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José Miguel Garzón, bajo y contrabajo en jazz, flameco y la improvisación.

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Un bajista excelente, un contrabajista extraordinario, un músico, en definitiva, entregado al arte y a la captura de nuevos sonidos y ritmos, que rompe las ataduras impuestos por la dictadura del marketing musical y se aventura a experimentar en el territorio de la improvisación. Desde la primera intuición, desde el primer contacto musical pasando por el aprendizaje hasta llegar al mundo profesional, se abre un largo camino que muchos inician, algunos continúan pero sólo concluyen, si es que alguna vez concluye, unos pocos. ¿Podrías explicarnos tu trayectoria?
Es una pregunta compleja que intentaré contestar sin extenderme demasiado. Cuando tenía diecisiete años era un gran aficionado a la música, principalmente jazz rock y rock sinfónico. Sentía una especial predilección por el bajo. En esta época conseguí hacerme con un ampli Marshall de 30W y un bajo eléctrico Fucker imitación jazz bass, que me acompañó unos cuantos años.

Comencé a tomar clases particulares y a tocar con distintos grupos de pop rock y, a los dos años aproximadamente, entré por primera vez en un estudio para grabar lo que sería el primer disco de una banda llamada "Dinero Negro".

Es en este momento, y animado por mis maestros, en donde decido estudiar el contrabajo y también donde comprendo la diferencia entre formar parte de una banda de éxito y ser un profesional de tu instrumento.

En los tres años siguientes, apoyado por mi familia y avalado por el despido de la empresa donde trabajaba reparando ordenadores (cobrando paro), comencé a estudiar en el Taller de Músicos de Madrid y en la Escuela de Música Creativa, donde recibí varias becas y pude dedicarme plenamente al estudio del instrumento durante ocho o diez horas al día.

Había descubierto un camino impresionante: el jazz y el lenguaje de la improvisación. Además, en poco tiempo estaba trabajando como freelance con muchos formaciones de la escena española, formaba parte del trío Café Corrillo de Salamanca acompañando a solistas americanos, tocaba en varias Jam Sessions de clubes de Madrid contratado y comenzaba a grabar como músico de estudio tanto con bajo eléctrico como con contrabajo.

En este punto de mi carrera decido ingresar en el Conservatorio de El Escorial para perfeccionar mi técnica de mano izquierda y arco. Fue un momento difícil debido a mi edad, mi necesidad de trabajar para mantenerme y el grado de exigencia y compromiso que demanda tanto la institución como la propia música clásica, pero conseguí titularme como Profesor en Contrabajo.

Desde aquel momento, hace ya unos años, y hasta ahora gran parte de mi filosofía hacia la música se reduce a "cuanto más aprendo más me doy cuenta de lo que me queda por aprender".

¿Qué posibilidades tienen los músicos principiantes de llegar al mundo profesional?
Diría que por supuesto que un músico principiante puede llegar al mundo profesional siempre y cuando tenga claro que está en el principio del camino y que éste es duro y largo. Recomendaría constancia, seriedad y humildad.

Hay a quien le gusta circunscribirse a estilos musicales concretos y quien, por el contrario, deja fluir el arte, fusionando sonidos y prefiere saborear las posibilidades de unos y otros. En tu carrera profesional has tocado jazz, blues, has hecho incursiones en el flamenco... ¿Cómo te definirías? ¿Crees que hay posibilidades reales de experimentar y buscar estilos nuevos dentro de la marea comercial que arrastra hoy en día el mundo de la música?
Soy tremendamente respetuoso con los músicos que se centran en un solo estilo o lenguaje, me parece que es un camino posible, aunque no el mío.

A lo largo de mi carrera siempre he tenido un pie en lo que llamaría músicas improvisadas. Auque muchos artistas, estilos y músicos me han aportado sabiduría, mi trabajo junto a cantaores y bailaores flamencos como Enrique Morente, Carmen Linares o Joaquín Cortés, ha influenciado mucho mi forma de tocar y también de sentir.

