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Sigüenza, algo para recordar

28/01/2008

El festival de Jazz de Sigüenza ha vuelto a cerrar el año dejando el mismo buen sabor de boca que en ediciones anteriores.



En esta ocasión, los conciertos de los artistas que conformaban el lujoso cartel tuvieron lugar del día 6 al 8 de diciembre en la Ermita de San Roque de Sigüenza (como ya es tradición). En el primer día, cerca de 300 personas abarrotaron la platea para ver el esperado comienzo del festival, lo que supuso un gran éxito de convocatoria.



Hamid Drake y Paolo Angeli fueron los encargados de abrir las puertas. Estos dos artistas grabaron su primer álbum juntos, “Uotha”, en septiembre de 2004, durante su actuación en directo en el festival “Ai confini tra Sardegna e Jazz XIX”, que se celebra cada año en Sant’ Anna Arresi (Cerdeña). El disco fue el fiel resultado de una enérgica sesión en la que ambos maestros del folklore y la música improvisada alcanzaron un punto de máxima intensidad. En el álbum, además de tocar, ambos cantan, al igual que lo hicieron en el concierto de Sigüenza. Allí, el mismo Angeli definió muy bien (en su castellano italianizado) su trabajo: “Hacemos música improvisada, excepto en algunas partes de los temas en las que nos encontramos con armonías preparadas”. El pasado día 6, cuando empezó la música, así lo hicieron; cada uno fue desarrollando su personalidad en la línea de lo que sonaba, acompañando o destacando mientras las notas evolucionaban por sí mismas.



El viernes, segundo día de conciertos, continuó el festival y la Ermita de San Roque volvió a llenarse para ver, esta vez, al gran pianista mallorquín Agustí Fernández, que junto a John Edwards y Mark Sanders dieron una nueva lección de improvisación libre, que recogió al finalizar una cerrada ovación de los espectadores que abarrotaban el local.



Ya el sábado, clausuró el festival la actuación de Bester Quarter, actual nombre de la legendaria Cracow Klezmer Band. Se trata de un grupo de virtuosos músicos polacos de formación clásica, considerados uno de los fenómenos más apasionantes de la escena musical de vanguardia. Su sello es la interpretación de música klezmer y balcánica, la música tradicional de los judíos de Ashkenazim (Europa del Este), arreglada con un amplio abanico estilístico de formas musicales que incorporan tanto elementos de música clásica, como jazz, música de vanguardia y algunos rasgos de música contemporánea de cámara, en la que la improvisación constituye, una vez más, la base para desarrollar formas instrumentales únicas, con las que los asistentes quedaron encantados.



Sin duda otra edición del Festival de Sigüenza para recordar.

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