterales implica el doblado de la madera a base de calor. Para tal función, Taylor ha diseñado unas máquinas donde los laterales son moldeados con calor y presión, para que tengan la curvatura exacta del tipo de cuerpo en cuestión. Unas láminas de acero flexible presionan las tiras de madera, previamente humedecidas, sobre una resistencia con la silueta de cada cuerpo. Actualmente, en la gama de guitarras acústicas, Taylor fabrica cinco tipos de cuerpos diferentes: Grand Concert, Grand Auditórium, Gran Symphony, Dreadnought y Jumbo. El proceso de encolado de las tapas y los laterales sigue siendo una labor manual. Hasta las pinzas que sujetan las tiras de madera ranurada que refuerzan el interior de los cantos están expresamente fabricadas por ellas.

En los procesos de ensamblaje y encolado se cuidan especialmente las condiciones de humedad y temperatura, para evitar tensiones en la madera.



Paralelamente al trabajo en el cuerpo de las guitarras, los mástiles se ensamblan a las palas por medio de un espigado que mantiene el ángulo de unión fuertemente fijado. En la confección de los mástiles el único trabajo que se sigue realizando manualmente es la inserción de los trastes. Los rebajos para las inserciones decorativas de nácar en el diapasón (así como el logo incrustado en la pala) también se hacen por láser, de forma que las inserciones son limpias y sin ningún tipo de holgura (otra marca de autenticidad en cualquier guitarra Taylor). Un par de artesanos lijan los cantos de los cuerpos ya ensamblados preparándolos para la fase de barnizado.



Es en este punto donde la tecnología juega un papel fundamental. Una vez barnizadas, las guitarras Taylor se someten a un proceso de exposición a rayos ultravioletas, que permiten fijar el acabado en un par de horas.



Para garantizar la homogeneidad de sonido y comportamiento de todos sus modelos, Taylor incluye un proceso francamente curioso en la preparación de los cuerpos. La cola que fija las tapas lleva un componente sensible a la luz negra, de esta forma es fácil detectar cualquier resto o mancha de cola que, a simple vista, sería imposible de ver y que podría dificultar la fijación uniforme del barniz.



Ya hemos llegado al punto en el que otra batería de artesanos pulen el barniz para conseguir un aspecto brillante y sólido. Es un proceso curioso de observar, pues los cuerpos salen completamente mates de la fase de barnizado.



Estamos listos para colocar el puente de precioso ébano, la cejuela, los clavijeros y dejar que la sección de control de calidad compruebe, una por una, todas las guitarras para asegurar su correcto comportamiento. Los modelos electroacústicos son probados con un sistema de audio de precisión.



Si todo ha ido correctamente, habremos llegado al final de una jornada con algo más de 300 unidades listas para despachar y convertir en sonido y magia los sueños de muchos músicos. Durante 30 años de constante innovación, la premisa de Bob Taylor en la fabricación de guitarras no ha cambiado: crear instrumentos de gran calidad con una historia que contar.



La Serie T5

Con la serie T5, Taylor se adentra en un mundo hasta ahora inexplorado en sus modelos: el híbrido entre acústico y eléctrico. La T5 aplica una vez más la premisa de la elegancia a la hora de plasmar el concepto. Todo empieza por un diseño de cuerpo y de aberturas del cuerpo muy particular. Es la primera guitarra Taylor en llevar una pastilla humbucker electromagnética clásica, lo que la hace sonar como una eléctrica. De la parte acústica se encargan varios sensores repartidos por el cuerpo, que tiene el espesor de una thinline. El conmutador de cinco posiciones permite una variedad sonora asombrosa. Disponible en versiones estándar y custom, así como 12 cuerdas. Algo muy diferente a todo lo que has probado antes.



La serie GS

Las innovaciones más sorprendentes son las que vienen de campos donde se supone que todo está “inventado”. El año 2006 vio una de esas innovaciones que pasarán a la historia: las Taylor GS. Las siglas GS significan Grand Symphony, una nueva silueta de guitarra acústica, acompañada de un proceso de fabricación y ensamblaje también innovadores. La serie GS existe en cuatro combinaciones de maderas exóticas: caoba/ cedro, arce/abeto, palorrosa/cedro y palorrosa/abeto. Además de la nueva y estilizada figura de las GS, destacan en ellas, como elementos comunes, la forma peculiar del puente Taylor, un canteado en blanco y una inserción nacarada multicolor rodeando la boca de todas ellas. El sonido de una GS es algo realmente especial. Cuando uno toca una guitarra acústica espera que vibre, que resuene, que el encanto de la madera provoque esa magia de sonido. Simplemente rasgando las cuerdas al aire la impresión es de que la guitarra tiene “vida”. El sonido es claro, chispeante, los armónicos se mantienen compactos y la vibración dura mucho, mucho más que en cualquier otra guitarra acústica. Para conseguir esta magia, en el proceso de fabricación se emplea una armadura con los brazos dispuestos de manera poco habitual. Para el ensamblaje y encolado de estos brazos Bob Taylor ha diseñado una maquinaria especial, con el fin de conseguir la máxima homogeneidad de sonido en todas las guitarras de esta serie.

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