Me definiría como un músico acompañante de una amplia gama de estilos. Me siento muy bien en esta posición, aportando mi ayuda y experiencia para construir bases sólidas. Cuando estoy más implicado en un proyecto me defino como un músico forjado por el concepto de la improvisación y el lenguaje del jazz.

Creo que sí hay posibilidades de experimentación dentro de la música. Para mí es lo que hace apasionante esta profesión. Otra cosa es la falta total de apoyo por parte de las instituciones frente a otros proyectos que no siguen las tendencias del momento o de esa "marea comercial" que tú comentabas. Hay montones de trabajos interesantes de músicos españoles que no ven la luz por falta de recursos o circuitos para exponerlos, elementos indispensables para que el público tenga acceso a ellos.

Como contrabajista y bajista has trabajado en orquestas, en musicales como "Cabaret", en la grabación de discos con artistas de la talla de Pedro Ojesto, pero también has sido profesor de contrabajo del Real Conservatorio de Madrid. ¿Qué has aprendido de uno y otro mundo? ¿Qué consejos les das a tus estudiantes?
Es una pregunta interesante. Cualquier caso de los que mencionas es nutritivo. Tocar una obra de Beethoven, por ejemplo, dentro de una sección de ocho contrabajos o cualquier solo de la misma en una sinfonía, son experiencias maravillosas. Al igual que lo es grabar como acompañante y solista en trío. El pasado mes de julio formé parte del quinteto solista que grabó una obra de Pepe Nieto para quinteto de jazz y orquesta con la orquesta de RTVE. Fue realmente interesante la forma en que convivieron ambos lenguajes.

A mis alumnos intento inculcarles respeto por todas las músicas e intérpretes con corazón, independientemente de su dificultad técnica, y busco un trabajo constante que incluya un pequeño estudio de cada gran género para intentar trabajar, de forma paralela, afinación, técnica y pulso.

Uno de tus últimos trabajos ha sido con Enrique Heredia "Negri", en su disco "El último beso", un homenaje al compositor mexicano Agustín Lara. La reinterpretación flamenca de los boleros de Lara es, quizás, la línea conductora del disco. Las letras mexicanas de Lara, la voz flamenca de Negri, el piano de Pedro Ojesto, la batería de Fernando Favier y tú en el contrabajo... ¿Crees que hay espacio para una música multicultural? ¿Cuál fue tu experiencia en este proyecto?
Este disco nace principalmente del gran trabajo realizado por Pedro que, junto con Enrique, dieron forma y dirección a una idea que parecía a priori compleja. Sin embargo, cuando comenzamos a trabajar en el proyecto, todo fluyó de una manera sorprendente.

El trío de Pedro, del que soy parte integrante al igual que mi amigo Fernando Fabier, es una formación que por sí misma denota esta multiculturalidad a la que haces referencia. La sonoridad que buscamos la podéis escuchar en el último trabajo "Quiero". Está constituida básicamente por la unión de la armonía moderna y el color del flamenco con el concepto de trío de jazz en directo. Lo que hicimos fue fusionar esta fórmula con la voz de Enrique y la guitarra española, dentro de distintos palos flamencos. La grabación resultó muy divertida y excitante y creo que el resultado así lo refleja.

El bajo, el contrabajo y la tuba, son los tres instrumentos que se ocupan de los sonidos bajos en jazz, aunque ésta última se ha relegado hoy en día prácticamente a las brass bands o bandas metálicas. Volviendo al bajo y al contrabajo, ¿qué aporta cada uno de ellos al sonido jazz? ¿Son complementarios o por el contrario marcan estilos diferentes? ¿Con cuál de los dos te sientes más cómodo?
Creo que el bajo eléctrico marcó su propio camino especialmente desde la aparición de Jaco en lo que se refiere al jazz y le colocó la etiqueta de jazz-fusion. En mi opinión, desde entonces no ha parado de evolucionar y se encuentra en un momento brillante. No paro de descubrir nuevos intérpretes virtuosos que aportan a su vez nuevas técnicas del instrumento y por lo tanto, nuevas sonoridades.

En cuanto al contrabajo, aunque también aparecen intérpretes virtuosos que son realmente increíbles como Edgar Meyer o Renaud Garcia-Fons, pienso que evoluciona por un camino distinto en el cual se valora más la transmisión melódica y rítmica del instrumentista o su sonido y carácter.

Yo soy un enamorado de ambos y con cada nuevo tema que me enfrento no puedo evitar sentir que funciona con uno u otro instrumento, pero desde hace unos años me siento fundamentalmente contrabajista porque creo que es el instrumento con el que más honestamente me expreso.

Hablemos ahora del equipo. ¿Qué cualidades buscas en un contrabajo? ¿y en el bajo eléctrico? ¿Qué recomendarías a quien está tomando su primer contacto con estos instrumentos?
Hay dos aspectos importantes para mí: sonido y construcción. En el caso del eléctrico, busco un buen ensamblaje, con buenas maderas y no demasiado peso (mi espalda se queja). Si estoy ante un cinco o seis cuerdas miro mucho la tensión de las mismas, sobre todo el B grave y el C agudo y su relación con las demás cuerdas sin sonido. Una vez enchufado el bajo y con una ecualización plana del ampli, analizo la respuesta de la electrónica. Me gusta que sea drástica y versátil para trabajar el sonido desde el instrumento, no con variaciones en el amplificador. Me parece importante también que tengan fácil acceso el alma y el puente para ajustes de emergencia por cambios de temperatura y humedad.

En el caso del contrabajo, creo que es un poco más complicado porque, aunque se construyen bajo un patrón similar, existe una gran diferencia entre uno y otro. En definitiva busco un sonido noble, con buen volumen, un tiro adecuado al tamaño de mi mano, un buen montaje (éste es un punto delicado porque entra en juego la deformación del instrumento, si éste es antiguo; el ángulo del mango con respecto a la caja; etc). Me inclino por los bajos con tapas de madera abombados. Y por último, el diseño de los hombros del instrumento. Me gustan no demasiado altos para entrar cómodamente en posición de capotastro.

Para alguien que toma su primer contacto con alguno de los dos instrumentos, recomendaría calma y constancia porque, aunque al principio pueden parecer un poco desagradecidos, con el tiempo descubrirán unos instrumentos versátiles, realmente bonitos y con una función en todos los estilos de música verdaderamente especial.

¿Y los amplificadores? ¿Cuáles son tus preferencias?
Como decía antes, en general busco amplificadores que sin forzar, es decir, con respuesta plana, entregan una buena calidad y cantidad de sonido. Si esto funciona y llevan un buen previo, todo marcha a la hora de trabajar en sitios complicados de acústica.

Mis preferidos son Eden y Ampeg, para bajo eléctrico, y A.E.R y Acoustic Image, para el contrabajo, que son amplis que permiten trabajar con pickup y micrófono a la vez y ambos entregan buena potencia, claridad y punch sin perder la esencia acústica.

Respecto a tus planes presentes y futuros, ¿en qué estás trabajando ahora? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Actualmente trabajo en el musical Cabaret y estaré acompañando a Enrique Heredia y a Pedro Ojesto Trío en los festivales de jazz de Madrid y Barcelona. Nos encontramos, además, en plena gira de presentación del disco de Enrique "El ultimo beso". Por otra parte, entraré en breve al estudio para grabar con Anita Rowe, cantante de Hermanas Sister, una onda muy interesante de Acidfunk que espero podáis escuchar pronto. También en los próximos meses se estrenará, en directo en el Teatro Monumental, la obra de Pepe Nieto a la que hacía referencia antes. Por último, continúo tocando jazz como freelance por los clubes y estoy centrado en un proyecto muy personal del que no quiero hablar por el momento.

Para terminar, dejamos este espacio abierto a tus opiniones y comentarios personales, agradeciéndote tu participación y la exquisita atención prestada a ISP.
Soy yo el que os agradece sinceramente que os intereséis por mis opiniones. Espero haberos servido de ayuda tanto a vosotros como a alguno de vuestros lectores.

Muchas felicidades por el trabajo que exponéis en vuestra revista.
Un abrazo "Buen rollo y Buena música".

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